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Literatura. Esta tarde el escritor lanza su flamante novela
CARLOS REYES
Hoy a las 19 horas se reunirán en el Museo de Historia del Arte, en 18 de Julio y Ejido, Tomás de Mattos y Mercedes Estramil para presentar la novela de Carlos María Domínguez, "La costa ciega".
"Una historia conmovedora servida por una prosa deslumbrante". Así definió Juan Marsé, último ganador del Premio Cervantes, este nuevo trabajo de Domínguez, quien vuelve sobre una aventura marina. Editada por Mondadori, la novela se ubica en un parador próximo a la playa, donde en pleno invierno Arturo Blaz conoce a una muchacha llamada Claraboya. Entre estrategias y malentendidos, ambos irán conociendo que comparten algunos secretos vinculados con la dictadura militar argentina.
"Escribí La costa ciega con curiosidad, angustia, confianza y momentos de zozobra, hasta que comenzó a oírse del modo cristalino y misterioso que pretendía", comentó a El País el novelista, cuyo estilo apela mucho a las imágenes visuales.
"Ninguna imagen se fija en la novela sin un tono y una música. Para conseguir un tono hay que eliminar el ruido de las palabras, las repeticiones innecesarias, las distracciones inútiles. Una sola cosa, bien dicha, una sola vez, tiene el poder de crear una imagen y hacerla durar mucho después de que la palabra ha cesado. Una imagen debe ser oída con nitidez. Y va una detrás de otra, sin cacofonías, ni gritos, ni énfasis excesivos. Entonces todo se ve, y lo que no se ve, forma parte de los secretos de la novela", comenta el escritor, que gusta de definir a la novela como "el arte de lo verosímil".
"En el fondo, es una reflexión sobre la condición alucinada del relato, porque desde Homero, el narrador sigue estando ciego frente a la realidad y sólo puede ver lo que le muestra su imaginación. En cierto modo, la novela es una pequeña máquina de ilusión que involucra a los personajes, al narrador y finalmente, al lector", asegura.
Periodista y escritor, Domínguez (Buenos Aires, 1955) está radicado en Montevideo desde 1989, donde ha publicado tanto relatos de ficción como crónica y biografía. Entre su vasta producción se encuentran Escritos en el agua y Mares baldíos, donde de distintas formas ha exhibido la relación del hombre con su entorno acuático.
"Desde que llegué a Uruguay aprendí que en los márgenes está el centro de la historia que todavía no contamos. Viajé bastante por el país y como tantos otros, a las ventosas costas de Rocha, en verano y en invierno. Construí una cabaña en un bosque cerca de La Paloma, y cuando me faltaban las paredes imaginé que usaba los libros de mis bibliotecas como ladrillos. Así nació La casa de papel, de una conversación con mi hijo Facundo frente a un fogón, bajo las estrellas de Rocha".
Cincuenta kilómetros al noreste creció esta novela, producto de las caminatas rumbo a Valizas. "Mi ambición es contar una cosa y aspirar a conseguir que se escuche otra. En sus silencios y entrelíneas. Lo aprendí de Onetti, de Faulkner y de Conrad. A partir de La casa de papel, en Mares baldíos y en La costa ciega, busqué un camino más directo para dar cuenta de los malentendidos que mueven la historia. Chesterton y Stevenson acabaron por convencerme de que la novela es un género del arte, y no debía temer al artificio".
El autor señala también las diferencias entre los entornos de sus personajes. Por un lado, el río Uruguay, con sus costas de pescadores, cazadores furtivos y contrabandistas, "hombres y mujeres pulidos por el agua, por el afán de sobrevivir al margen de las convenciones sociales y del Estado".
"En las playas marinas dominan los negocios del turismo durante dos meses al año y el resto es soledad, un estado de suspensión y abandono, y la dura pesca artesanal. Los balnearios alternan entre el derroche y el ahorro. En todo, porque el mar quita energía y sobre- vivir es saber conservarla".
La atrapante novela será publicada en España, Alemania, Italia, Holanda, Grecia y Rumania, países donde ya ha dado a conocer su obra. "Creo que un lector agradece que no lo subestimen, en cualquier lugar donde se encuentre: que un relato busque su inteligencia, le permita participar de la magia de la obra. Cuando un escritor dibuja con precisión sus silencios, invita al lector a compartir sus preguntas, la frontera adonde lo arrojaron sus palabras. Que acudan un hombre de Taiwán o una muchacha de Bremen, se debe al esfuerzo sostenido de la traducción, esa voluntad inquebrantable de llevar la palabra del hombre. Lo milagroso es que sea posible trasladar un respeto, una música, sus silencios".
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