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Un compatriota en Afganistán. Milicianos volaron los vidrios de su casa Es funcionario de la ONU y trabaja para alimentar a 15 millones de personas Dice que uruguayos y afganos son "parecidos"
CARLOS TAPIA
"Volaron los vidrios de mi casa, pero fue pura mala suerte. Creo que se trató del `bautismo` en tierras afganas, pues con apenas una semana aquí atacaron el Cuartel General de la OTAN, que está a 200 metros lineales de mi residencia".
Hace 37 años Álvaro Garofali nació en el departamento de Florida, pero la tranquilidad del interior del país se esfumó de su vida hace rato. Este ex piloto de la Fuerza Aérea Uruguaya, que estuvo dos años a partir de 2001 desempeñando tareas co-mo Piloto Aviador de la MONUC, en la República Democrática del Congo, vive hoy en medio de una guerra entre talibanes y occidentales que se torna interminable. Desde 2005 es Funcionario de Naciones Unidas, y esto lo llevó hacia los lugares más recónditos y peligrosos del planeta. Además del Congo, estuvo en Costa de Marfil, Rwanda, Uganda, Tanzania, Kenia, Sudáfrica, Marruecos y Singapur, entre otros países; pero, con seguridad, su tarea más riesgosa es la que desempeña hoy, formando parte del Programa Mundial de Alimentos (PAM) y de los Servicios Aéreos Humanitarios de Naciones Unidas (UNHAS) en Afganistán.
"No fue grato despertar entre los vidrios y el estruendo", relata Garofali sobre el ataque que sufrió su casa a mediados de agosto, mismo mes en que arribó en Kabul. "El polvo de la explosión hizo que no supiera dónde estaba. Es todo peor estando acostado, pues uno no reacciona de inmediato… de allí al refugio donde fueron llegando los demás colegas hasta recibir noticias por radio de lo que sucedía".
Pese a la "aventura" que supone participar de la guerra más cruenta que se libra en estos momentos en el mundo, Garofali desmitifica lo fantástico y considera su vida "rutinaria". Ante la pregunta de ¿cómo es un día típico suyo en Afganistán?, contesta: "Muchas reuniones de coordinación con colegas de finanzas, compras logísticas, reclutamiento de personal local especializado, consejo de seguridad de vuelo, reuniones con las tripulaciones aéreas, vuelos de inspección… mucho trabajo, trabajo y más trabajo". Es que las misiones de ONU dejan poco tiempo para pensar en otra cosa que no sea trabajar. Garofali asegura que su jornada tipo se extiende desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada. Y la vida familiar no existe.
"Afganistán es una de las misiones de Naciones Unidas donde está prohibido estar con la familia", cuenta el uruguayo. Ver a su pareja se le hace imposible, a no ser por una pantalla de computadora. Ella también trabaja en una misión de ONU. Pero Garofali no está solo: "rescaté un perro de las calles de Kabul que muchas veces hace de `absorbe afectos`". Y esta no es la única mascota que tiene; sus sobrinos en Uruguay le cuidan un labrador nacido en África y sus padres un pastor alemán de 14 años. "Desgraciadamente él ya está por abandonar esta dura vida", se lamenta.
La rutina de la que casi se queja Garofali es imprescindible para sobrevivir en medio del conflicto afgano. Él y sus compañeros deben moverse en coches blindados, conducidos por choferes especializados, y mantener una específica agenda inamovible. La radio y el celular deben estar encendidos las 24 horas. Ellos tienen que ser ubicables siempre. Sus oficinas y alojamientos cuentan con búnker y otras medidas de seguridad para emergencias más inmediatas. "Hay que adaptarse a los tiempos estrictos, a no poder hacer lo que uno quiera o ir a donde le gustaría", se resigna el uruguayo. También tuvo que acostumbrarse al ruido de las continuas explosiones. Es que la situación de seguridad empeoró. "Solo en Kabul tuvimos cuatro atentados con coches bomba en poco más de un mes", señala. Y el peligro está muy cerca de Garofali. "Hace apenas una semana nuestras oficinas en Pakistán fueron vilmente atacas por un hombre-bomba. Varios colegas fallecieron y otros aún permanecen internados en Dubai, Ginebra e Islamabad. Esta última acción nos hizo sentir más vulnerables, pues muchos pensábamos no ser un objetivo directo".
