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 Lunes 14.09.2009, 02:32 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


HERMANOS COEN

Pegando fuerte en Toronto

GUILLERMO ZAPIOLA

Parece tratarse de un regreso por todo lo alto y no menos sorpresivo. Los hermanos Ethan y Joel Coen, que ganaron un Oscar con su film anterior, acaban de presentar en Toronto su nueva obra, "A serious man", y los elogios están lloviendo sobre ellos.

Menos famoso que Berlín, Cannes o Venecia, Toronto es empero uno de los festivales más serios del mundo. Hay quizás menos estrellato, pero el rigor en la calidad de la selección suele ser excepcional, por lo que destacarse en su programación es en sí mismo un mérito. Que el film de los Coen haya sido uno de los más elogiados en la misma apertura del festival que actualmente se desarrolla es ya una suerte de galardón, sobre todo si se tiene en cuenta que está siendo comparado con algunos otros títulos de peso de la producción reciente, entre ellos El desinformante de Steven Soderbergh, con Matt Damon, o The men who stare goats de Grant Heslov y Up in the air de Jason Reitman, ambas con George Clooney.

En una crónica desde Toronto, el crítico argentino Diego Lerer (enviado de Clarín) fue uno de los que se anotó en el coro de admiración que el film despertó: no ha escatimado los elogios, afirmando que se trata de "la mejor película de los Coen en mucho tiempo y seguramente la más personal de toda su carrera". Quien conoce a Lerer sabe que los elogios no suelen escapársele fácilmente.

SELLO PERSONAL. Los directores sostiene que se trata de una película "sobre la fe, la responsabilidad familiar, la delincuencia, los problemas dentales, el mundo académico, la mortalidad y el judaísmo", lo cual por supuesto debe ser tomado con pinzas y denota una cuota de humor. De hecho, el humor es un rasgo persistente en los Coen (films como Educando a Arizona, 1987, El gran salto, 1994, El gran Lebowski, 1998, ¿Dónde estás hermano?, 2000, El amor cuesta caro, 2003, Quinteto de la muerte, 2004 o Quémese después de leerse, 2008, lo contienen en abundancia), aunque la violencia, a veces desatada, sea otro componente reiterado: allí están para demostrarlo sus incursiones en el cine negro y alrededores como Simplemente sangre (1984), De paseo a la muerte (1990), Barton Fink (1994) o Fargo (1996), o esa suerte de `western posmoderno` que es Sin lugar para los débiles (2007).

La acción de A serious man se desarrolla en 1967, en un suburbio del medioeste norteamericano, y se centra en la vida de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física de una universidad que no pertenece precisamente a la Ivy League cuya vida, de un día para otro, se convierte en una pesadilla. Su mujer, que ha iniciado una aventura amorosa con otro hombre, le anuncia que quiere separarse y lo obliga a abandonar la casa, su hermano (que ha sido descrito como "un tipo muy peculiar") se mete en problemas con la ley, sus hijos no lo dejan en paz, su vecino le invade el jardín y un alumno comienza a extorsionarlo.

Son todos elementos elocuentes de que el mundo del protagonista comienza a desintegrarse progresivamente, por lo que el hombre acude a su rabino para que lo ayude a entender lo que le está pasando y actuar al respecto. Pero ese plan tampoco funciona: los conflictos se suman, el rabino "está pensando" y no puede ocuparse de los problemas de su feligrés.

El mencionado crítico argentino observa también que el film "destila judaísmo por todos sus poros", no solamente porque su acción transcurre en una comunidad judía observante, sino también por los grados de neurosis y paranoia que su argumento maneja, y que ha hecho pensar en un Woody Allen particularmente exacerbado. A la larga, el tema del film sería el fin de un mundo, el recambio generacional, y la realidad de una serie de tradiciones que tambalean ante la irrupción de nuevas modalidades culturales.

Hay aparentemente bastante de personal y hasta autobiográfico en ese despliegue, que se vincula con la infancia y las experiencias personales de los Coen. En la conferencia de prensa de presentación del film en Toronto, Ethan insistió en que el lugar en que han crecido es parte de la propia historia, y que no se pierde por más que el tiempo pase.

