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Crisis. Cae aval al mandatario; polémica reforma de la salud
DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
Obama dará un fuerte golpe de timón para detener la caída de popularidad y confianza en la gestión de gobierno. El miércoles 15, hará una larga exposición ante el Congreso que será trasmitida en cadena de radio y TV a todo Estados Unidos.
Obama viene precipitándose en una pronunciada cuesta desde que ingresó a la Casa Blanca con un espectacular apoyo ciudadano: 70%. En abril los sondeos le adjudicaron un 67%, luego en julio 63% y una reciente encuesta de CNN, ABC, Gallup y otras conocidas cadenas, señalan 50% a favor y 47% en contra en el sentir popular.
Ahora, cerrado prácticamente el verano, que marca el retorno de las vacaciones, entre ellas 10 días de la familia Obama y el martes próximo el levantamiento del receso parlamentario, el presidente decidió salir al cruce de la fuerte oposición que han despertado varios asuntos que dominan la gestión de su administración, en especial, su "ícono" para este período de gobierno: la reforma de la salud.
La figura de Barack Obama mantiene su atractivo en la gente, su carisma, aun ante la acentuada baja del sentimiento de fuertes sectores de la población, que hasta hace poco aplaudían cada uno de sus pasos, renace con su palabra y su discurso.
Pero, los problemas se suman y no se observan resultados demasiado positivos en temas como el mencionado de la salud, la educación, energía y especialmente el económico, el que más cerca toca el bolsillo de los 300 millones de habitantes.
Se señala por los expertos, con el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke como vocero principal, que la crisis ha tocado fondo y se inicia una lenta recuperación. Hay cifras que confirman esos vaticinios optimistas. El PBI se sitúa en porcentajes mejores que el deterioro proyectado, el consumo -tradicional motor de la economía- exhibe índices de una leve mejoría, subieron -aún con cifras bajas- los pedidos de construcción y los bancos han reintegrado en su mayoría, en una buena señal, los estímulos millonarios otorgados por el gobierno, aunque sin acompasarlos con una apertura de las líneas de crédito. Siguen, en cambio, sin invertir la espiral descendente, aunque aminorada, la desocupación, la alicaída masa de ingresos de los hogares y no sale de la oscuridad el altísimo déficit público, estimado en 9 billones de dólares.
Sin duda, percibe el presidente Obama que se aproxima un otoño caliente. El proyecto de la salud ha despertado serias resistencias en las propias filas legislativas demócratas y obviamente en la casi unanimidad republicana y en fuertes núcleos de la población, algunos afirmados en una línea de resistencia muy severa.
Ante ese panorama de tropiezos, los legisladores que salieron a recorrer este gigantesco país, buscando el calor de sus propios estados, se encontraron ante un clima de "lucha" no esperado. Hubo que suspender foros y asambleas públicas antes que terminaran en batallas campales. Aparecieron paredes y carteles en los árboles con la "esvástica". Le ocurrió al diputado demócrata de Georgia, David Scott en una asamblea pública a favor del proyectado sistema sanitario. Terminó en escenas de pugilato. El parlamentario, también oficialista, Brian Baird, recibió una foto del presidente Obama desfigurada con el aspecto de "Guasón", el enemigo de Batman, con una inscripción acusándolos de "¡Comunistas!". Un diferendo parecido le ocurrió en Dakota del Norte al senador Ben Cardin, que antes había recibido cartas con amenazas.
El discurso de Obama marca, desde su campaña electoral, que su meta es lograr el seguro de salud para todos los habitantes. En la actualidad existen en Estados Unidos 48 millones de personas sin cobertura médica, por desempleo, por ser inmigrantes ilegales, por salarios mínimos, por no estar inscriptos por los empleadores, etc. El mandatario quiere extender el seguro sin dejar a nadie afuera. Y en principio se ha manejado en discursos, charlas y pre proyectos legislativos, la creación de una opción pública para abarcar a los millones de desamparados de la salud.
Apenas se publicitó la idea fue como si estallara un polvorín. Los republicanos, demócratas moderados, independientes (que se estima llegan a un 39% que dio apoyo a Obama) y grandes grupos de personas, "saltaron como resortes", bajo el unánime grito: ¡No más estatización y poder a Washington! Se organizó de inmediato la resistencia, dura, en todo el país.
En tanto las noticias de la política exterior también son negativas. En Afganistán, uno de los caballos de batalla de Obama ("es una guerra necesaria", dijo repetidamente), los extremistas talibanes han incrementado su poder bélico y se suceden atentados y muertes de la población afgana y de soldados de la coalición que integran EE.UU. y la OTAN. En Irak, desde el retiro que continúa de los marines americanos, han recrudecido los ataques suicidas con efecto devastador, las fuerzas iraquíes no están preparadas para mantener el control y la seguridad del país. E Irán, con cuestionadas recientes elecciones presidenciales, no da respuesta al "ultimátum" de Obama para iniciar el diálogo antes del 15 de setiembre sobre el armamentismo nuclear. Falta todavía el conflicto de Cercano Oriente, para el cual el presidente estadounidense proyectó un encuentro en la próxima semana, en Nueva York, entre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente palestino Abbas, con idea de lanzar nuevas conversaciones de paz para la región.
Sin duda, un "puzzle" de problemas que golpea la puertas de la famosa Casa Blanca. Obama el miércoles intentará calmar el caldeado clima interno, atraer a los descontentos hacia su cuestionado paquete de proyectos, buscar apoyo para salir a flote de la todavía acuciante crisis económica, mejorar el desempleo, achicar el gasto federal y ver otra vez gestos de alegría, como los que lo recibieron en el centro de Washington, el 20 de enero cuando asumió la presidencia de la primera potencia del mundo. Por cierto, una tarea nada fácil.
50% Es el apoyo que tiene en la actualidad el presidente Barack Obama, según la última medición de Gallup, CNN y ABC.
70% Era el nivel de aprobación del presidente estadounidense cuando llegó a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2009.
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