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Gesto. Micheletti decidió recibir a la OEA y anunció que levantará estado de sitio
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
El presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, cambio de opinión, decidió aceptar la visita de la OEA y anuncio que levantará el estado de sitio. Se habla del envió de misiones militares de paz. Igual la situación es aún caótica.
En las próximas horas viajaría una misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) para abrir el diálogo que encamine la crisis política hondureña a la restitución del presidente Manuel "Mel" Zelaya y efectivice el llamado a elecciones presidenciales antes de fin de año.
Hasta ayer las dos salidas que estaban sobre la mesa no parecían conformar a las partes. Sólo un punto en común surgía de las ideas lanzadas en las últimas horas. Una nacida del secretario de la OEA, José Insulza, de promover ante el Consejo de ONU el envió de una misión de paz, y otra de un grupo que se define como de influyentes empresarios hondureños que incluye en su fórmula el envío de una "fuerza militar multinacional".
La primera sería una representación de efectivos de Naciones Unidos, la segunda, integrada por 3.000 militares de Colombia, Canadá y Panamá.
En tanto, el Consejo Permanente de OEA, que a lo largo del lunes pasado no alcanzó una fórmula de consenso, exhibió claras divisiones.
Se observó lo que se podría denominar "línea dura", integrada por Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, que exigían una severa declaración y "tildaban" de "muy tibio" el proyecto redactado en términos idénticos a las exigencias repetidas a lo largo de los últimos tres meses: retorno de Zelaya al poder, garantías constitucionales para el llamado a elecciones y para la sede diplomática de Brasil en Tegucigalpa, donde se aloja Zelaya.
Otro grupo, encabezado por Estados Unidos, al que acompañaban Perú, Bahamas, México y Canadá, "objetó las amenazas contra la embajada de Brasil en Tegucigalpa, la clausura de medios de difusión y mantuvo su criterio de la restitución de Zelaya y la convocatoria a elecciones", pero estimó "irresponsable el retorno de Zelaya sin haber logrado antes el reestablecimiento democrático". Enfatizando que "debía dejar de actuar como estrella del cine".
A su vez el presidente golpista Micheletti, luego de decretar el "estado de sitio" por 45 días y clausurar medios de difusión afines a Zelaya, entibió su posición el lunes. Anunció que estaba dispuesto a dejar sin efecto las medidas que limitaban las libertades y permitir el ingreso de una delegación de la OEA, rechazada el domingo.
Por cierto, un panorama nada claro. Hoy ocupan el primer plano, primero, la posición internacional (ONU, OEA y Europa) que exige la restitución de Zelaya a la presidencia, sin condicionamientos, y luego el llamado a elecciones. Segundo, los golpistas aceptan sentarse en torno a una mesa con mediadores para conversar sobre la convocatoria a elecciones, pero se niegan a considerar el retorno de Zelaya, quien, sostienen, debe presentarse ante la Justicia de Honduras. La tercera y reciente iniciativa de los empresarios incluye el retorno del presidente, con facultades restringidas y el compromiso de someterse, al dejar el cargo, a los Tribunales de Justicia. A su vez proponen que Micheletti vuelva al Congreso.
Y dentro de este complicado cuadro hay coincidencia general en el sentido de que ninguno de los dos protagonistas en la crisis de Honduras capta simpatías internas. Ni aun "Mel" Zelaya despierta pasiones en la población, "expulsado" de la presidencia de madrugada, con el pijama como toda vestimenta, bajo la amenaza de las bayonetas militares. Hay sí grupos, nunca numerosos, que salen en manifestaciones a las calles, impulsados más por el rechazo a la violación de la Constitución y los atropellos del gobierno golpista, que por adhesión a Zelaya.
Y menos aceptación goza en la gente el mandatario usurpador, Roberto Micheletti, brazo ejecutor de las medidas restrictivas de las libertades y de los derechos humanos y miembro principal de la "claque" de civiles, militares, congresistas y miembros de la Alta Corte de Justicia, que rechaza a "cal y canto" los firmes planteos de retorno a la institucionalidad que llegan unánimemente del mundo exterior.
Pero Zelaya y Micheletti, hoy enemigos irreconciliables, mantenían una amistad desde hacer 30 años, compartían los mismos círculos sociales, fuertes empresarios, activos militantes del partido liberal, de tendencia conservadora. Cuando Zelaya, presidente, se volcó hacia la izquierda, tras Hugo Chávez, Evo Morales, Correa y Ortega y comenzó a tejer elogios a Fidel Castro, la vinculación no se enfrió; la ruptura de las dos figuras nació cuando Zelaya inició su campaña para promover la "cuarta urna", la apertura a su reelección presidencial. Micheletti era ostensible aspirante a la candidatura. Allí se convirtió la vieja amistad, en intenso odio. Y la que sufre en ese cruce político-militar es la población hondureña.
Tegucigalpa | El régimen de facto de Honduras volvió ayer a impedir una marcha de opositores, que desde hace tres meses desfilan diariamente para mostrar su repudio al golpe de Estado del 28 de junio pasado y exigir la reinstalación del depuesto presidente Manuel Zelaya.
Unos 2.000 activistas de la denominada Resistencia Nacional se congregaron frente a las instalaciones de la Universidad Pedagógica en Tegucigalpa con la intención de marchar hacia el centro de la ciudad, pero los policías antimotines les impidieron avanzar, tal como ocurrió el lunes.
Los manifestantes no insistieron en sus propósitos para evitar choques con la Policía y mantuvieron la concentración frente al centro educativo durante unas tres horas, escuchando los discursos de sus dirigentes.
Por su parte, el presidente depuesto llamó ayer a protestar contra cierre de dos medios opositores -Radio Globo y Canal 36- por parte del régimen. "Llamo a la resistencia a la calle para que exijan que se devuelva a los medios clausurados" para que puedan volver al aire, dijo Zelaya en una conferencia de prensa que concedió dentro de la embajada brasileña, donde permanece refugiado. AP Y AFP
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