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 Domingo 20.09.2009, 14:52 hs l Montevideo, Uruguay
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Nacional


Julio María Sanguinetti

"El tema con Mujica no es su pasado, sino el presente"

Protagonista de primer orden de la política uruguaya posdictadura, el ex presidente (1985-1990 y 1995-2000) y actual senador colorado sigue la campaña desde la "trastienda", por primera vez sin postularse a ningún cargo. Cree que la imagen de la personalidad de los candidatos es hoy tanto o más importante que sus propuestas, y por eso le preocupan las actitudes de Mujica. "Pienso en el ciudadano uruguayo, aun frenteamplista. ¿Cómo alguien puede imaginar un presidente de esas características? Creo que ese es el gran tema hoy de la campaña", dice Sanguinetti, que a partir de 2010 preparará un libro sobre cómo Uruguay recuperó la democracia.

Carlos Ríos

-Usted está haciendo campaña por el Partido Colorado sin ser candidato a ningún cargo. ¿Comparte que es una campaña "chata" y sin grandes ideas?

-Mi participación es más desde la trastienda que desde la vidriera. Ha sido una campaña extraña. Al principio se hablaba de que nadie invocaría el pasado de nadie y luego éste irrumpió, especialmente porque el senador Mujica lo planteó. En su caso, el tema no es su pasado guerrillero sino su presente. El tema no es que haya sido guerrillero, por lo que fue amnistiado, el tema es que sigue pensando que la violencia de entonces se justificó, aunque ahora reconozca que esa violencia trajo el golpe de Estado. La campaña parece pasar más por el Facebook e Internet que en debates de ideas.

-¿Usted cree que esta es una campaña de equívocos?

-Las campañas de candidatos únicos son como las finales de la Libertadores: de repente gana el que se equivoca menos. Pero también son importantes los aciertos. Yo diría que no ha sido una campaña de grandes aciertos, porque no se ha visto nada espectacular desde ningún lado. Y es verdad que ha habido algunos errores de expresión, primero de Lacalle, y ahora creo que más que un error de Mujica, hay un sinceramiento de la real figura del candidato del FA, que recién ahora la gente empieza a percibir a medida que nos aproximamos a la elección. Una cosa era el candidato más o menos folclórico y otra cosa es ahora. Una elección no es una encuesta. La elección es el acto principal de gobierno. Ahora, en la medida que nos estamos aproximando a la elección, lo que se está viendo no es la figura televisiva del senador Mujica, sino la eventualidad de una presidencia que motiva a reflexiones.

-¿Qué temas incluiría usted en la campaña electoral?

-Me parece esencial el fondo y la forma del candidato oficialista. No es un tema de colorados, blancos o frentistas. Estos días hemos visto al doctor Vázquez en Estados Unidos, hablando con la señora Clinton, representando al país con sobriedad. Personalmente soy crítico de su gobierno, pero no le puedo desconocer personería presidencial. El senador Mujica, en cambio, se permite en el principal diario latinoamericano (La Nación) decir palabrotas, insultar al ex presidente argentino, agraviar a la Justicia, decir que el único problema de Chávez es que habla mucho, porque aparentemente no le preocupa que cierre canales de televisión y radio o desconozca las elecciones municipales. Pienso en el ciudadano uruguayo, aun frentista. ¿Cómo alguien puede imaginar un presidente de esas características? Creo que este es el gran tema hoy de la campaña.

-¿Más importante que las propuestas sobre educación, economía, salud, seguridad?

-En este momento sí. Porque los debates de propuestas pasan a un segundo plano cuando usted tiene debates de orientación básica, de estilo fundamentales.

-Los candidatos presidenciales no debaten desde la campaña de 1994, que usted gana y llega a su segundo gobierno. ¿Sirven los debates?

-Los debates son útiles. Sobre todo para discutir orientaciones generales, en las que creo, más que en las propuestas específicas. Además, la confrontación de personalidades es importante -lo hemos visto hace poco en EE.UU.-, porque la serenidad, el aplomo, la templanza de un candidato son atributos esenciales. Un presidente no necesita ser un talento que sabe de todo, lo más importante es que sea un hombre serio y prudente, que sepa tomar decisiones con responsabilidad en los momentos adecuados. Para eso también sirve un debate.

-¿O sea, más allá de las propuestas, la imagen que dejan?

-La imagen que deja su personalidad. Eso es muy importante en un debate. Obama no solo era el orador brillante que decía cosas interesantes. Uno también veía un ideal muy cierto, muy determinado, un hombre con mucha claridad y una gran cultura, que habla con una gran perfección. Realmente daba la imagen de un presidente. Eso es tanto o más importante que lo que se dice. El ciudadano, normalmente, a las 24 horas ya no se acuerda de lo que se dijo. Pero le quedó sí una idea de que esa persona le corresponde, la imagen de un presidente o no.

-Partiendo del 10% que obtuvo el Partido Colorado en las elecciones de 2004, ¿qué porcentaje el 25 de octubre lo dejaría conforme?

