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Legítima defensa. Comerciantes no pueden sacarse de encima los recuerdos del día en que tiraron del gatillo para defenderse El Centro de Atención a las Víctimas lleva 1.000 intervenciones
VIVIANA RUGGIERO
Rafael y Juan, comerciantes y víctimas de una situación límite, decidieron matar antes que morir. Lo hicieron en defensa propia. Los dos quieren olvidar lo que sucedió, y confiesan sentir miedo de que la situación se vuelva a repetir.
"Yo nunca quise sacarle la vida a nadie, además estoy arrepentido", recuerda consternado Juan, quien desde hace tres años tiene un almacén muy humilde en la zona de Villa García. Dos delincuentes intentaron rapiñarlo en octubre de 2008. Pero el atraco terminó en tragedia, porque Juan mató a uno de los ladrones.
Un caso similar es el de Rafael, dueño de la carnicería "Panpim", ubicada en el Cerro. En la víspera del 1° de mayo pasado, dos delincuentes ingresaron a la carnicería y uno de ellos terminó sin vida.
Es frecuente la pregunta ¿qué haría yo en una situación similar? Para responderla hay que vivirlo, de hecho Juan y Rafael, nunca se imaginaron que matarían.
Las consecuencias son muchas, aunque una de las primeras es el fallo de la Justicia. Es ella que decide quién lo hizo por "legítima defensa" y quién terminará tras las rejas.
JUSTICIA. Ambos comerciantes no fueron a prisión porque los jueces de las causas entendieron que dispararon por "legítima defensa". La figura está establecida en el artículo 26 del Código Penal, que rige en Uruguay desde el año 1934. El artículo señala que quien "obra en defensa de su persona o derechos, o la persona o derechos de los demás" debe ser eximida de responsabilidad penal.
No obstante, la legislación uruguaya establece tres condiciones fundamentales para aplicar la figura de la legítima defensa: la existencia de una agresión ilegítima, la necesidad racional del medio empleado para repeler o impedir el daño (por ejemplo, no se contemplan situaciones en las que se balea a un delincuente que se encontraba desarmado) y la falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende.
Cuando una de estas condiciones no se cumple, se configura "legítima defensa incompleta", que opera como atenuante del delito correspondiente, ya sea, "homicidio" o "lesiones".
El juez Rolando Vomero explicó a El País que lo más difícil de definir es "la racionalidad" del medio empleado que utiliza una persona para defenderse.
"Si bien el artículo 26 es la base de las cosas que tenemos que analizar, nosotros como jueces tenemos que estudiar minuciosamente caso a caso y ver cómo se dio la situación, cómo estaba amenazado y qué opciones tenía para defenderse", explicó Vomero.
El juez destacó la importancia de las reconstrucciones para casos como estos.
"Muchas veces nos dicen que el homicidio fue en un almacén y después cuando vamos al lugar resulta que es una pieza de dos por dos. Entonces si vos tenés a un rapiñero apuntándole a tu hijo a un metro de donde estabas vos es difícil no actuar. Esos detalles tenemos que tenerlos en cuenta para juzgar", ilustró. Como todos los días, el 15 de octubre de 2008 Juan abrió su humilde almacén a las 8.30 de la mañana. Media hora más tarde, mientras atendía a una vecina y su pequeño hijo, dos delincuentes ingresaron exigiendo el dinero. Uno de ellos apoyó un arma en la cabeza del chiquito, amenazando con disparar.
Violentos, sin mediar palabra tomaron el dinero y cuando se disponían a huir, Juan disparó. Uno de ellos, José Nicomedes Perdomo, cayó muerto a los 20 metros. Lo alcanzaron dos disparos.
"Un año después no sé si lo que sentí en ese momento fue rabia, impotencia o indignación. Pero terminé matando un ser humano como yo", dijo Juan a El País, aunque prefiere no recordar. Lo que desea es borrar de su vida ese día para poder seguir adelante.
Un cartel de cartón escrito a lapicera con el mensaje: "Sonría lo estamos filmando", y una pequeña cámara que apunta a la caja, reflejan la inseguridad que quedó en el lugar.
Juan confiesa que nunca pensó en cerrar el comercio, pero siente miedo y todos los desconocidos que entran son sospechosos para él.
"A partir de ese momento cerré un poco más el local porque era un almacén de campaña, estaba todo abierto y cualquiera se metía por cualquier lado", explica.
Es que Juan nació en Salto, en pleno campo y llegó a Montevideo creyendo que la capital era igual. Vendió chatarra y fue albañil. Cuando compró el terreno en Villa García iba a poner una barraca, pero al final terminó siendo el dueño del almacén del barrio.
