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Francisco Faig
En ocho días más decidimos el futuro de la República. Una campaña inusual que ha dejado a muchos compatriotas indecisos, y que seguramente procesen su obligada decisión en estos últimos días. Esta vez, la opción es más profunda y distinta de la que siempre hemos vivido los uruguayos en democracia.
No se trata de elegir solamente entre grados o matices en torno a políticas públicas diversas o sobre la combinación de capitalismo y Estado de bienestar que potencie el crecimiento del país. Es cierto: eso también está presente. Hay distintas posiciones de diferentes partidos, y dentro de ellos, énfasis también distintos, sobre educación, salud, vivienda, seguridad, etc.
Pero la encrucijada en este 2009 es de otra naturaleza. Más grave, y esencial.
Sin duda, hay una sensibilidad socialdemócrata que gustaría verse representada en el Frente Amplio. Preocupada por la igualdad, de sentir solidario, de raíz urbana y enamorada del país de las medianías. Sin duda también, esa sensibilidad debe estar presente en muchos de los compatriotas que aun no han decidido su voto. La tragedia del país es que esa sensibilidad no es representada por el candidato del principal partido de izquierda.
Mujica no es Vázquez. Para ir más lejos en el tiempo, no es Zelmar Michelini, ni es Líber Seregni. Los Tupamaros son distintos. Los uruguayos que algo conozcan de la historia del país de los últimos 50 años saben, en su convicción más íntima, que los Tupamaros a lo largo de estas décadas han demostrado ser, siempre e invariablemente, intolerantes, antiliberales, no- democráticos.
Porque la sensibilidad socialdemócrata es bien extendida en nuestro país, y la campaña electoral de estas semanas ha demostrado que Mujica es, antes que nada, el arquetipo de un integrante del movimiento tupamaro, muchos compatriotas dudan. Porque, esencialmente, Mujica no da certeza de comulgar con la democracia representativa.
Nadie sabe, a ciencia cierta, si llegado el caso, Mujica conduciría el país con la Constitución en una mano y el programa de gobierno del Frente Amplio en la otra. O si lo haría desde sus convicciones profundas expuestas en "Pepe Coloquios" y con el apoyo de su "barra tupamara", desmereciendo al resto de los sectores del Frente Amplio y contrariando las leyes del país.
Los indecisos se dan cuenta de que la presidencia de Mujica significa una ruptura con las bases republicanas y liberales del Uruguay.
En la reflexión de su íntima decisión, deben tener presente que existe un amplio abanico de partidos, Independiente, Nacional y Colorado, que sí sienten como propio el compromiso republicano y comulgan enteramente con la democracia representativa.
Por supuesto, son partidos que discrepan en medidas concretas de políticas públicas. Pero que tienen en común el convencimiento de que el Uruguay debe seguir erguido sobre su democracia liberal.
Los países destacados del mundo son democracias representativas. Ese espejo debiera de terminar de convencernos de que el mejor futuro del país necesita, siempre, del respeto del compromiso republicano.
Dios quiera que nuestros compatriotas indecisos sepan valorar la gravedad de la hora que vive el país. Y que voten en libertad, pensando en el mejor destino nacional.
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