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 Domingo 20.09.2009, 09:56 hs l Montevideo, Uruguay
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Ciudades

Volver a la vida después de la gripe "de moda"

Estuvo en CTI dos meses, pesó 29 kilos. Un caso virulento de virus H1N1

CERRO LARGO | NÉSTOR ARAÚJO

Tania se internó por su propia voluntad tras soportar un viaje desde Bariloche a Melo. Tenía las mejillas hundidas y ya no podía respirar. Estaba al borde de la muerte, y los médicos sabían que ya había llegado grave.

Corrió hasta arriba el cierre de su campera, encargó a los demás profesores que vigilaran al grupo de estudiantes que acompañaban a Bariloche y se sentó en el asiento 17 de ese coche que la trasladaría a Melo.

La distancia de Bariloche a Neuquén parecía eterna. Una carretera recta hasta el horizonte, atravesando la llanura patagónica. Cuando el ómnibus llegó a Neuquén le ofrecieron ver a un médico. Rápidamente, y con voz apenas audible, Tania respondió: "No, quiero llegar a Melo". En Paysandú la volvieron a despertar, con la intención ya de bajarla y llevarla al médico. La respuesta fue la misma: "Por favor, quiero llegar a Melo, allí estaré con los míos y mejor".

Esto contó la profesora Tania González, ex subdirectora del Liceo número 1 de Melo, profesora de Historia del Instituto de Formación Docente y periodista destacada por su desempeño en distintos medios de la capital arachana. La gripe H1N1 no la pudo derrotar, y más de dos meses después volvió a la vida.

El 7 de julio fue el día que el coche tocó anden en la Terminal de Ómnibus de Melo. Desde ese día estuvo en el CTI de un sanatorio de Melo hasta el 1° de septiembre. Le diagnosticaron, además de la gripe, una complicación respiratoria que había afectado sus dos pulmones

Durante casi 60 días en terapia intensiva le daban un 10% de probabilidad de vida.

"Al salir de Melo sabía que en Argentina estaba el foco mismo de la gripe H1N1, pero los seres humanos pensamos que nunca nos va a tocar. En parque de la Costa, en Buenos Aires, me empecé a sentir mal. Pensé que era un resfrío simple y decidí irme al hotel. Al día siguiente volví a salir y la primera reacción fue volver al hotel. En ese momento presumí que había contraído el virus de moda en Argentina", contó Tania con los ojos húmedos y la voz aún quebrada por la traqueotomía que debieron practicarle.

"Llegué a la Terminal de Melo, ya no podía caminar, pedí un taxi no sé cómo". Dice que no recuerda. Y su pecho ya no podía hundirse más por la fuerza que debía hacer para poder ventilar sus pulmones. Hasta el 22 de agosto no supo nada de lo que le pasaba. Ese día abrió los ojos y vio a su madre. Intentó preguntarle algo pero no podía emitir sonido alguno, ya que debieron someterla a una traqueotomía para ventilarla y alimentarla.

Su madre debió construir un alfabeto de papel: Tania señalaba las letras y ella comprendió. "Qué hago aquí mamá", fue su primera pregunta. Trataron de explicarle todo: que había estado entubada, que todos esperaban su recuperación con fe, que sabían que eran pocas las posibilidades de que viviera.

"Esperaban por momentos mi muerte", cuenta ahora la docente al relatar su experiencia a El País. El mismo día que recuperó la conciencia le colocaron una "válvula de fonación" para que se pudiera comunicar mejor. "Para mí eso fue empezar de nuevo ¡Poder hablar! ¡Saben lo que significa para una docente y periodista!".

El 29 de agosto estaba mejor y fue el primer día que pudo comer por vía oral. "Pedí ñoquis", dijo sonriendo, y señalo que las auxiliares le prepararon la pasta de los días 29. "Ese día intenté saber todo. Y lo supe. Lloré, me preocupé, pero agradecí a Dios y decidí trasmitir mi experiencia. Pesaba 29 kilos".

Tania contó que antes de enfermarse le dolía cómo los medios se ocupaban de dar a conocer cada una de las muertes por gripe H1N1, pero no se difundía la historia de quienes habían salvado sus vidas: "sentía la necesidad de manifestar que aquí hay un sobreviviente de este virus, además manifestar la bondad que me demostraron en aquellos días tan difíciles. La experiencia me ha enseñado que la medicina y los milagros despiertan siempre una lección de vida".

A 20 días de haber recibido el alta, aumentó de peso, hace bicicleta y ya se siente bien.

El País Digital

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