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El último caso de "legítima defensa" ocurrió el 19 de agosto en una talabartería de Maroñas. El dueño del local, Miguel, estaba con un cliente cuando ingresó un delincuente. Exigió el dinero y los obligó a tirarse en el piso mientras los apuntaba con el arma. El local es muy reducido y tiene una puerta vaquera que separa el salón de venta del taller donde trabajan los artículos que comercializan. Allí estaba la esposa de Miguel, Virginia, que cuando se percato de la situación llamó al 911.
Miguel logró escapar, corrió al taller y agarró su arma. Cuando se disponía a volver al salón comenzó un intercambio de tiros con el ladrón quien terminó herido.
Virginia contó a El País que sintió que el esfuerzo de tantos años y las ilusiones del futuro se perdían. "Hasta que no te toca no te das cuenta de la gravedad de los hechos y te sentís muy impotente"
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