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SEBASTIÁN DA SILVA
En 10 días se inicia la ultima etapa; el próximo 26 de octubre los uruguayos tendremos sobre la mesa pocas interrogantes. Sabremos la composición del Parlamento, encargado de gastar, restringir, legislar y controlar en los próximos 5 años. Sabremos quién es quién, la fortaleza de cada partido, el margen de maniobra de cada partido y sobre qué sectores recaerán los resortes más poderosos del manejo de la cosa pública.
Cuando los diarios coloquen la nueva composición parlamentaria ya podremos augurar, parte de la nueva era de nuestro Uruguay. Veremos las nuevas mayorías internas y su incidencia en el futuro inmediato, el surgimiento de nuevos liderazgos departamentales y nacionales, a la vez que varios van a tener que volver a las ocho horas para ganarse el pan como cualquier uruguayo bien nacido.
Es el momento en que la democracia se manifiesta, premia, castiga, afila y sucumbe, es el momento en donde nada queda librado a las interpretaciones, en donde todas las teorías se rinden ante la ley de la voz del pueblo.
Todo indica que surgirá un nuevo Frente Amplio, con mayorías hegemónicas de la "barra" que Mujica construyó, una profunda renovación en las bancas coloradas, el estreno del Partido Independiente en la Cámara Alta y una simétrica composición parlamentaria entre los sectores wilsonistas y herreristas en el Partido Nacional.
En este escenario, vendrán sólo dos nuevas polémicas. La primera, la veracidad de las empresas encuestadoras, su metodología, la forma que tienen de acomodar el cuerpo y la objetividad de las mismas. No tenemos ninguna duda que la mayoría van a equivocarse, y que al igual que las ultimas dos elecciones van a encontrar un millón de excusas para desdecir el favoritismo que sus pronósticos le dieron al Frente Amplio. Con la única diferencia que en esta campaña, le surgió al oligopolio "tradicional" de empresas de opinión pública una voz llamada MPC que será la encargada de poner las cosas en su lugar.
La segunda polémica es más profunda, y recae en la única gran incógnita que tendremos ese lunes 26: quién será el próximo Presidente de la República, quién en el nuevo contexto tendrá más capacidad de capitanear los destinos nacionales, quién será el portador de nuevos acuerdos, quién representará con mayor claridad la opinión diversa de uruguayos que no piensan igual y quién podrá por amor o por espanto ser el depositario de ese préstamo de confianza.
Es tan poco ambigua la elección que estará en juego un plebiscito sobre dos modelos, que no abarcarán partidarismos, que encontrará, reitero por amor o por espanto, a los que quieren el Uruguay que Mujica pregonó hasta que lo intervinieron y lo censuraron, o el país que incluya toda la más amplia gama de visiones, perspectivas y realidades.
Como militante confeso del Partido Nacional, no dudo que nuestra fórmula estará a la altura de las circunstancias y antecedentes y se matará por incluir lo mejor del acervo político, cultural e intelectual para construir, mejorar, cambiar, optimizar y enaltecer la calidad de vida de nuestros compatriotas.
El Partido Nacional no festeja victorias; en más de 170 años ha celebrado entrega, pasión, y lucha de ideas. El 25 de noche festejaremos poder tener la posibilidad de demostrarlo.
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