Montevideo: soleado  l  Temp:20ºC  l  Ampliar pronóstico
Inicio   l    Último Momento   l   Edición Impresa   l   Ediciones anteriores   l   Mi registro   l   Contacto
Poner EL PAIS como página de inicioPoner EL PAIS como favorito
Domingo 06.09.2009, 00:47 hs l Montevideo, Uruguay
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 4 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
 

Internacional

División y polémica por el lado oscuro de la guerra al terrorismo

En Europa hay rechazo a la tortura, pero en EE.UU. las posiciones se muestran divididas

LONDRES Y NUEVA YORK | THE ECONOMIST

Jack Bauer hace todo lo necesario para salvar a Estados Unidos del desastre nuclear, biológico o informático. Semana tras semana, el héroe de "24" actúa de manera brutal y sobrelleva la brutalidad, por el bien general. Es un signo de los tiempos actuales que la serie abrió este año con la comparecencia de Bauer ante una comisión del Parlamento para enfrentar acusaciones de haber incurrido en tortura.

No se arrepintió. El personaje de televisión, que apareció por primera vez en 2001, aunque resulte sorprendente, ha estado en el centro de los argumentos sobre la conducta de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Quienes lo critican en el Ejército de Estados Unidos se han quejado de que alienta a los jóvenes soldados a abusar de los prisioneros. Quienes lo defienden, como el integrante de la Suprema Corte de Justicia, Antonin Scalia, lo elogian por el episodio en el que salvó a la ciudad de Los Angeles de un ataque nuclear, pese a que ello significó armar el simulacro de ejecución de la familia para lograr que un villano de Medio Oriente hablara. "¿Algún jurado estaría dispuesto a procesar a Jack Bauer? No lo creo", respondió Scalia.

En contraste con los europeos, quienes se oponen con firmeza al uso de la tortura, el público estadounidense está dividido sobre su uso para obtener información de terroristas. Pero, el presidente Barack Obama tiene una posición definida. No bien prestó juramento, prohibió la tortura, dejó de lado las opiniones de juristas que permitían el ahogamiento simulado y otros duros métodos, ordenó a todas las agencias de inteligencia estadounidenses que cumplieran con el manual sobre interrogatorios del Ejército, anunció que cerraría la prisión de la Bahía de Guantánamo en un año y dispuso varias revisiones de políticas en materia de detención e interrogatorio. "Desde Europa hasta el Pacífico, hemos sido la nación que cerró las cámaras de tortura y reemplazó la tiranía por el imperio de la ley", dijo Obama, en mayo. Dick Cheney, que fue vicepresidente en los gobiernos de George W. Bush, se mofó de esa proclama y la calificó de "irresponsabilidad encubierta por probidad".

Muchos creyeron que el triunfo electoral de Obama finalmente definiría la polémica sobre el "lado oscuro" (como una vez lo llamó Cheney) del contraterrorismo, una oscuridad oculta en prisiones secretas, interrogatorios abusivos y la "entrega" de prisioneros a países que practican la tortura. El marco legal distorsionado que trató a los sospechosos de terrorismo ni como criminales ni como prisioneros de guerra, dejándolos sin protección en una zona gris entre la Justicia Civil y Militar, sería corregido, según la esperanza de muchos liberales.

En abril, contra los deseos del actual y anteriores directores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Obama difundió tres memorándum secretos del Departamento de Justicia, redactados en 2002 y actualizados en 2005, que declararon legal el uso de técnicas "realzadas" de interrogatorio por la CIA, como es el ahogamiento simulado, impedir el sueño, lanzar al detenido contra una pared divisoria, posiciones estresantes, y prácticas extrañas como colocar "a un prisionero de alto valor" en un ámbito reducido con un insecto para explotar su fobia a las alimañas. Reveló que uno de los detenidos, Khaled Sheikh Mohammed, el líder operativo de los ataques del 11-S contra Estados Unidos, fue sometido al ahogamiento simulado 183 veces.

Obama dijo que no buscaba el procesamiento de quienes operaron en función de esas reglas. Sabe que si actúa contra los que realizaron los interrogatorios podría ser acusado de buscar chivos expiatorios. Si persigue a los jefes de la CIA podría ser acusado de socavar la seguridad de Estados Unidos y si investiga a los jerarcas del gobierno de Bush, daría la imagen de conducir una caza de brujas contra sus rivales políticos. "No ganaremos nada si dedicamos el tiempo y la energía a echar culpas por el pasado", argumentó.