Todos los clientes que llegan son llamados por su nombre, reciben algún chiste o piropo. Juan atiende de buen humor, transmite alegría y tiene confianza en los vecinos. "Es fiado Juan", es una frase que se escucha seguido en el comercio.
"El apoyo que recibí de los vecinos ese día fue increíble. Cuando me llevaron al Juzgado fueron a darme fuerza vecinos que nunca había visto en mi vida y cuando volví para el barrio vine escoltado por una caravana. Fue muy emocionante, mire para atrás y venía una fila de autos", recuerda con ojos brillosos. El comerciante asegura que cree en la Justicia y dice que no seguiría vivo si hubiera ido a la cárcel.
"Yo dije exactamente como fueron las cosas. Siempre me trataron muy bien pero yo le dije a mi familia que si marchaba no llegaba a la cárcel porque antes me moría", concluyó.
LA VENCIDA. El refrán se cumplió para Rafael. Tres veces rapiñaron su carnicería, pero la última terminó con un delincuente muerto. La tragedia fue el 30 de abril, víspera del feriado del 1° de mayo. En "Pampin" se trabajó duramente ese día y había dinero en la caja. El detalle no fue inadvertido por los delincuentes que al caer la noche dieron el golpe. En ese momento no había clientes, sólo Rafael y su señora. Uno de los sujetos se acercó al mostrador y empuñó un arma, amenazó y exigió el dinero.
El carnicero intentó tomar el revólver calibre 38 que llevó al local luego de la segunda rapiña, pero la maniobra fue advertida por el delincuente, que efectuó un disparo contra el comerciante. El proyectil impactó contra la pared de azulejos.
Rafael respondió abriendo fuego. El rapiñero que iba armado fue alcanzado por un disparo, caminó unos metros y cayó mortalmente herido en la vereda. En medio del episodio, la mujer sufrió un infarto y debió ser trasladada de urgencia. Luego de 15 días de recuperación, volvió a su hogar, pero ya no trabaja más junto a su marido por el trauma y pánico que le ocasionó esa noche.
"Yo sé que cuando tiré pensé en mi familia y en mí, pero yo fui a una escuela católica y siempre me ensañaron que no había que matar. Es un segundo. Se te cruzan miles de cosas, pero a la vez quedás como parapléjico", cuenta Rafael.
Después de esa noche colocó un portero eléctrico en la puerta de la carnicería, siempre está acompañado por algún vecino o familiar y a la noche su hija lo pasa a buscar en el auto para volver a su hogar.
Al igual que Juan, Rafael nunca pensó en cerrar la carnicería y cuenta con orgullo que fue una de las primeras que se instaló en el Cerro. Fue fundada en 1942 y fue pasando de generación en generación.
Rafael vivió toda su vida en el Cerro. Es más, supo defender la camiseta de ese cuadro de fútbol. Además jugó en Danubio, pero cuando su padre se enfermó se vio obligado a hacerse cargo del comercio. No se arrepiente, aunque afirma que su vida corre peligro todo el día, porque el barrio "es un desfile de la delincuencia".
"El barrio creció mucho, se hicieron muchos asentamientos que prácticamente rodean el Cerro. Los barrios Santa Catalina, Casabó, La Paloma, Federico Capurro no sabés lo que son y a la seccional no le da para cubrir todo eso, no dan abasto", sentenció.
AYUDA. El Centro de Atención a las Víctimas de la Violencia (CAVV), que depende del Ministerio del Interior, realiza una primera asistencia a rehenes de estas situaciones. Hasta el momento llevan 1.000 intervenciones en todo tipo de delitos.
El director del centro, Agustín Deleo, explicó a El País que las consecuencias muchas veces no se dan de forma inmediata al hecho, sino que aparecen con el correr de los días.
Las consecuencias son físicas como psicológicas. Las más comunes son: ataques de ansiedad, pánico, problemas de insomnio y trastornos gastrointestinales, entre otras.
"Nosotros hacemos el primer contacto y seguimos el caso de cerca pero le buscamos una red de tratamiento y de asistencia", comentó Deleo.
En casos como los que relata esta nota, el objetivo del centro es que los comerciantes vayan asumiendo su autocuidado y adquieran una mejor calidad de vida más allá del hecho traumático vivido.
"Nosotros tenemos que lograr que el daño que le causa el hecho sea el menor posible", indicó Deleo.
