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HUGO GARCÍA ROBLES
En los plazos de este año se cumple el primer siglo del nacimiento de dos figuras fundamentales de la cultura uruguaya. En el orden literario, el narrador Juan Carlos Onetti y en el dominio de la música, el maestro Carlos Estrada. La figura del músico es múltiple porque ejerció por igual la composición, la dirección de orquesta, la enseñanza y, a la vez, fue promotor y fundador de organismos y actividades musicales.
Nació en Montevideo el 15 de septiembre de 1909 y sus primeros estudios musicales fueron con Adelina Pérez Montero en piano y con Carlos Correa Luna en violín. Determinantes de su carrera como compositor fueron Manuel Fernández Espiro, que lo formó en armonía, contrapunto y fuga por una parte y al mismo tiempo en el conocimiento de Gabriel Fauré, junto con los restantes maestros de la escuela francesa de ese tiempo. La otra influencia capital fue la del Padre Pedro Ochoa que en el marco de la educación jesuita de Carlos Estrada lo condujo en el estudio del Canto Gregoriano. Este conocimiento hizo que la armonía de las obras de Carlos Estrada siguiera muchas veces el camino modal.
En 1930 viaja a París y se convierte en alumno del Conservatorio Nacional. Había comenzado a componer antes, en 1930, obras para piano, canto y piano y para órgano.
Una fecha muy importante es la del año 1936, ya que funda entonces la Orquesta de Cámara de Montevideo, cuya actividad permitió el estreno de composiciones de autores uruguayos. Al mismo tiempo, comienza a componer obras que como Preludio, minué y final y la Suite para cuerdas Nº 1, composiciones que inician tendencias nuevas que reflejan su contacto y admiración por la música francesa.
Desde este punto de vista su obra se distancia claramente de los compositores uruguayos que practicaban un aprovechamiento del folclore en sus creaciones. Estrada se inscribía en un marco más universal en sus estructuras y recursos, fruto de los maestros que tuvo en el Conservatorio Nacional de París. Figuras de la talla de Roger Ducasse, Noël Gallon, Philippe Gaubert, Albert Wolff y Paul Paray.
Es preciso sumar, además, la docencia en la Facultad de Humanidades y en el Conservatorio Nacional. Organizó la Editora Nacional de Música que imprimió obras de autores uruguayos. Fundó la Orquesta del Centro Cultural de Música y en los años que median entre 1959 y 1970 dirigió la Orquesta Municipal.
Actuó numerosas veces al frente de la Sinfónica del Sodre y entre sus discípulos se destaca la figura de Hugo López, director como él de la Sinfónica Municipal.
Este rápido esbozo de su importancia se basa en la entrada que le dedica el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, firmado por Susana Soca. Su mera lectura da cuenta del peso que tuvo en nuestra música.
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