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La transformación ocurrida en China en las últimas décadas ha cambiado el equilibrio geopolítico planetario tras convertirse en un jugador de primera línea en el plano de la economía mundial. El oscurantismo del "reinado" absoluto de Mao, con sus crueles experimentos sociales, tales como La gran Marcha o la Revolución Cultural, que convirtieron a ese sufrido país en tierra arrasada, sembrada de hambre y de muerte, ha quedado muy atrás.
O así lo parece, si se mira a la bulliciosa y ultramoderna Shanghai, se leen las cifras del fantástico crecimiento chino o se observa cómo crece el sector de gente que hoy puede darse sus gustos. Desde los años 70, cuando comenzó a abrazarse del mercado, el desarrollo económico se volvió pujante y es palpable la revolución social que se ha producido. Hoy los chinos son mucho más ricos y más libres en muchos aspectos que antes. Pueden comprarse autos, casa, encontrar trabajo por su cuenta, comer bien, etc.
Sin embargo, no es en toda la nación que ha cambiado tanto la situación de la sociedad -mayoritariamente en las zonas costeras- ni tampoco las viejas usanzas comunistas. Por más occidentalizados que parezcan sus dirigentes cuando aparecen en las reuniones de los países poderosos o cuando se les ve en la pantalla, de visita en las sedes de los organismos internacionales o en el salón oval de la Casa Blanca, aquello dista mucho de parecerse a una democracia. El Partido comunista único, sigue manteniendo en un puño, todas las coordenadas.
No muy lejos de la Plaza Tiananmen y la Casa del Partido del Pueblo, hay un edificio sin nombre que lo identifique, cuyo teléfono no figura en ningún lado, poco conocido aún dentro de China, llamado Zhongzubu, (Departamento de Organización Central) desde donde el Partido controla y mantiene un férreo dominio en todos los estamentos del poder. Es allí, de donde salen los nombramientos para el manejo de toda la Administración Pública, de las industrias, de las Fuerzas Armadas, de la prensa. Es el tercer y menos conocido pilar donde se asienta el dominio gubernamental comunista.
Un artículo del Financial Time, escrito por Richard Mc Gregor, hacía una comparación bastante aguda, para ayudar a tener una mejor visión de lo que es ese Departamento, equivalente en cierta forma, a lo que se conocía en la Unión Soviética como la nomenklatura. La lista de nombres de los miembros del partido que integraban a la clase comunista gobernante; aquellos que accedían a los puestos más codiciados en cualquiera de los vastos sectores operados por el Estado.
Para tener una mejor idea de la dimensión, hay que pensar que en Washington: dicho Departamento tendría que ver en los nombramientos de los Gobernadores de los estados americanos y sus Diputados; en las cabezas de las oficinas federales regulatorias; en los directores ejecutivos de General Electric, Exxon Mobil, Walmart y 50 compañías importantes más; los Jueces de la Suprema Corte; los editores del New York Times, The Wall Street Journal y el Washington Post; los directores de las cadenas televisivas y de cable, los presidentes de Yale, Harvard y otras grandes universidades, además de los número uno de las instituciones llamadas think tanks, como el Brookings Institution o el Heritage Foundation.
En ausencia de elecciones o ninguna competencia abierta para los puestos de gobierno, esas batallas libradas tras las bambalinas para lograr los nombramientos, son el verdadero escenario de la política en China. El Departamento es el punto neurálgico no sólo del régimen comunista, sino también el campo de batalla de reformas cruciales para la modernización del partido. El Politburo busca profesionalizar la manera de seleccionar los jefes de la Administración, aunque por otro lado continúan costumbres que mina esos intentos, favoreciendo muy a menudo a los familiares o de acuerdo a lealtades. No es inusual que los mandamás de feudos locales, dejen de lado las reglas y establezcan mercados en los cuales se compran y se venden posiciones en el Estado. Pero lo cierto es que tanto Li Peng, el anterior premier o Jiang Zemin, ex presidente del Partido, han salido de allí y el training y las pruebas que deben enfrentar producen una clase dirigente excepcionalmente capacitada, como por ejemplo el Sr. Chen, el desarrollador de Shanghai, luego a cargo de la cartera de energía en Beijing.
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