Es una injusticia que vos estés trabajando y además de sacarte todo te maten. Yo pasé mal, y a veces estoy durmiendo y sueño con todo lo que pasó. Quedás perseguido. Yo ahora, a todo el que entra lo miro mal, capaz que viene un muchacho que es más buena gente que yo pero está mal vestido y yo ya lo miro con desconfianza. No se puede trabajar esperando que te saquen un revólver", aseguró Rafael. El carnicero del Cerro reclama seguridad y afirma que la Policía hace lo que puede. "La Policía está saturada, entonces saquen el Ejército a controlar las calles. Yo no tengo ningún problema de que vuelva porque cuando estuvo no había ladrones y no molestaban a la gente trabajadora, a lo sumo te pedían el documento". Por otra parte, el comerciante resaltó el apoyo de los vecinos ante la difícil situación. "Una vecina juntó dos cuadernos de firmas", recuerda con orgullo.
Los primeros días cuesta dormir, pero después la vida sigue y uno va entrando en la rutina", asegura Juan. El comerciante dice que prefiere no recordar ese día pero que se le vuelve inevitable cuando ve pasar por el barrio a la familia y amigos del joven delincuente. "Nunca se metieron conmigo, ni me dijeron nada", aseguró. Juan, dice que el trance fue tan difícil para él como para su familia y que su señora no quiere escuchar hablar del almacén porque sabe que está "regalado". "Todavía sienten un disparo y corren hasta acá porque piensan si habrá sido para mí". Además, el almacenero reconoce que el barrio "está bravísimo". De noche atiende con rejas en la puerta y si ve que viene alguien desconocido lo atiende gritando desde el fondo. "La Policía anda por acá, yo los veo que pasan pero no pueden hacer nada, están regalados igual que uno".
A partir de ese día estamos más unidos que nunca porque en ese momento sentí que perdía todo, que el esfuerzo de tantos años y las ilusiones del futuro se iban por la borda. Nosotros nos casamos hace un año y la verdad que si algún día tenemos un hijo no lo traigo para acá ni loca porque estamos todo el día expuestos. Me encantaría poder hacer algo para trabajar tranquila pero más que contratar un servicio 222 no puedo hacer", confesó Virginia. Y agregó: "Miguel se pregunta si es bueno o no seguir teniendo un arma, pero también somos conscientes de que era nuestra vida o la de él". La joven pareja pensó en cerrar el local y dedicarse a otra cosa, pero sólo por unos breves instantes, porque son conscientes que no pueden bajar los brazos por una mala experiencia. "Lo que hay que hacer es cuidarse y estar atentos a los delincuentes que andan sueltos por la calle".
Almacén en Cerrito
Comerciante mata a ladrón
El 4 de noviembre de 2008, poco antes de la hora 21, un asaltante encañonó a una mujer embarazada que atendía un almacén. El dueño del local en Gral. Flores 3668, tomó una escopeta, disparó al maleante que murió en la puerta.
Asalto en Villa García
Rapiñero apunta a niño de 4
Ocurrió el 15 de octubre de 2008. El delincuente abatido fue José Nicomedes Perdomo, que había encañonado a un niño de 4 años. El almacenero le disparó al delincuente. Luego se entregó a las autoridades policiales. La Justicia dispuso su libertad.
Tiros en talabartería
asalto termina en balacera
Fue el 19 de agosto pasado, en un local de Francisco Echagoyen y José María Guerra. El dueño del comercio se enfrentó armado al delincuente e intercambiaron disparos. El ladrón herido logró escapar. Más tarde fue capturado y procesado.
Policía mata rapiñero
Durante atraco a local
Ocurrió el 19 de noviembre de 2008, en un almacén de Piedras Blancas. El rapiñero ingresó al local y amenazó a una mujer que alimentaba a su hijo. Su hermano, policía, oyó los gritos, tomó el arma y se enfrentó al maleante. Le disparó y dio muerte. Quedó en libertad.
La cerca electrificada
ladrón muere al ingresar
El 5 de febrero pasado, en Salinas. Wilfredo Hernández (29) tenía varios antecedentes. Entró a la finca para robar, pero cayó electrocutado por una cerca energizada. El dueño de la finca fue procesado sin prisión, con arresto domiciliario.
Linchado en Casabó
tres detenidos
El 17 de noviembre de 2008 el delincuente Milton Gómez (27), con varios antecedentes, fue hallado sin vida en Suecia y Oficial 17. La Policía identificó a tres hombres, dos confesaron haberlo matado porque les robaba. Fueron procesados por matarlo a golpes.
Carnicería del Cerro
rapiñero abatido en atraco
El 30 de abril en un comercio de Bulgaria y Berna, uno de los dos rapiñeros abrió fuego contra el carnicero cuando notó un movimiento sospechoso. El comerciante logró tomar su arma y dispararle. El maleante murió y el otro se dio a la fuga.
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