Su hermano Joel pudo agregar que la idea central para su film rodó por la cabeza de ambos desde hace mucho tiempo. Al principio pensaron en un cortometraje sobre un muchacho que va a ver a su anciano rabino mientras se prepara para su `bar mitzvah` (la ceremonia de iniciación judía, a los 13 años, que implica el fin de la niñez), pero que entre idas y vueltas la historia fue cambiando, creció hasta el largometraje y se centró en el padre del muchacho en lugar de hacerlo en el niño.

Este toque personal también ha llevado a que se hable de la película como una especie de Amarcord judío, en referencia a la película donde Federico Fellini hilvanara fragmentos autobiográficos con su habitual y personal desborde de fantasía. Pero los Coen no se quedan simplemente en lo evocativo sino que al evocar su infancia en Minnesota juegan con una mezcla de nostalgia y angustia.

Maestría. La crítica presente en Torontol ha llegado a hablar de "casi obra maestra", y observado sobre todo que los Coen, habitualmente acusados de fríos y cerebrales, logran en este caso picos de emoción, acaso porque manejan un tema que les toca muy de cerca y que no les autoriza a la distante ironía que han practicado otras veces. Todo indica que es uno de esos títulos que corresponde esperar con interés.

La confianza de los directores en el material que tenían entre manos también sirve para explicar la opción por un elenco poco conocido para el gran público y donde tiene especial destaque Michael Stuhlbarg en el papel protagónico. El actor viene mayormente de la televisión, donde apareció en series como Uggly Betty y La ley y el orden.

El futuro está entre Shakespeare y un western que hizo John Wayne

Ha pasado mucho tiempo desde que los hermanos Coen saltaron a la fama con su paródico `film noir` Simplemente sangre, y parecieron por un tiempo los nombres más significativos del cine independiente norteamericano. Actualmente, y aunque sin perder personalidad, se encuentran sólidamente instalados en la industria, producen un film tras otro, trabajan con estrellas importantes, y no paran. Su próximo proyecto, actualmente en preproducción, es una comedia, Hail Caesar, ambientada en la década del veinte en el siglo ídem, y centrada en una complicada puesta en escena de Julio César de Shakespeare.

Pero tienen en carpeta otra media docena de proyectos, incluyendo una `remake` (seguramente postmoderna) del clásico Temple de acero, aquel `western` en el que John Wayne encarnó al inimitable comisario Rooster Cogburn que le valió un Oscar. Precisamente para este film están negociando con Jeff Bridges, con quien ya habían trabajado en la comedia negra El gran Lebowski.

Se ha anticipado que el Temple de acero de los Coen buscará una mayor fidelidad a la novela de Charles Portis que la primera versión hecha en cine. Allí se cuenta la historia de una niña de 14 años que persigue junto con un sheriff entrado en años y otro individuo, a los asesinos de su padre. La versión de los Coen estará centrada en la perspectiva que la muchachita tiene sobre todo ese asunto.

Tres ejemplos de una carrera tan variada como personal

Simplemente sangre - 1984

Los Coen no podían tener una mejor manera de comenzar su carrera como directores y guionistas, que con esta película. Un hombre contrata a un detective para que mate a su mujer y a su amante, pero las cosas se complican cuando la sangre se derrama. Hasta hoy, 25 años después, sigue funcionando con fuerza.

El amor cuesta caro - 2003

Probablemente es el film más "estándar" en toda la carrera de los Coen. Dos abogados enfrentados por un caso y a su vez, unidos por un asunto romántico. George Clooney y Catherine Zeta-Jones eran las dos estrellas protagónicas de un film que los cultores de los Coen no recuerdan particularmente, pero que pegó en su momento.

Sin lugar para los... - 2007

Cuatro premios Oscar en su momento, incluido el de Mejor Película, Actor y Director, le dieron un nuevo impulso a la carrera de los Coen, que de hecho ya venía muy bien perfilada. Un gran guión, buenos personajes y, como siempre, una dirección potente de parte de los directores. Un punto alto en una carrera alta.

El País Digital

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