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ALEJANDRO NOGUEIRA
Todos ya sabemos que el próximo lunes los uruguayos afrontaremos uno de tres posibles escenarios: que Mujica gane, que Mujica quede a un galope de noviembre o que Mujica vaya a una segura derrota con Lacalle en segunda vuelta. Ni el olfato ni las encuestas nos dan hoy un panorama cierto. Lo seguro es que parecerá que nos enfrentaremos a un país partido en términos políticos, una sensación que se puede extender e intensificar un mes más. Como en toda final, los ánimos se caldean, las posiciones se radicalizan, las lenguas se sueltan, dejando machucados algunos principios y valores.
El Frente Amplio se muestra ganador disimulando inquietudes verdaderas de morir en la orilla. El Partido Nacional da por cierto un balotaje, que es una forma de ganar el domingo luego de años en que se dio por un hecho una segunda administración frentista. Igualmente los blancos no terminan de aventar los temores de una sorpresa desagradable y saben que un segundo tramo es un desafío gigantesco.
Más que los programas - que tienen sus diferencias, aunque no tantas-, lo que se mide el domingo, y, eventualmente, en un balotaje en noviembre, son dos liderazgos y dos personalidades muy distintas, lo que no puede minimizarse porque gobernar es un estilo de gobernar, con un fundamento ideológico, filosófico y ético de quien gobierna. Más allá de los resultados -datos contundentes y fáciles de entender- habrá que estar atentos a los gestos políticos, los de la noche del domingo y, especialmente, los del lunes.
En manos de Mujica y de Lacalle estará, no el tono político de las próximas semanas, que será ríspido si hay balotaje, sino el que tendrá el país desde el lunes 30 de noviembre. Serán esos gestos políticos los que darán pistas del tipo de país que sobrevendrá a estas elecciones porque sabemos que la relativa bonanza económica que hay en el horizonte de los próximos años beneficiará por igual a cualquiera de los dos y que con un mal gobierno sólo podrán estropearla un poco.
Mujica y Lacalle, el Frente Amplio y el Partido Nacional, han asumido compromisos de acuerdos políticos, de definición de políticas de Estado, realidades que son habituales en países prósperos, pero que hemos saboreado poco en Uruguay en la post dictadura porque prevaleció la tentación de trabar y "ganar" sobre la de construir.
Los números del lunes podrán mostrar equilibrios de poder que favorezcan (y obliguen) al consenso. O esos números podrán mostrar mayorías que tienten a una administración monocolor e inflexible. Aún así, un balance honesto de lo ocurrido en los últimos años nos muestra lo que no fue, lo que no se logró, lo que se sigue esperando del poder político para salir de la medianía, de que siempre nos esté faltando un vintén pal` peso.
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