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 Viernes 25.09.2009, 01:15 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Amores que matan

Le asiste razón a Larrañaga, al preguntarse si realmente a Mujica le interesará ser Presidente de la República. Volvamos otra vez a acudir a una dosis de lo que nunca debemos perder, que es la memoria, y recordemos cómo se fue gestando su candidatura.

Mujica desde un principio apoyaba el inconstitucional intento de reelegir a Tabaré Vázquez "a lo Pacheco" que quién sabe si hoy la Corte Electoral hubiera autorizado teniendo en cuenta que su actual Presidente, en 1971 era su Asesor Letrado, y opinaba que el proyecto chocaba con la Carta Magna.

En aquel entonces, se aprobó ajustadamente, por la diferencia de un voto. Es que además, en esta oportunidad existen normas, también de rango constitucional, que imponen elecciones primarias para habilitar las candidaturas de los partidos políticos. Pero al margen de ello, muchos se entusiasmaron con esta idea, entre los cuales Mujica fue de los que más empujaron con el argumento que iba a solucionar un gran problema dentro de la coalición de gobierno. Y no se equivocó.

Vázquez en más de una oportunidad anunció que no aceptaría. En su lugar, a cara descubierta, quiso hacer valer su influencia proponiendo a Astori como candidato. Fue entonces que entre tupamaros, comunistas y otros parientes que no compartieron jamás la política económica del gobierno, levantaron la candidatura de Mujica y lo pusieron literalmente contra la pared. Al tiempo que se insinuó que Mujica no tenía escape, el intento reeleccionista tomó cuerpo, impulsado por el hermano del Presidente y algunos Ministros. El asunto se complicó más cuando comenzó una recolección de firmas que implicó gastos que nunca se supo quién asumió para llevar adelante la reforma constitucional y el Presidente dejó hacer. Cebado en su propia vanidad, Vázquez publicitó que sobre el tema emitiría un meditado "pps" -profundo y prolongado silencio- lo que abrió espacio a pensar que podría haber cambiado de opinión. Así lo entendieron los tupamaros -fue cuando con pujos de lucidez Fernández Huidobro habló del "perro homosexual", expresión que algún día esperamos poder descifrar- y fue también cuando Mujica, decepcionado, lagrimeó ante cámaras. No se sintió correspondido. Fue tal la conmoción dentro del Frente, que Vázquez tuvo que recurrir a un vocero para transmitir tranquilidad en cuanto a que no habría de postularse, no obstante lo cual la campaña de recolección de firmas siguió y con ella, continuaron generándose los gastos que no se sabe quién terminó absorbiendo.

De allí en adelante, mientras Vázquez clamaba por la fórmula Astori-Mujica, y Mujica crecía a pasos agigantados, Astori y su asesor estratégico Valenti, informaban que el tupamaro no tenía las condiciones para el cargo. Finalmente entre el congreso del Frente y las primarias, se decidió que el candidato sería Mujica. De cómo salió la fórmula con Astori no vamos a decir nada porque es historia reciente. Pero lo cierto es que ni Astori, ni Vázquez, sienten simpatía por él. Y el sentimiento es recíproco de su parte.

El escándalo lo provocaron sus declaraciones en Buenos Aires y en el libro. No sabemos hasta dónde esto puede influir en la elección. Pero sí lo que ha dejado en evidencia, es que con la banda presidencial, Mujica sería un petardo. Es errático, contradictorio, delirante. Lo único claro es que mandaría él, y que tiene una vaga idea de un socialismo de la Edad de Piedra al que le gusta invocar. Es en esto en que hay que poner énfasis, no en sus agravios al gobierno y pueblo argentinos, ni siquiera en el lenguaje de cloaca con que se expresa. De Chávez, no le gusta lo mucho que habla pero no dice nada de su intención armamentista y sus limitaciones a la libertad y a los derechos individuales. Dice admirar a Lula, y parece apostar a la dependencia de Brasil. Acusa de corruptos a los guarda espaldas de Vázquez, al Partido Socialista de ser una usina generadora de clientelismo, y descalifica a Astori y a Nin Novoa como negociadores políticos. Entretanto, Vázquez, que lo apoya como candidato, explícitamente afirmó en Estados Unidos -nada menos- que suele decir estupideces que no comparte. A lo cual Mujica, como pareja desairada, contesta que lo que diga Vázquez no le interesa.

Hillary Clinton dijo que en dictadura, mandan los peores, pero que en democracia suele haber gente dispuesta a elegirlos.

No se concibe entre orientales.

El País Digital

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