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MIGUEL CARBAJAL
La noticia explotó en Montevideo al iniciarse la mañana del 8 de julio de 1978. El primero que la detectó fue Martín Aguirre Gomensoro y también fue el primero en concederle importancia. Parecía un error informativo. Hablaba de la quema en museo de Rio de Janeiro de un patrimonio del período constructivo de Torres-García situado en las 73 piezas.
El dato no parecía serio porque un reservorio de semejante magnitud sólo existía en París adonde había marchado en 1971 una exposición de Torres-García, que no volvió porque el gobierno de la época no encontró los fondos suficientes para el viaje de regreso y se lo suponía bien custodiado en almacenes franceses.
Aguirre insistió en el tema, además, porque la noticia venía emitida por AP, una agencia con altos índices de certeza. No pudo ser corroborada en lo de Ángel Kalenberg, director del Museo de Artes Visuales, quien debía estar informado de lo sucedido. Era sábado, y por motivos religiosos la familia no contestó el teléfono. Sí lo contestaron en lo de Torres. Vivían entonces Manolita, Ifigenia, Augusto (residente en Europa) y Olimpia, flamante viuda. Allí se corroboró la infausta nueva: lo que se había incendiado, en realidad, era la muestra íntegra de Francia, reenvidada casi en secreto, y sin pagar seguro, a Rio, para abaratar los costos del traslado. AP no lo adjetivó pero se trataba de la peor tragedia de la cultura uruguaya. En términos artísticos fue una especie de holocausto.
Ese mismo día dos uruguayos recorrieron las instalaciones devastadas, los pisos todavía humeantes y el tórrido clima del Museo de Arte Moderno de Rio. Uno de ellos, quien esto escribe, en su calidad de enviado de El País-Mundocolor. El otro era Yuyo, en su condición ecléctica de amigo de la familia, tutor, curador y sobre todo representante.
Lo de Goitiño no era una elección casual, además, aunque no figurara entre los siete discípulos de oro del Taller que estudiaron con el propio Torres. No sólo estuvo siempre muy cerca del clan sino que fue un integrante de la Escuela de una regularidad, una fidelidad -y los años demostrarían también- un rigor, infrecuentes. Proviene de una familia notoria. Y cuando los dos únicos uruguayos que estuvieron en el incendio de Rio se encontraron, reeditaron un curioso pasado en común: compañeros de escuela en un departamento del interior y una misma afición por el dibujo, aunque en el caso del periodista esa inclinación no dejó rastro de interés, fuera de la pasión por la pintura. La hermana mayor de Yugo fue Nelly Goitiño, uno de los pilares del teatro independiente uruguayo y luego una figura importante de la cultura nacional. Con otra hermana abogada, hermano pintor (Miguel), que murió en "Libertad" como preso político, casado con Marta Morandi, destacada miembro del Taller, Yuyo se convirtió en la grifa misma de ese movimiento plástico. Se inició con Manolo Lima, estudió con Gurvich e ingresó en el Taller en 1956. Habitante de la famosa pieza del Puerto, ubicada en 25 de Agosto 562, hoy destruida -en la que supieron vivir la bohemia Fonseca, Gurvich y Alpuy-, Goitiño se empecinó en mantenerse en una segunda línea de exposición, hasta que Adolfo Maslach le colocó un reflector encima y se lo iluminó a Tejería. Insiste en no realizar individuales. Pero su carrera ha pegado un salto cuantitativo importante.
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