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La ministra de Salud Pública reiteró una vez más que el diálogo, la simpatía, el respeto y la tolerancia no son -ni por asomo- virtudes que la adornen con generosidad.
Eso la ratificó recientemente cuando fue interrogada por un periodista sobre dichos del candidato colorado a la presidencia, Pedro Bordaberry acerca del selectivo y "compañero" reparto de preservativos pagos con fondos estatales para publicidad electoral.
Sin ningún pudor, se limitó a contestar que "yo con hijos de dictadores no hablo". Gracioso, porque parece que lo que le molestan son los hijos y no los dictadores. Con ellos no tiene ningún pudor a la hora de hablar. Y si no que lo diga el tiranosaurio del Caribe, Fidel Castro, con el que ha tenido largas charlas y, lo que es peor, al que tanto admira.
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