Sin embargo, el pasado proyecta una larga sombra. Algunos de los que apoyan a Obama quieren una Comisión de la Verdad que establezca lo que pasó y, quizás, recomiende procesamientos. El Parlamento está enojado porque la CIA no le dijo de un programa secreto (puede tener relación con el asesinato de terroristas), aparentemente bajo órdenes de Cheney, lo que pondría a éste un paso más cerca de una investigación. El procurador general, Eric Holder, designó a un Fiscal Especial para investigar a quienes llevaron a cabo los interrogatorios, que se excedieron de los laxos límites fijados por los llamados "memorándum de la tortura".

PROBLEMAS. ¿Cómo afectará todo esto las futuras operaciones de inteligencia? Algunos admiten que la CIA y otras agencias enfrentan su peor crisis desde las investigaciones posteriores al escándalo de Watergate, en la década de los 70, que encontraron pruebas de espionaje a estadounidenses y planes para asesinar a líderes extranjeros. "Sin duda, hay cierto nerviosismo", indicó una alta fuente. "No impide seguir actuando, pero hace que uno piense dos veces y hable con su abogado".

Gran Bretaña tiene problemas similares a raíz de su estrecha relación con Estados Unidos. Sus agencias de inteligencia son arrastradas a la luz legal, no por haber torturado a sospechosos, sino supuestamente por colusión en el maltrato de otros, ya sean estadounidenses, paquistaníes o marroquíes. Un integrante del MI5, el servicio de inteligencia interior británico, está bajo investigación policial.

De manera creciente, se consulta a los abogados para que revisen la información de inteligencia británica antes de que pueda ser pasada. ¿Dar el nombre de un sospechoso a Estados Unidos llevará a que éste sea muerto por un avión teledirigido en Pakistán? ¿Compartir un número telefónico con espías egipcios, llevará a la detención y tortura de una persona, que sólo debería ser vigilada? ¿Presentar preguntas a ser formuladas a un hombre detenido a una prisión extranjera significará que los agentes británicos serán considerados responsables de cómo sea tratado?

Los agentes se muestran más recelosos de interrogar a los detenidos en el exterior por temor a que puedan ser culpados de cualquier abuso. Se disparó el número de solicitudes de jerarcas del MI6 (el servicio de inteligencia exterior de Gran Bretaña) de la cobertura legal conocida como "Artículo 7", por el cual el Ministro de Relaciones Exteriores aprueba las acciones que son legales en Gran Bretaña.

Muchos de los problemas de las agencias británicas están representados por el caso de Binyam Mohamed, un etíope que buscaba asilo en Gran Bretaña, quien dejó de consumir drogas después que volvió a descubrir al Islam. Viajó a Afganistán, que estaba bajo dominio Talibán para ver el funcionamiento de un Estado islamista. Allí tuvo algún tipo de entrenamiento militar -dijo que era para ayudar a la resistencia en Chechenia y no para combatir a los estadounidenses. Fue detenido al intentar salir de Pakistán, en 2002, con un pasaporte falso. Lo golpearon en prisión, donde fue visto por integrantes del FBI y el MI5. Después, fue trasladado por los estadounidenses a Marruecos, donde dice que fue torturado en interrogatorios por un hombre llamado Marwan, que lo amenazó con un filoso cuchillo en el pecho y el pene, mientras le hacía preguntas que claramente le había dado el MI5.

Las autoridades británicas sostienen que una vez que Mohamed salió de Pakistán, no conocieron su paradero ni las condiciones de su detención. Todas las preguntas fueron planteadas a través de los estadounidenses. Gran parte del programa de detenciones e interrogatorios secretos de Estados Unidos fue formalmente ocultado a sus aliados. Pero, las historias de prisioneros sometidos a abusos por los estadounidenses ya circulaban en 2002. Jerarcas británicos expresaron preocupación ante lo que vieron.

Mohamed dice que fue bajo tortura que admitió haberse reunido con Osama Bin Laden y participado de los planes que incluyeron la detonación de una bomba sucia. De eso lo acusarían cuando llegara a Bahía de Guantánamo, a través de una prisión secreta en Afganistán. Pero, al igual que en muchos otros casos, Mohamed quedó en libertad en febrero del corriente año, sin ser acusado.