-Aspiro al Partido Colorado en el balotaje, por más lejos que parezca. En la interna se nos atribuía 8% o 9% y se obtuvo 12%. No tengo dudas de que ahora mejorará y decidirá lo fundamental, que es que haya segunda vuelta. El error de la elección anterior, en que muchos colorados se equivocaron votando al Partido Nacional pensando que era el mejor modo de derrotar al FA, no creo que ahora se repita. La gente empieza a atender que para que el FA no gane es imprescindible un Partido Colorado con vigor, y aún un Partido Independiente que recoja otros votos no comprometidos con los demás partidos.

-Cuando dice que el Partido Colorado va a estar en el balotaje, ¿se refiere definiendo con el FA o incidiendo a favor del Partido Nacional?

-Yo le diría las dos cosas. No hay ninguna duda que su incidencia va a ser decisiva. Pero todo lo otro no está descartado. Yo noto en estos días una expansión muy grande de la incertidumbre. Veo frentistas desconcertados y también a ciudadanos blancos repensando, y mucha gente de origen colorado y que votó por otro que hoy está reflexionando.

-Pedro Bordaberry ganó la interna apoyándose en un discurso de renovación del partido. ¿Cómo observa a Bordaberry? Claramente los grandes derrotados en la interna fueron aquellos que mantuvieron una fuerte identificación con los líderes históricos.

-Pedro es una figura personalmente atractiva, que ya lo demostró con la elección municipal anterior, en la que llevó al Partido Colorado del 8% en la nacional al 27% en mayo. Luego se perfiló, a partir del debate con Michelini, como una personalidad no sólo fuerte sino mediática. Estas son las claves de su victoria electoral. A partir de allí viene creciendo y madurando y hoy actúa como candidato de todo el partido, y así lo sentimos todos, que lo estamos apoyando. Los demás candidatos, yo no diría que se sintieron derrotados, porque hoy están todos ayudando en la campaña electoral. Quisiera destacar además la figura de Hugo de León, que ha sido una novedad y un gran éxito. Es un hombre de carisma muy fuerte que se lo transmite a la gente.

"Mi batalla será en el debate de ideas"

-¿Qué hará una vez que deje el Senado?

-En la elección anterior ya no fui candidato y dije que dejaría espacio para que la gente más joven pudiera realmente avanzar en ese terreno. Al mismo tiempo dije que mi batalla será el debate de ideas, la visión histórica, la discusión doctrinaria. En eso estoy envuelto y este año, con mi último libro (La Agonía de una Democracia), he ocupado felizmente un espacio que estimo importante. La política es tanto o más ese escenario de debate que el otro, el electoral. En él seguiré.

-¿Un heredero político?

-En política no los hay. Cada uno se gana su patrimonio. Ni Jorge Batlle ni yo fuimos herederos de su padre. Discípulos sí, por suerte, pero lo que pudimos hacer fue por nuestra propia transpiración. Y así fue la de Lacalle, que no heredó al abuelo, aunque sea su continuador, y ni hablar de Pedro Bordaberry, hijo de una lucha personal valerosa y convencida.

-¿Qué Uruguay visualiza?

-En verdad, más que visualizar, lo que expreso es una esperanza. Imagino a un Uruguay con una educación de primer nivel, más tecnológica, con otros rendimientos. Hoy desgraciadamente no lo estoy viendo.

-¿Qué personaje de la política uruguaya pos dictadura le despierta un afecto especial? ¿Y al que más rechaza?

-Afectos muchos: Tarigo, una columna, un roble democrático; Hugo Batalla, el uruguayo del corazón; Wilson, un patriota; Seregni, un hombre de paz; el teniente general Medina y el contraalmirante Zorrilla, dos militares a los que el país les debe mucho y ojalá se los agradezca algún día. Termino acá la enumeración, para no seguir. Hay muchos más afectos, y muchos agradecimientos. Los rechazos, dejémoslos por allí; no descalifico personas; eso sí: descalifico ideas y peleo contra ellas con todas mis fuerzas. Hay ideas repudiables y hay que combatirlas. El racismo es una idea y hay que combatirla, y como esa muchas otras.

Mujica y Bordaberry, "éxito de la transición"

-Bajo su primer gobierno se aprobó la ley de amnistía a los tupamaros. Hoy Mujica, amnistiado, tiene grandes posibilidades de llegar a la Presidencia ¿Ironías de la vida?

-El éxito de la transición. Un ex guerrillero y el hijo del ex presidente Bordaberry disputan hoy la Presidencia. Esto habla de que la transición no dejó excluidos. El cambio en paz lo fue en realidad.

-La ley de Caducidad, también sancionada bajo su primer gobierno, es hoy todavía motivo de debate al punto que en octubre se plebiscitará su "anulación". ¿Cuándo cree que se terminará solucionando este tema?

-En aquel momento mucha gente, aun de buen fe, pensaba que la caducidad produciría una sensación de impunidad en los militares. Hoy, de buena fe nadie puede sostener tal cosa. Las Fuerzas Armadas han estado absolutamente subordinadas. Nadie puede negar que la ley de Caducidad cumplió cabalmente su rol pacificador. Estimo que tendrá su ratificación final ahora, cuando no salga la nulidad y sus partidarios no tengan ya la posibilidad de seguir insistiendo.

La anulación es una aberración jurídica. Por algo no existe en nuestro Derecho. Es, como ha dicho Carlos Maggi en un lúcido artículo en El País, poner en la Constitución que la Constitución puede negarse a sí misma.

El País Digital

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