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El gobierno que nos gobierna hizo posible que todos los escolares del país tuvieran acceso a una computadora. Y eso, que costó muchísimo dinero de todos los contribuyentes, no está bien. Eso está muy bien. Porque esos niños han nacido en un mundo en el que quien no sabe manejar una computadora es un analfabeto, aunque sepa leer y escribir.
Lo que parece no haber entendido el progresismo es que el acceso a una computadora es condición necesaria, aunque no suficiente, para que un niño se transforme un día en un hombre de provecho. Porque para lo segundo hace falta algo que las computadoras no proporcionan. Hacen falta valores.
Los valores no se reciben por correo electrónico. No se bajan por Internet. Pasan de padres a hijos, y de abuelos a nietos, en forma casi imperceptible. Se transmiten con el ejemplo cotidiano. Con una palabra de apoyo, pero también con una penitencia a tiempo. Con límites. Con la honestidad como proceder. Porque ellos, los niños, están mirando. Se están mirando en sus mayores.
Por eso no basta con dar una computadora a cada niño para hacer "la revolución" con el que el presidente de la República se ha llenado la boca, en los últimos días, en su larguísimo y auto impuesto exilio en los Estados Unidos.
¿Qué valores está recibiendo un niño al que sus padres mandan a pedir limosna en un semáforo, hasta la medianoche, descalzos y en medio del frío, la lluvia y el tránsito? ¿Qué se ha hecho para poner a ese niño a salvo de los peligros de la calle y de la paliza que le espera en casa si trae dos monedas de menos para el vino de su padre o los cigarrillos de su madre? ¿De qué modo cree el progresismo que a ese niño una computadora le puede salvar la vida?
¿Qué valores se transmiten a un niño que ve que a sus padres los mantiene el resto de la sociedad con un subsidio por no hacer nada, sin reclamarle una contrapartida por ese esfuerzo que todos los demás uruguayos hacen por ellos? ¿Esos niños, el día de mañana, entenderán que deben ganarse el pan con el sudor de su frente? ¿No les estaremos inculcando el valor de sentarse a esperar todo de los demás, sin dar nada de sí?
¿Qué valores recibirán esos niños cuando ven que los que trabajan viven con miedo, y cuentan el peso para llegar a fin de mes, mientras los que delinquen y se apropian de lo ajeno se dan todos los gustos y ya no le temen a una autoridad que, por cierto, no se ejerce? ¿Qué querrán ser cuando sean grandes?
Una computadora por niño está muy bien. Pero antes que nada es imperioso que cada niño pueda tener acceso a una familia. Porque es desde la familia donde el niño recibe, o no, los valores que marcarán su vida.
¿Y qué valores se está inculcando hoy a los niños? Que el Uruguay está dividido entre "ellos" y "nosotros". Entre Carrasco y La Teja. Entre los que tienen algo, que "vaya a saber uno cómo lo alcanzaron", y los que tienen nada o tienen poco, y a los que en lugar de integrarlos a través del trabajo hay que mantenerlos sin pedirles nada a cambio, cuando lo que falta en este país son brazos y hombros para salir adelante.
Es que la verdadera revolución que el Uruguay necesita no se construirá sólo con computadoras. Se sustentará en valores, o no será.
Se necesita un gobierno que lidere esa revolución. Que comience a devolvernos el país que fuimos, y que nos olvidamos de ser. Un país de gente honesta, trabajadora y educada, respetuosa y tolerante. Un país de trabajo, donde para ganar dos votos no se proclame que el ideal de la sociedad es trabajar dos horas por día y sentarse a tomar vino el resto de la jornada.
Para eso hace falta más que una computadora. Se precisa liderazgo sustentado en valores firmes. Y ejercido por hombres a los que seguir, en la esperanza de ser mejores cada día.
Hombres en los que nos gustaría que nuestros hijos se miraran. Que de eso se trata.
elpepepregunton@gmail.com
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