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Alfonso Lessa
Incertidumbre" es la palabra que mejor puede definir la situación que se vive hoy a sólo una semana de las elecciones.
Incertidumbre respecto al resultado electoral, incertidumbre en relación a la composición del futuro Parlamento, incertidumbre sobre la ecuación de poder que tendrá internamente cada uno de los sectores de los diferentes partidos y, por lo tanto, incertidumbre también respecto a lo que puede ocurrir con el próximo gobierno.
Y esa incertidumbre se acrecienta, además, porque la del próximo domingo será una elección realmente histórica. Y no es un lugar común, porque el país afronta un verdadero cruce de caminos en relación a las dos propuestas dominantes que compiten por el gobierno, con concepciones no sólo distantes, sino en muchos casos opuestas. Una elección histórica, además, porque cada uno de los partidos por sí mismos afronta desafíos muy relevantes para su propio futuro.
De acuerdo a lo que han mostrado las encuestas hasta el momento, todos los escenarios están abiertos, aunque en los últimos días se ha acrecentado la sensación de que parece muy difícil que el Frente Amplio obtenga el domingo más del 50 % de los votos emitidos, que le permitiría ganar en primera vuelta.
Y de la mano de esa hipótesis, de concretarse, también aumenta la posibilidad de que el próximo gobierno, gane quien gane, sea más débil que el actual y se vea obligado por lo tanto a negociar con los demás partidos. Esa necesidad de negociar y obligar a encarar gobiernos de coalición, es en realidad uno de los contenidos implícitos de la última reforma constitucional.
El Frente Amplio afronta el desafío de obtener un segundo período consecutivo de gobierno, algo así como lo que le ocurrió a los blancos en 1962, cuando encararon con éxito la continuidad de una administración a la que habían llegado por primera vez en el siglo XX en 1959.
El Partido Nacional es ahora el que procura impedirlo y al mismo tiempo busca colocar a su candidato, Luis Alberto Lacalle, por segunda vez en la Presidencia.
Pero los demás candidatos y partidos también afrontan retos para nada menores. El Partido Colorado, para empezar, necesita superar con cierta amplitud el pobre desempeño de las últimas elecciones, para aspirar no sólo a pesar en el próximo período, sino para asegurarse un futuro saludable. Los colorados, desde ese punto de vista, se encuentran en un límite frágil, pero las encuestas indican que Pedro Bordaberry podría superar la polarización y colocar a su partido en una etapa de recuperación.
El Partido Independiente, por su parte, está cerca de llevar a Pablo Mieres al Senado y de obtener, además, más de una banca en la Cámara Baja.
En un escenario tan competitivo como el que se presenta, si es que el Frente Amplio no gana en primera ronda ni logra mayoría parlamentaria propia el próximo domingo, las bancadas coloradas y del Partido Independiente pueden jugar un papel relevante en los próximos cinco años y un poder político, incluso desproporcionado en relación a sus votos y a sus legisladores: fuerzas minoritarias pero eventualmente capaces de actuar como árbitros a la hora de votar.
En los últimos días Mujica ha dicho que el Frente ya ganó, sea en primera o segunda vuelta. Una afirmación fuerte y riesgosa. Las nuevas encuestas nos darán una pista de lo que pueda ocurrir, aunque probablemente no existan certezas hasta que se abran las urnas. Todo puede ocurrir.
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