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JORGE ABBONDANZA
La vejez es un naufragio" dijo un diputado francés cuando se enteró de la novedad literaria de los últimos días. Aludía a "La princesse et le président" que Valéry Giscard d`Estaing acaba de publicar a los 83 años. Se trata de la segunda novela escrita por ese ex-presidente de la República y su modalidad consiste en disfrazar los nombres verdaderos de sus personajes para contar el idilio entre un imaginario jefe de Estado francés en la década del 80 (Jacques-Henri Lambertye) y una aristócrata inglesa (Patricia, princesa de Cardiff) que se conocen durante un banquete de la cumbre del G7 en el palacio de Buckingham. En realidad, esos protagonistas son Diana Spencer, princesa de Gales, y el propio Giscard d`Estaing, que ya no era presidente cuando se sentó junto a Lady Di en una función de gala celebrada en el teatro del castillo de Versailles en 1995.
El personaje ficticio, Lambertye, es viudo según el libro, pero en cambio la mujer de Giscard está viva y era bastante arrogante cuando la entrevistaban en la época en que su marido estaba en el poder. Sería bueno saber qué opina ahora sobre el desplante de romanticismo senil de ese cónyuge, amparado en el hecho de que Lady Di está muerta desde hace doce años, lo cual de paso puede ayudar a que la novela se venda como el pan.
En estos días también ha naufragado parte de la imagen oficial de la reina madre de Inglaterra, que murió ya centenaria hace siete años y es el tema de un fornido tomo biográfico de más de mil páginas, titulado "Queen Elizabeth, the Queen Mother" y escrito por William Shawcross, que fue presentado públicamente hace dos semanas. Allí se delatan algunas de las debilidades de la señora, su gusto por la bebida (mayormente vino o gin) y su afición a las carreras de caballos. La vieja dama, que fue reina consorte junto a Jorge VI entre 1936 y 1952, era también una heredera millonaria en cuyo patrimonio personal figuraba el enorme castillo escocés de Glamis, donde Shakespeare ubicó la mejor de sus tragedias ("Macbeth") y donde tres siglos después nació la princesa Margaret Rose, hermana menor y ya difunta de Isabel II.
Pero a pesar de esos caudales, la reina madre gastaba más de lo que recibía, perdió una fortuna en las carreras de Ascot y tenía deudas por millones de libras esterlinas cuando pasó a mejor vida. Por otros conceptos fue sin embargo una soberana casi heroica bajo los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial, cuando en plena Batalla de Inglaterra se negó a abandonar Londres, le hizo frente a los planes de Churchill para la evacuación de la realeza y permaneció en la ciudad al lado del rey y de sus hijas. Los caballos y las copas no pueden ahora apagar ese prestigio.
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