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Rodolfo Sienra Roosen
No da para sorprenderse y menos escandalizarse con las declaraciones de Mujica en "La Nación" de Buenos Aires. No sería él sin puteadas y carajeadas, lo viene haciendo desde que ingresó activamente a la actividad política, conjuntamente con su facha intencionalmente descuidada. Eso le dio rédito político. Es un encantador de serpientes, y su candidatura presidencial ratifica la desnaturalización del marco de referencias históricas y educacionales en que se han formado las nuevas generaciones.
Lo denuncian como un hombre sin convicciones democráticas porque no cree en la Justicia, y yo me pregunto cómo es posible que nos demos cuenta recién ahora, siendo tan antiguo como voluminoso su prontuario. No va a ser Presidente, pero suponiendo que ello ocurriera, puede pasar algo muy serio. Que nadie piense cosas que no estoy sugiriendo ni deseando, pero Mujica, cuya candidatura se gesta en la oposición de su "barra" y los comunistas a la política económica de Astori ¿le va a dar a su segundo la conducción de la misma? Entonces ¿quién de los dos le miente a su gente, a sus incondicionales?, no digo a los que votan sin compromisos, con los ojos abiertos y sin apasionamiento porque esos la tienen clara.
Si Mujica le da a Astori lo que primero Astori exigió, después Mujica negó y luego del parto de nalga de la fórmula Mujica concedió, muchos encandilados se van a despabilar. Si en cambio, usa a Astori para la campaña y después gobierna como se comprometió, adicionando "más izquierda" y radicalizando la división dentro del Frente, puede producirse un colapso serio en el funcionamiento del gobierno que sólo podría solucionarse con una renuncia de alguien. Es que por un lado o por otro, la estabilidad institucional del país puede verse comprometida con un gobierno de rumbo imprevisible porque es la consecuencia de un acuerdo entre dos, de los cuales uno, inexorablemente, será un traidor.
Lo que nos duele, es la imagen que el país le está dando al mundo. Tenemos que haber hecho las cosas muy mal para que un personaje como el candidato oficialista -porque sale de las entrañas del Frente Amplio que es el que gobierna - sea presentado internacionalmente como posible -cuando no dado como seguro - Presidente de los uruguayos. No es así, pero igualmente es una vergüenza, y debemos reconocer que en ello nos va la responsabilidad a todos porque todos somos culpables y dejamos el camino abierto a la pérdida de valores básicos en la cultura de nuestra sociedad.
Es cierto, ocurrieron cosas que no estuvo en manos de la gente poder impedir. La formación del Frente Amplio, de extracción básicamente colorada y batllista a la antigua, para cerrarle el paso al Partido Nacional que con Wilson Ferreira a la cabeza recuperaba el gobierno, al gravísimo error de Pacheco en nominar a Bordaberry como su sucesor, a una dictadura militar que dejó el país hecho pedazos. Pero eso ya pasó, y no se puede mirar hacia atrás. Al presente y al futuro del país hay que mirarlo con la perspectiva de hoy. Y no hay, no puede haber otra opción que sacar a esta gente del gobierno. Si la candidatura presidencial de Mujica sirviera para lo único que puede servir, que es justamente para garantizar esa salida, no le quitemos espontaneidad, porque nos asegura el objetivo.
Que no se calle.
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