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EE.UU. Se publica lo que gana Obama o hasta un profesor
DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
Los hábitos, las vergüenzas y las viejas costumbres llevan a las más contradictorias reacciones cuando la crisis económica golpea la puerta, como ocurrió ahora en el mundo, con una virulencia parecida a la que se sufrió con la Gran Depresión.
La bandera de remate frente a la casa, el corte del uso de la tarjeta de crédito, la suspensión del cableado de Internet, el auto como decoración en el jardín o el despido en el empleo, son hechos que la mayoría evita dialogar o habla "a media voz".
En Washington DC se vive una realidad diferente. La caída del salario o la pérdida de la fuente de trabajo se ha sentido en escasos sectores. Hay amplia mayoría de funcionarios públicos, de organismos internacionales, profesionales, abogados, médicos, contadores, investigadores, catedráticos universitarios, periodistas, personal de servicios, que gira laboralmente en torno a la administración de gobierno: Casa Blanca, Congreso, Poder Judicial, ministerios, grandes museos, que salvan los malos momentos de la situación, salvo pequeños grupos. Por eso, muchas cosas no han cambiado, la gente deja el pudor de lado y da cuenta de sus ingresos anuales, sean malos o buenos, en rojo o en negro, lo que ingresa en cada bolsillo estadounidense de la capital, sale a luz y nadie se intimida a la hora de difundirlo, aun sabiendo que se publicará en la carátula de uno de los dos grandes medios de prensa americanos: The Washington Post, como sucedió hace dos semanas con una larga lista de personas de todos los niveles sociales.
A la vez, desde que residimos en este país sabemos que hay una fecha sagrada y de alerta para todos. Se les ve correr de un lado a otro con apuro, ir al estudio del contador amigo o al escritorio más prestigioso, desde el trabajador con un modesto ingreso al que redondea seis cifras por año. La gente normalmente no se inhibe a la hora de "cantar", sin tapujos, su ingreso anual, pero el antiguo papeleo, hoy casi suplantado por una tecla de una computadora con el "día D" de los impuestos, la coloca casi en situación de desmayo.
Pocos dejan de cumplir ese "rito" sagrado, que los agita, aun sabiendo a conciencia que han seguido todas las normas legales al pie de la letra. ¿El motivo de esas horas de agitación? Nadie lo explica con claridad, son "viejos fantasmas" que sobreviven desde el antiguo recaudador de tributos que golpeaba puerta por puerta.
Tan es así que se extiende al hombre que sacude un vaso de papel que tintinea con monedas en pleno centro y como un sonsonete pide ayuda al que pasa cerca caminando por la vereda, con un agregado jocoso: "¡Señor, pago todos los impuestos. Está frente a un buen americano!"
Y mientras esos temores acechan, la mayoría, hasta con inocencia, ante la primera pregunta responden: "Mi ingreso es tal …". Excepcionalmente, hay que enfrentar un gesto de malestar. Obviamente, nadie pretende detener a un señor desconocido por la calle o ingresar en una oficina y espetarle en la cara, sin preámbulos, la pregunta: ¿Cuánto gana? Allí se puede producir algún altercado, pero no demasiado agresivo ni de malhumor. La gente por naturaleza es reservada en determinadas áreas (la vida familiar, los asuntos de trabajo) y no le gustan los interrogantes sobre la edad, el peso físico cuando es excesivo, la vida sexual. Pero normalmente aceptan develar cómo soporta financiera o económicamente la crisis.
Lógicamente hay dos sectores que mantienen silencio. El de los indigentes, que no son pocos ni de ahora, que duermen en los bancos de las plazas o de las veredas en pleno corazón de Washington; y aquellos que sus cuentas numeradas fueron motivo de duro debate entre el gobierno estadounidense y la banca suiza o de algunos de los denominados paraísos fiscales.
The Washington Post hace escasos días dedicó varias páginas a publicar una galería con fotos y datos del salario anual en la actividad privada u organismos públicos.
En una de las columnas del influyente matutino se observa la fotografía del presidente Barack Obama, se señala su edad: 48 años, una línea debajo que dice Presidente de los Estados Unidos y la cifra de su ingreso anual: US$ 400.000.
Se sabe que el mandatario tiene casi todos los gastos pagados: vivienda, la famosa Casa Blanca, residencia de fin de semana Camp David, personal de seguridad, de servicio, chofer, piloto de avión y helicóptero, alimentos, etc... Pero hay cosas que paga religiosamente. Primero de todo los impuestos. Y en sus recientes vacaciones salieron de sus bolsillos US$ 50 mil para el alquiler por diez días de la residencia en la isla de Martha`s Vineyard, en Massachusetts. Lo mismo hace frente al colegio de sus dos pequeñas hijas y numerosos gastos particulares de la familia.
En su última declaración de impuestos, antes de ser el inquilino de la Casa Blanca, señaló ingresos por un total de US$ 1.300.000 anuales, gran parte producto de la venta de los libros de su autoría. La casa de Chicago, donde vivía hasta que se trasladó a la capital, con un terreno vecino, está avaluada en US$ 1.600.000.
En tanto, los hombres de mayores ingresos, entre los exclusivamente consultados o surgidos de indagaciones en oficinas, son el presidente de la cadena de hoteles con el apellido familiar, JW Marriot Jr. con US$ 10 millones y el jugador de hockey del equipo Washington Capital, Alexander Ovechkin, de 23 años, con US$ 9 millones.
El hombre, de raza negra, que nos saluda a diario como grandes y viejos amigos, en el cruce de la calle 15 y F, paradójicamente frente a las puertas de la Reserva Federal, a la vez que nos agita el vaso, en el cual depositamos un "quarter" (25 centavos de dólar), nos confesó que suma 20 dólares cada jornada, que podrían ser más si no fuera por el clima, el frío o nevada insoportable, o en verano, con casi 40 grados al rayo del sol.
La secretaria de Obama, Katie Johnson, de 27 años, recibe US$ 75.000, el reverendo Patrick Riffle, también de 27 años, cobra por su tarea eclesiástica en la zona US$ 22.254.
El presidente de la Asociación Nacional del Rifle, Wayne R. La Pierre, de 59 años, ejecutivo de la organización creada hace 140 años para defender el derecho de adquirir y portar armas de fuego (sostienen que defienden los derechos humanos), aparece con un salario de US$ 673.617.
Wendy R. Mackall, 25 años, una bombera de Montgomery County, próximo a Washington, gana en cambio US$ 50.868. Bryan Christopher Heburn, barman de 27 años, recibe US$ 45.000. Afa Ishmsel, maestro asistente en la Universidad de Georgetown US$ 18.586, mientras que la flamante integrante de la Suprema Corte de Justicia, la latina Sonia Sotomayor, de 55 años, figura con una retribución de US$ 208.000 por año.
Edwin Zechman, de 61años, que es el presidente del Centro Médico Nacional para Niños, US$ 2.100.000 y Gustavo Carpio, de 55 años, lustrador de zapatos US$ 32.000.
Todos los ingresos mencionados están obligados a pagar sus impuestos federales y estatales y obviamente el IVA, en el entorno al 6%.
La escala nacional va promedialmente de 25 a 40% sobre el ingreso. Hasta US$ 8.350 se paga el 10%, y de US$ 372.000 en adelante 40%. Hay deducibles por créditos, donaciones, etc... En general nadie se salva de cumplir con el fisco, eludirlo resulta seriamente riesgoso y las rejas pueden esperar al evasor.
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