IMPACTO. Por estos días, las agencias de inteligencia están siendo interrogadas. La Justicia, sospechosa de lo que pueden estar ocultando, reclama más revelaciones. Una fuente de información ha sido la sucesión de solicitudes de documentos oficiales, incluyendo los "memorándum de tortura", en función de las normas de libertad de información, presentada por la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU, según su sigla en inglés).

La controversia muestra hasta qué grado la tortura y otras duras formas de interrogatorio -pese a que pueden haber sido abandonadas- enturbian el trabajo legítimo de contraterrorismo. Fuentes estadounidenses señalan que en los últimos años del gobierno de Bush, las agencias europeas, preocupadas porque podían quedar atrapadas por las prácticas abusivas de Estados Unidos, se mostraron reticentes a compartir información de inteligencia. Ahora, los socios de Estados Unidos pueden retraerse por temor a que ese país no pueda proteger su información. Las autoridades lamentan que los engranajes de Occidente para compartir información estén chirriando, aunque los datos de planes que amenazan la vida aún son compartidos con rapidez.

Dos figuras de primer nivel en fuerte discusión

La designación de un Fiscal para investigar abusos a detenidos, hizo estallar a la luz pública los conflictos que existían desde hace tiempo entre la CIA y el Departamento de Justicia, amenazando las relaciones entre dos jugadores cruciales del equipo de seguridad nacional del presidente Obama.

La tensión entre las agencias complica la manera en que el gobierno maneja temas delicados de la seguridad nacional, especialmente el seguimiento y detención de sospechosos de terrorismo, en el exterior. En julio, el director de la CIA, Leon Panetta intentó frenar la investigación, dijeron fuentes del gobierno. Envió al principal abogado de la CIA, Stephen W. Preston, a persuadir a asesores del procurador general, Eric H. Holder, para que abandonara los planes de una investigación. Preston sostuvo que muchos de los casos contra funcionarios de inteligencia tenían vicios legales y que ya hubo investigaciones que no dieron base a acusaciones.

Pese a la presión de la CIA y el deseo expresado por la Casa Blanca de no detenerse en el pasado, Holder continuó con las investigaciones que establecerán si los agentes violaron la ley en sus brutales interrogatorios. THE NEW YORK TIMES

Cómo se unen los granos de arena

Compartir información es vital. Estados Unidos, con sus vastos recursos, se ha convertido en el principal repositorio de información sobre el terrorismo global. Si bien Gran Bretaña tiene servicios de inteligencia que están bien considerados, obtiene más de la mitad de los informes sobre el terrorismo de otras agencias, principalmente las estadounidenses. Casi la mitad de los informes de inteligencia estadounidenses sobre Al Qaeda hasta 2006 provenían de detenidos.

Michael Hayden, que fue Director de la CIA desde 2006 y hasta comienzos de este año, escribió, en abril, que los nuevos métodos de interrogatorio permitieron a la agencia capturar a un terrorista tras otro. Abu Zubaydah fue obligado a dar información que derivó en la detención de Ramzi Bin Al Shibh (uno de los que planificó los ataques del 11-S), que, a su vez, llevó a la captura de Khaled Sheikh Mohammed (eso permitió frustrar una segunda ola de ataques con aviones contra Los Angeles). Puntualizó que de las mil personas detenidas como "combatientes ilegales", menos de 100 quedaron bajo el programa de interrogatorios de la CIA y menos de un tercio de éstas fueron sometidas a las nuevas técnicas. A tres les practicaron el "ahogamiento".

El ex vicepresidente Cheney afirmó que si no hubo nuevos ataques contra Estados Unidos, ello fue gracias a las políticas de su gobierno, incluyendo las técnicas de interrogatorio.

Personas familiarizadas con el funcionamiento de los servicios de inteligencia sugieren una historia más ambigua. Argumentan que la tarea de inteligencia es unir los fragmentos de información y construir diagramas de conexiones entre los sospechosos. "La inteligencia son granos de arena. Habitualmente no se tiene toda la playa", dijo un agente veterano.

Jerarcas de inteligencia dicen que los detenidos, bajo interrogatorio, proveen tantos o más puntos de información sobre el terrorismo que otras fuentes, incluyendo señales y agentes. La pregunta que nadie puede responder es la cantidad de información que podría obtenerse sin torturar.

El País Digital

 ¿Encontraste algún error? Comentar esta noticia« volver  
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 4 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
Compartir:

No salgas a la calle
sin saber de qué se habla...

ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 9020115 int. 184/186
Zelmar Michelini 1287, piso 5, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2012