PABLO DA SILVEIRA
El actual Consejo Directivo central de ANEP sorprendió al país con una gran campaña publicitaria que costó más de 425 mil dólares. El objetivo declarado por su presidente, Luis Yarzábal, fue "estrechar los lazos con la sociedad", como si no alcanzara el contacto cotidiano con los ochocientos mil alumnos que llegan a las aulas. La oposición, por su parte, sostuvo que la campaña era una acción de propaganda encubierta en favor del gobierno.
Sean cuales sean las motivaciones originales, la costosa iniciativa es difícil de entender. El Codicen lanza esta campaña al final de su gestión, cuando ya no hay tiempo para alcanzar objetivos que puedan lograrse a través de los medios de comunicación. Esto es una diferencia importante con el antecedente que fue invocado desde el gobierno: la campaña lanzada durante la ejecución de la "reforma Rama" para convocar a los padres a inscribir a sus hijos en la educación preescolar pública. Aquella iniciativa pudo tener aspectos criticables, pero tenía un sentido claro en términos de gestión.
Tampoco ocurre que haya mucho para informar sobre la obra realizada en estos años, porque la actual cúpula de ANEP es la más opaca y la menos fértil en decisiones transformadoras de todas las que se han sucedido en el último cuarto de siglo. Por ejemplo, las cifras referidas a construcción de locales escolares son asombrosamente bajas, especialmente si se tiene en cuenta la cantidad de recursos de los que se dispuso.
Tal vez por eso, las piezas publicitarias profusamente difundidas en los medios de comunicación hicieron énfasis en méritos que difícilmente puedan ser adjudicados a la actual administración educativa. Por ejemplo, la cantidad de alumnos que asisten a clase o el número de establecimientos en funcionamiento, que son obviamente un logro construido por una larga sucesión de gobiernos. O las referencias al Plan Ceibal, que fue lanzado y sigue siendo ejecutado desde fuera de ANEP debido a los temores que existían en el gobierno nacional sobre lo que podía ocurrir si el gigantesco ente tomaba cartas en el asunto.
Pero lo peor, lo verdaderamente grave, es que esa campaña pretende inducir a error a la población, inventando méritos que sencillamente no existen. El aviso que resalta los logros alcanzados en enseñanza primaria, destaca que en estos años "se redujo el número de niños por grado". La afirmación es cierta, pero lo que se omite es que, a partir del año 2004, hubo una reducción del número total de escolares del orden de los veinte mil alumnos.
Esa reducción no es ciertamente achacable a las autoridades de ANEP. Las cifras disponibles sugieren que las principales causas están en la reducción de la tasa de natalidad y en la emigración. Pero el punto es que, dada esa reducción significativa en el número de inscriptos, no fue necesario hacer algo para que disminuyera el número de alumnos por grado o por grupo. Bastaba con dejar todo como estaba para que esos promedios mejoraran por sí solos.
Promocionar ese cambio en las cifras como un logro de la actual administración se parece mucho a una confesión de que hay muy pocos logros genuinos para exhibir. Pero además es una falta de respeto a la ciudadanía, de cuyos bolsillos salieron los recursos para pagar la campaña, así como salen los recursos para pagar el funcionamiento de ANEP.
Si este es el concepto de rendir cuentas que tienen las actuales autoridades de la educación, nos queda muchísimo por hacer.