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 Miércoles 21.10.2009, 05:18 hs l Montevideo, Uruguay
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Nacional


Julia Pou

"Cuando lo conocí, parecía aburrido y bailaba horrible"

Julia Pou. El "espíritu de familia" es la insignia de Lacalle

MAGDALENA CABRERA

Con 39 años de casados, cuatro nietos, dos de ellos mellizos, y luego de haber pasado por momentos felices e ingratos, María Julia Pou afirma que podría escribir un libro titulado "El pequeño Lacalle Ilustrado".

María Julia Pou y Luis Alberto Lacalle se conocieron en 1963 en la casa de unos amigos comunes. Ella asegura que no fue amor a primera vista. Todo lo contrario. "Me pareció viejísimo, aburrido y bailaba horrible", cuenta la ex primera dama, que entonces tenía 16 años, seis menos que él.

Tuvieron que pasar cuatro años para que "en un encuentro de barrio inesperado" se volvieran a cruzar y entonces retomaran la relación que terminó en noviazgo. Ella acababa de llegar del exterior, adonde había ido a estudiar, y tenía la firme intención de volver, pero fortuitamente sus planes se dieron vuelta. "Y aquí estoy". El 21 de diciembre de 1970 se casaron y al año siguiente tuvieron su primera hija, Pilar; después vinieron los dos varones, Luis Alberto y Juan José.

"LA TrIBU". Si bien asegura que los primeros años de la familia fueron "los más movidos" debido a la dictadura, también reconoce que esa época sin actividad política le valió a su esposo el haberse recibido y haber sido un "padre muy presente, enseñándole a los chicos a jugar al fútbol, a hacer asados y llevarlos como `cebollitas` a los partidos de Nacional".

Si hay algo que enorgullece a María Julia es ese "espíritu tribal" que caracteriza a su familia. Tal es así, que hasta han inventado el diccionario "Lacalle Pou - Castellano", que todos los años el jefe del hogar se encarga de reeditar, "incorporando todos los términos que acuñan los más chiquitos de la familia". La primera edición fue en homenaje a las primeras palabras de Pilar y a esta altura ya se han integrado las expresiones de los nietos más grandes, los mellizos, Violeta y Luis, que cuentan con 5 años.

"El espíritu de la familia se imprime en esas pequeñas cosas de todos los días", expresa, al tiempo que señala que en lo de los Lacalle "cuando hay uno que está mal, todos estamos mal; cuando hay uno contento, todos estamos bárbaros".

Este ánimo no se perdió con la campaña electoral, donde el traspié que sufrió el candidato en su pierna supuso para él "una mochila pesada", que entre todos lo ayudaron a sobrellevar. "Yo le decía a los chicos: "Es un ejemplo de cómo no hay que entregarse".

Del mismo modo, cuenta su esposa, "cuando hay que criticar estamos todos para hacerlo y siempre empezamos con lo mismo: "Nadie te quiere tanto como nosotros…". Con este preámbulo, el candidato ya sabe lo que se viene, pero los escucha, aunque no siempre les hace caso.

"Parte del cariño pasa por decir lo que no es agradable. Para lo demás está todo el mundo", agrega ella. Por eso, lo más importante a la hora de apoyarlo en la campaña es "mostrarle todo el tiempo el cariño incondicional sin beneficio de inventario".

Para Julia, el principal defecto de Lacalle "es la ansiedad, que a veces también puede ser una virtud. Tiene la teoría de que mañana es tarde".

Su principal virtud es "saber leer la realidad y adecuarse a los tiempos. Tiene esa percepción, que es una mezcla entre intuición e inteligencia".

LOS NIETOS. Desde que los mellizos comenzaron a hablar, María Julia y Luis Alberto pasaron a ser Tití y Tata. Y es que los nietos constituyen una "parte sustancial" de la vida de la pareja. "Es una sensación tan intransferible. Te la pueden contar, pero una vez que vivís esa maternidad o paternidad `irresponsable`, es indescriptible".

Algo similar debe de sentir el candidato nacionalista, que a decir de su esposa, es "súper cariñoso" con sus nietos y se entretiene con los diálogos que mantiene con ellos.

Hace un tiempo, los mellizos le pidieron a Tití que les enseñara a "juntar palabras" y ella, de a poquito, les fue enseñando. Un día iban por la calle intentando leer los carteles y de repente: "La - ca … ¡Lacalle!", gritaron sorprendidos al darse cuenta que estaban leyendo su apellido.

"Algo captan, aunque no sé qué dimensión le dan", indica María Julia, al tiempo que señala que lo que más les gusta de la campaña son las caravanas, "eso de muchos", según su vocabulario.

HERRERA. Más allá de todo, hay una figura familiar que ha "troquelado" al candidato nacionalista.

Se trata de su abuelo materno, Luis Alberto de Herrera, que le imprimió una fuerte impronta en todo su pensamiento.

"Si te tuviera que decir en qué lo marcó más, te diría nacionalismo, en el sentido más amplio de la palabra", explica su esposa.

"Herrera era una persona de pensamiento como de acción. Cuando la acción política está inspirada en un pensamiento propio, te moldea de forma marcada", asegura.

"Me di cuenta de lo que era Herrera el día que me casé y vi que su obra me ocupaba varios estantes de la biblioteca".

Tiempos de angustia familiar

María Julia define a Lacalle como "un hombre patriota de su tiempo, que tiene una visión de nación con prospectiva, y por eso intenta construir el país desde el futuro hacia atrás".

Acompañarlo le significó vivir momentos muy difíciles y angustiantes, como la mañana de 1973 en que las Fuerzas Armadas irrumpieron en su casa para llevarse a su marido.

"Pilar era una beba y yo estaba esperando a Luis", especifica, al tiempo que resalta que recuerda perfectamente quién fue el que se lo llevó, porque ella, en "un acto de inconsciencia", le pidió los documentos al individuo, quien se los dio y ella anotó los datos.

No obstante, señala que el episodio que los marcó a fuego tanto al matrimonio como a los tres hijos fue el de las botellas de vino envenenadas en 1978, en el que por una intuición suya, que dudó sobre el origen del líquido, el actual candidato nacionalista no lo tomó.

"Los chicos tienen un recuerdo lejano, pero para ellos constituyó una luz roja en el camino, un mojón que aún les hace ruido. Para nosotros fue un año tremendo", indica.

"Porque en la vida política tú estás dispuesto a tener adversarios, pero no enemigos al punto de que te puedan no sólo desear la muerte, sino incluso intentarlo.

Al repecto, Julia reflexiona: "Es como en estos días que aparecen macumbas en las veredas cerca de nuestra casa, y uno dice: este es un paso que en nuestro país no tiene que darse".

El País Digital

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