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Dualidad. Quiere forjar seguridad europea, pero da suministros bélicos a Irán
MOSCÚ | NEWSWEEK
¿Por qué el presidente Dmitry Medvedev actúa como un líder responsable en la conferencia del G8 y habla sobre la nueva arquitectura de seguridad europea, como hizo en abril, y después amenaza con emplazar misiles en la frontera con Polonia?
¿Cómo es posible que Rusia haya estado junto a las democracias del mundo, apoyando las últimas dos sanciones a Irán en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero también provee a Teherán con miles de millones de dólares en sistemas de defensa de misiles, un reactor nuclear y submarinos?
La aparente actitud recalcitrante de Rusia no es una simple manifestación de perversidad o resentimiento, sino el reflejo de una visión particular del mundo. Cuando se habla con ciudadanos rusos de diferentes actividades sobre cómo ven el lugar de su país en el mundo, se escucha la misma palabra : respeto.
Los rusos sufrieron intensa humillación en los dolorosos años entre 1980 y 2000, a medida que su imperio fue derrotado en Afganistán y luego se desmoronó. No lo han olvidado. Moscú sigue viendo a la diplomacia como un juego donde cada encuentro internacional -hasta el supuestamente amistoso Certamen de la Canción de Eurovisión- se convierte en una prueba del orgullo y el poder de Rusia. Esto ayuda a explicar la amistad de Rusia con gobiernos anti estadounidenses como los de Venezuela, Siria e Irán. Parecería que, en la actualidad, Rusia está dispuesta a juntarse con cualquiera, en la medida en que fortalezca sus credenciales como el líder de un "mundo multipolar".
El Kremlin estima que muchas políticas de Occidente tienen el olor de la hipocresía y la falta de voluntad para tomar en consideración los puntos de vista rusos. Por ejemplo, la decisión de Rusia, el año pasado, de reconocer a Abjasia y Osetia del Sur como estados independientes después de su guerra con Georgia -fue visto por Occidente como una manera de desgarrar a Georgia y castigar a su presidente pro occidental, Mikhail Saakashvili por su deseo de incorporarse a la OTAN- fue expuesta por los rusos como la defensa humanitaria de minorías oprimidas por Saakashvili. Desde esa perspectiva, fue similar a la intervención de la OTAN en Kosovo, en 1999, para salvar a los albaneses oprimidos por Serbia, a la que Rusia se opuso.
ESTRATEGIA. Esto ayuda a explicar por qué el primer ministro Vladimir Putin ha trabajado tanto, desde que llegó al poder en 2000, para restablecer la estatura global de Rusia y su papel de indiscutida potencia regional. Casi todas las grandes decisiones tomadas en la última década -los gastos militares fueron quintuplicados y el poder del Kremlin fue brutalmente centralizado- pueden ser vistas como un medio de alcanzar esos objetivos. La guerra contra Georgia es el ejemplo más obvio y contundente de las prioridades estratégicas.
La prioridad es impedir que intrusos extranjeros tomen más partes del patio trasero de Rusia. Hasta las políticas del Kremlin orientadas lejos de sus fronteras pueden ser vinculadas a este impulso fundamental. Rusia se ha convertido en el punto de encuentro de los regímenes anti estadounidenses de Venezuela, Cuba, Siria y Sudán, no sólo porque piensa seriamente que puede restablecer su estatus de jugador mundial, sino también porque tiene la esperanza de forjar una gran transacción con Washington respecto del antiguo espacio soviético. Tomadas por separado, ninguna de estas alianzas tiene sentido, pero sí lo tienen si permiten a Moscú lograr un acuerdo con los estadounidenses para actuar como nexo con sus amigos parias como Siria.
La idea de una "esfera de influencia, o lo que el presidente Medvedev, con un poco más de tacto, llama "la zona de intereses especiales", en realidad, es una versión reducida del viejo imperio.
El Kremlin parece haber comprado su propia retórica y se ha convencido a sí mismo que Rusia es una gran potencia y merece ser tratada como tal. "Los problemas del mundo no se resuelven sin consultar a Rusia", dice Mijail Gorbachov. Pero, le guste o no, está equivocado. Rusia todavía tiene armas nucleares y reservas energéticas. Pero, carece de la capacidad para impulsar su poder militar más allá de sus fronteras. El ruido de sables del Kremlin empujó a antiguos aliados como Belarús y Ucrania a los brazos de Occidente.
El punto clave es si, a medida que su poder sigue reduciéndose, Rusia podrá aceptar la pérdida de su imperio y reconocer el derecho de sus ex colonias a hacer las opciones estratégicas independientes. Por ahora, no surgen indicios de que haya dejado el pensamiento imperial.
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