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Planes. Será en la sede de la institución, en Uruguay 826, con entrada libre
CARLOS REYES
Un nuevo museo tendrá Montevideo. Será llevado adelante por la Asociación Nacional de Rematadores y albergará objetos y documentos relacionados con la actividad, cuyos orígenes en Uruguay se remontan a dos siglos atrás.
"La Asociación se lo debía a sus asociados y a todo el país desde hace años, y aprovechando que el año que viene cumplimos 75 años, quisimos echar a andar este emprendimiento que permita tomar conciencia de cómo los martilleros forjaron la ciudad toda, barrio a barrio, además de toda la actividad en el Interior", señala Eduardo Jaureguiberry, vicepresidente de la Asociación.
Afiches, martillos, boletas, volantes, fotografías, banderas de remate y almanaques son algunos de los elementos que integrarán el museo: para eso ya se ha abierto un llamado a donaciones, en busca de papeles y objetos que, más que su valor material, tienen gran interés histórico.
"Hay mucho material. Antes se remataban esclavos, barcas, hasta el pescado se llegó a rematar. Va a ser una cosa sumamente didáctica para el Uruguay entero, porque no existe hasta hoy nada similar", afirma Carlos Besún, que fue designado director del naciente museo.
Según los organizadores, ya están recibiendo materiales, y apuestan también al Interior para aumentar el acervo, aunque reconocen que la tarea es "difícil, complicada y lleva tiempo". Los trámites de habilitación se realizan ante el Ministerio de Educación y Cultura, y se baraja la idea de abrirlo oficialmente el 12 de agosto próximo, cuando la Asociación cumpla 75 años. No obstante el museo podría abrir antes, a medida que se vaya conformando.
Una película (basada en los afiches y en los relatos de los más memoriosos del gremio), y un libro, escrito por Jaureguiberry, redondearán este empeño por rescatar esta historia poco conocida, que abarca también infinidad de edificios patrimoniales. "Todas las casas importantes han pasado por el remate, hasta el edificio donde hoy está la Corte de Justicia. Desde Malvín al Prado, todo Montevideo pasó bajo el martillo", señalan.
La Asociación cuenta con varios salones en su sede de Uruguay 826, aunque todavía no está planificado cómo va a ser estructurado el museo, que ya ha recibido como donación algunas vitrinas para exponer las piezas. "Queremos que toda la institución sea un gran museo, para que se vea que el remate es y ha sido una actividad beneficiosa para la sociedad", agrega Mario Molina, secretario general de la asociación.
Mario Stefanoli, presidente de la Asociación, explica que la realización del museo "no demandará demasiado dinero, puesto que la Asociación ya tiene la infraestructura".
El museo recorrerá los distintos períodos en la historia de las casas de remate uruguayas, invitando a recordar los días en que Carrasco o Pocitos se vendían por lotes. "Se remataba en el lugar, los sábados o domingos. Se tiraban cohetes para llamar la atención, había un pregonero que describía el bien, y luego entraba en acción el rematador. Era una fiesta", cuenta Besún.
"Los rematadores -toma la palabra Jaureguiberry- para lograr la afluencia de público buscaban atractivos, como facilitar la locomoción y la comida. Hasta carreras de embolsados había. Era un paseo de todo el día. El martillero también recuerda cuando 40 años atrás, algunos grandes salones de remate de Montevideo todavía eran conspicuos lugares de reunión, donde las señoras iban a lucir sus galas. "Era un acontecimiento social", dice, indicando que en las últimas tres décadas, la cantidad de casas de remate se fue achicando. A medida que la venta en cuotas se fue generalizando, los remates de barrio fueron cerrando.
"La tecnología nos ha dado un golpe duro, especialmente ahora con Internet: los vendedores colocan los bienes directamente. Eso ha castigado a las casas chicas, no a las tradicionales que ya tienen su prestigio", comenta Molina. Sin embargo en las capitales del Interior se mantienen los remates de galpón, los sábados de tarde o domingos de mañana.
Es que mantener un local de remate demanda avisos en la prensa, salones bien ubicados y amplios, y mucho personal. Las casas chicas tienen un mínimo de tres empleados, mientras las grandes pueden llegar a tener 50. "Se maneja mucha mano de obra por la dinámica misma del remate, además del seguro, impuestos, luz, etc.", coinciden los cuatro.
Además muchos bienes han bajado de valor: los productos chinos han invadido el mercado y casi todo es descartable. "Una máquina de escribir no se paga ni 50 pesos. Un juego de porcelana de 120 piezas se pagó 300 dólares: es que necesita adecuarlo en un comedor importante, y si se rompe una taza, el juego pierde valor. Además, han cambiado los gustos de la gente", dicen en grupo.
Consultados sobre si la creación del museo les significará una rebaja tributaria, Stefanoli dice: "No lo sabemos pero no es el objetivo con el que lo creamos: si tenemos algún tipo de exoneración, bienvenida sea".
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