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Las vestimentas más variadas y lo último en tecnología
NUEVA YORK | D. HERRERA LUSSICH
"Este es el zoológico tecnológico más ruidoso y atractivo del mundo". La frase salió de la boca de un español, sentado en el piso sobre cables, apretado por valijas de cuero, deglutiendo un gigantesco sándwich de pavo, al que no le faltaba ningún condimento de los clásicos y muy olorosos que elaboran los estadounidenses. En su entorno no tenía a nadie, salvo unas largas y estilizadas piernas de la compañera que se estiraba sobre una banqueta para conectar una computadora. La pollera era tan corta que había que mirar, con detenimiento y no sin admiración, para ver si realmente existía o estaba dibujada sobre el cuerpo. Luego se puso de pie y lució la remera, que se había reducido al máximo en alguna lavadora o la había comprado para niñas. Tenía un cartel que lucía las letras bien rellenas con el nombre de su país: ¡ESPAÑA!
Y tenía razón el "amigo español". Estábamos a uno de los lados de la gigantesca sala de prensa de las Naciones Unidas, en tres niveles, con cuatro o cinco mil especímenes que instalaban computadoras, iban y venían con modernas y fantásticas cámaras al hombro, controlaban todo lo que sucedía en distintas salas de la Asamblea en varias pantallas, tamaño bolsillo, colocadas sobre las mesas en forma de semicírculo, ajustaban llaves y tornillo y se daban vuelta para charlar con su vecino.
Era una olla de grillos. Todos hablaban a la vez en decenas de idiomas, aunque perforaba los oídos más fuertes un chiflido que emitía una linda chinita en una animada rueda con colegas de su país. Y que no le iban por detrás en las vestimentas de última moda, en desnudeces o demasiado cubiertas con pantalones varios números más grandes y largos y gigantescos buzos, siempre con botas, en medio del casi infernal calor que hace en este final del verano neoyorquino.
Hacia donde mirábamos quedábamos asombrados por la tecnología. Estaba allí todo lo recién inventado en materia de laptop, computadoras de escritorio, cámaras desde tamaño miniatura a gigantescas que necesitaban un carrito para transportarlas. Nada faltaba, los micrófonos teledirigidos, miniaturas parabólicas, computadoras que escribían por el pausado sonido de voz y no con un teclado. Realmente solo en estos grandes eventos se ve el avance en materia de aparatos electrónicos. Y son los chinos y japoneses los que más se lucen con sus grandes novedades, los "gringos" están al día, pero no en el último grito.
Los periodistas mostraban que son un raro muestrario. Las jovencitas con minúsculas polleras, atuendos dignos de Sharapova, aquellas con muchos colores, pero con vestimentas para un gigante, que había que observarla dos veces para adivinar el sexo. Y los hombres más normales, la gran mayoría con camisa fuera del pantalón y también los había de saco inglés y bombín, otros con la gorra de visera. Nada faltaba en ropa y maquinaria. No exageró en nada el español que nos atrajo la atención.
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