Sin embargo el uruguayo asegura no sentir miedo. "Quizá sea un inconsciente -manifiesta- o creé cierta defensa psicológica, pero la verdad muchas veces me sentí más inseguro en mi propio país".
Pam y paz. El Programa Mundial de Alimentos (PAM), donde trabaja Garofali, es la agencia especializada de ONU que "distribuye alimentos para apoyar proyectos de desarrollo, refugiados de larga duración y personas desplazadas". También se encarga de distribuir alimentos de emergencia en caso de catástrofes naturales. Su sede está en Roma. Tan solo en Afganistán el PAM provee de sustento a casi 15 millones de personas. "No somos muchos los que llevamos esta tarea adelante", señala el compatriota. Solo 52 funcionarios internacionales y 800 nacionales son los que realizan el trabajo. UNHAS forma parte del PAM al proporcionarle el soporte aéreo a la comunidad humanitaria. El trabajo de Garofali, como Oficial de Transporte Aéreo, consiste en gerenciar el soporte logístico de las operaciones y controlar los programas de Seguridad de Vuelo.
Pese al azote de una guerra para la cual no se divisa final, el compatriota rescata una parte de Afganistán que es invisible a los ojos del mundo. "La gente aquí es sumamente agradable. Los uruguayos, al estar tan lejos, tienden a generalizar y a hacerse ideas equivocadas de los pueblos. Con sus costumbres tan distintas a las nuestras, los afganos tienen una vida muy parecida a la gente del interior. Trabajan la tierra y se dedican a sus familias".
Como última pregunta es de orden cuestionar al entrevistado si tiene algo que agregar. Allí es cuando Garofali confiesa: "No hay día que despierte sin pensar en mi querido Uruguay. Esté aquí o en la mejor isla de Tailandia es algo que, afortunadamente, no puedo evitar".
Kabul | La Comisión Electoral de Quejas (CEQ) de Afganistán, el organismo de control avalado por ONU, vivía ayer un frenesí de reuniones y negociaciones en vísperas de anunciar el resultado oficial de las presidenciales. Una segunda vuelta "es muy posible", apuntó el embajador afgano en Estados Unidos y hombre de confianza del presidente Hamid Karzai.
En Washington se filtró a la prensa que, descartados los votos fraudulentos, Karzai bajó del 54,6% de los sufragios anunciados provisionalmente hasta el 47%, por debajo del umbral del 50% necesario para la reelección automática. Afganistán no termina de encontrar una vía de salida y las señales llegadas ayer desde Kabul eran de un duro pulso entre las partes implicadas. Fuentes de la capital daban cuenta de intensas negociaciones y reuniones a la espera de un anuncio de resultados que puede producirse hoy.
The Washington Post anunció que Karzai se quedará en el 47% de los sufragios, tres puntos por debajo de lo necesario para evitar una segunda vuelta. Un portavoz presidencial salió al paso de esas especulaciones: "No vemos que vayamos a ir a una segunda vuelta".
El segundo candidato y eventual rival de Karzai en tal consulta, Abdullah Abdullah, se sumó a la confusión. Si el día anterior dejó entender que podría entrar en un Gobierno con Karzai, lo que supondría que renuncia a la carrera presidencial, ayer abogó por ir de nuevo a las urnas. "Es lo que prefiero", declaró.
En tanto, el embajador afgano Said Tayeb Jawad consideró en Washington como "algo muy posible" la celebración de una nueva ronda electoral. El País de Madrid
Kabul Cuatro soldados estadounidenses murieron en un ataque dinamitero en el sur de Afganistán, dijeron ayer los militares norteamericanos. Dos de los soldados murieron instantáneamente por una explosión el jueves y otros dos ayer a causa de sus heridas, dijo el ejército de Estados Unidos. Con éstos suman 25 los soldados estadounidenses muertos en Afganistán.
Por otra parte, cuatro afganos, incluyendo al menos dos civiles, murieron en un tiroteo ayer entre milicianos y una fuerza afgana e internacional en la provincia de Ghazni. La coalición encabezada por la OTAN dijo que dos milicianos dispararon desde un edificio de dos pisos y que los soldados contestaron el fuego y mataron a a un par de ellos. AP
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