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Estreno. Va viernes y sábados a medianoche en el Circular
CARLOS REYES
La fórmula parece infalible: un clásico criollo en teatro de títeres para adultos. Pero más allá de las fórmulas, este nuevo trabajo de la compañía de animación Ovidio Titers Band ofrece muchas otras puntas, tanto en técnicas como en sentidos.
Hoy a las 23.30 horas en la Sala Uno del Teatro Circular (que será utilizada de modo semicircular) se estrena Juan Moreira, que dirige Ovidio Fernández, a partir de una versión propia que mezcla la pieza teatral que inmortalizó la compañía Podestá hacia 1890, con el folletín de Eduardo Gutiérrez que la inspiró.
"De la novela tomé la épica, lo dramático, aprovechando los climas y detalles emotivos. La obra de Podestá es más funcional a la historia, porque además ellos la armaron para circo, e improvisaban a partir de ahí. Gutiérrez tiene más color, y de su texto tomamos tanto elementos para el guión, como detalles para el montaje", comenta a El País el director.
El artista, un verdadero creador en la materia, explica que luego el texto tuvo que ser adaptado para los títeres, que tienen un gran poder de síntesis y mucha fuerza visual. La mezcla de técnicas, observa Ovidio Fernández, no obedece a ofrecer un mero catálogo.
"Hay escenas más sensuales y otras más violentas o directas. En las peleas utilizamos títeres grandes, que permitan detenerse en los detalles, como los rostros naturalistas. En otras, como en la fiesta, usamos muñecos menos articulados, volcándonos más a la broma. También la luz negra tiene un sentido, puesto que da una cuestión espacial, que hace que la escena sea como más amplia".
En concreto, el espectáculo dura una hora y tiene unos 30 muñecos, que fueron realizados por Luis Infanttozzi y Maru Fernández. Entre las técnicas está el uso del látex, que permite un aporte original. "El uso del látex no es novedoso, sólo que acá lo trabajamos con la intención de modelar con precisión los rostros y las manos, que en las personas del campo tienen gran expresividad, así como también los potentes antebrazos".
El director destaca entre sus colaboradores el trabajo de la vestuarista Mariana Dosil, que justamente hizo su tesis de grado sobre este tema. En ese rubro hay elementos fuera de lo común, como una camisa que se transforma en retablo, o un titiritero que tiene dos personajes, según desde dónde se lo mire. También la música (de Pancho Rey, de Asamblea Ordinaria) aporta lo suyo, con milongas y polcas que desembocan en una música incidental medio milonguera.
Siete escenas, y algunas medias escenas, son compaginadas por medio de un lenguaje que se emparenta con el radioteatro, puesto que Juan Moreira también emocionó a las generaciones pasadas a través de los aparatos de radio. Para esta versión, que contó con la investigación de Juanito González Urtiaga, se sumaron voces reconocibles, como las de Jorge Bolani y Tabaré Rivero.
Alternando el drama y el humor, se pasará por distintos climas, del circo a la pulpería, de los muñecos tocando y payando en vivo, hasta las peleas a facón, donde colaboró Javier Massa, quien estudió las coreografías con cuchillo. Por momentos el asunto se precipita hacia el video juego, y Moreira se hace el superhéroe. También se juega con los modismos del paisano, aunque sin llegar a tomarle el pelo al gauchaje, según explica el creador de la obra.
Sin embargo, el director aclara que los ámbitos donde transcurren las acciones pocas veces serán materializados, ya que en general es a partir de los propios personajes que se arman los entornos. Y agrega: "Los títeres no son tan previsibles como los actores. Vos sabés como se va a mover el actor en escena. Pero los títeres, hasta que no tenés la escena terminada no podés saber. Incluso a veces tenés que modificar el guión porque lo que querías hacer no rindió".
En el terreno de las ideas, Ovidio subraya la soledad del protagonista, y también su sentido trágico y aventurero, aunque rescata un perfil en particular: "Lo que nos movió a contar esta historia fue resaltar el valor personal de aquella gente que se jugaba hasta el final. No es que yo crea que la vida hay que vivirla así, no estamos defendiendo el facón y la violencia, pero vivimos en un mundo en el que todo estamos siempre como tratando de cubrirnos un poquito, sin ir con nuestras ideas hasta las últimas consecuencias".
i Dónde. Teatro Circular.
Cuándo. Viernes y sábados a las 23.45 horas, hasta mediados de noviembre.
Entradas. $ 120.
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