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PABLO MELENDREZ
Los turnos de los jueces Penales de Montevideo duran una semana. En ese lapso los teléfonos celulares de los magistrados no paran de sonar porque en forma constante la Policía les informa sobre hechos delictivos y detenciones de personas que luego serán llevadas ante la sede judicial para ser indagadas. Luego los magistrados deben resolver en 48 horas -previstas como máxima para la detención-, si los procesan, los dejan en libertad y archivan el expediente, o deciden que por la complejidad de los hechos se inicia una investigación presumarial para continuar la instrucción en el futuro.
Naturalmente, las comunicaciones policiales son mayoritariamente sobre episodios violentos como por ejemplo rapiñas, asaltos u homicidios. También los jueces son informados sobre accidentes con víctimas fatales. Pero otras veces, las notificaciones se refieren a hechos que pueden ser calificados como tragicómicos -por más que el trasfondo siempre implica un posible accionar delictivo- y que por varios días se transforman en el comentario de todos los funcionarios del juzgado.
Así fue que la sucursal del Portones Shopping de una conocida cadena de supermercados, denunció a la Policía una particular maniobra realizada por un cliente que, cambiando los códigos de barra de las mercaderías, se llevaba productos a un precio notoriamente inferior, sin que el personal de las cajas percibiera la situación.
El audaz cliente -un joven profesional universitario que reside en Carrasco, la zona donde está ubicado el centro comercial- realizó la maniobra al menos dos veces, según lo que constató la Policía y la jueza que intervino en el caso, y que terminó procesándolo sin prisión imputándole "un delito continuado de estafa".
Las dos veces que el hombre llevó adelante la maniobra, los productos elegidos fueron los mismos: bebidas alcohólicas de alta calidad y muy elevado costo. Primero, por un whisky importado cuyo valor asciende a $ 9.995, pagó apenas $ 499, ya que cambió la etiqueta del código de barras por el de una marca más económica. De la misma manera, se llevó otra botella de whisky de origen escocés de $ 5.545 abonando solamente $ 445, precio que correspondía a otra bebida importada pero de menor renombre.
No conforme con esas beneficiosas "compras" y entusiasmado por la eficacia del sistema utilizado, volvió al local y realizó el mismo procedimiento, pero esta vez, con un una botella de vino fino que cuesta $ 2.900 a la cual le adhirió la etiqueta del código de barras de un vino nacional de solamente $ 109,90.
Es innegable: el negocio era tan redondo como ilegal, porque en total pagó solamente $ 1.093,90 por productos de alto valor que sus precios reales sumaban $ 18.440.
Sin embargo, en la segunda vez que llevó a cabo la maniobra, el cliente fue descubierto. Y ante el cúmulo de elementos en su contra como señala el acta policial de los hechos, la declaración de los testigos, las filmaciones de las cámaras de seguridad y los tiques de caja, el hombre no tuvo otra alternativa que confesar ante la sede judicial su responsabilidad en la refinada maniobra.
En el auto de procesamiento, la jueza consideró plenamente probados los hechos, por lo que concluyó que el indagado llevó adelante un accionar en el que "mediante estratagemas y engaños artificiosos" logró apropiarse en "beneficio propio y en daño" del supermercado de mercaderías de alto valor.
ESTAFA EN UN
SUPErMERCADO
ficha
Juzgado Letrado en lo Penal de 9° Turno
Jueza: Gabriela Merialdo
Fecha: 5 de julio de 2009
Situación: hombre cambiaba los códigos de barra de bebidas alcohólicas en un supermercado, y así se llevaba productos de alto valor y calidad pagando los precios de otros sensiblemente inferiores
Fallo: fue procesado sin prisión por "un delito continuado de estafa".
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