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No fue porque "no le daban los tiempos" -como al parecer se habría justificado así ante Tabaré Vázquez- que Hugo Chávez se salteó su escala en Montevideo en su camino de Bariloche a Caracas. A otro perro con ese hueso.
Seguramente la razón de su oportuna inasistencia debe encontrarse en que algún frenteamplista confiable se lo haya sugerido. Porque en medio de una campaña electoral muy complicada para la culminación con éxito de las aspiraciones continuistas del oficialismo, la presencia del personaje hubiera resultado un pelotazo en contra.
Bien se dice que en América del Sur coexisten dos izquierdas. Una, liderada por el venezolano, que conquistó a los presidentes de Ecuador y Bolivia. Son socialistas trogloditas, tomando esta adjetivación en todas las acepciones que admite la Real Academia -esto es "que habita en las cavernas", "hombre bárbaro y cruel", "muy comedor" y "género de pájaros dentirrostros". La otra es la del socialismo moderno, también denominado "social demócrata". En nuestro país coexisten repartidos en la coalición de gobierno: tupamaros, comunistas, el Pit-Cnt, parte del Partido Socialista, por ejemplo, conforman la izquierda troglodita. Otros, parecen acercarse más a la social democracia. Pero hoy en día, la troglodita es abrumadora mayoría dentro de la coalición.
Sin embargo, al solo anuncio de la visita de Chávez, finalmente frustrada, los candidatos del Frente Amplio temblaron y se aprestaban a invocar agenda de campaña política para zafar del saludo. Es que dentro del Frente, todo está pegado con alfileres, y se mantiene así a los solos efectos electorales. Si ganaran las elecciones, aflorarán -como sucedió en este período- las diferencias ideológicas y de métodos políticos. Y si las pierden, o se fracturan, o se juntan para ponerle al nuevo gobierno el palo en la rueda.
Era sin duda un presente griego para todo el Frente. Si lo que Mujica pretende es posicionarse hacia el centro -"difícil que el chancho chifle" por utilizar una de sus expresiones favoritas -aparecer abrazado con Chávez sería la mejor manera para matar al chancho.
No hace mucho, lo recibió en reunión de confraternidad entre achuras, asado y vino. Pero ahora que es candidato y anda detrás de votos de gente que piensa con equilibrio, esas efusividades pueden significar un tiro de gracia a sus aspiraciones. Y en lo que refiere a su segundo, no se le conoce, por el momento, afinidades con el visitante que finalmente no nos visitó. Al contrario, por lo menos de la boca para afuera, Astori se manifestó siempre partidario del TLC con Estados Unidos -que Chávez, con esa insolencia propia para meter las narices en donde no lo llaman consideraba un sacrilegio- que terminó en un pálido TIFA, que no sirve para nada, todo a instancias de los trogloditas.
Chávez ha sido protagonista de varios episodios turbios. Se le involucra en el de la maleta de Antonini con 800.000 dólares con destino a apoyar a la candidatura de Cristina Fernández. La enormidad de los treinta y dos millones de dólares de la presunta exportación de libros por una empresa cuyo ingreso al país no se hicieron efectivos, más los acuerdos con Pedevesa, por diferentes razones huelen mal.
Y en mal momento hubiera aterrizado por acá, justo cuando se investiga la "exportación" mencionada precedentemente y una especie de Watergate en el despacho dentro del propio Palacio Legislativo, del senador Ruperto Long. Con relación a esto último, la Justicia tiene que investigar a fondo. Es por lo menos una casualidad que Mujica soltara sapos y culebras contra Long por hacer declaraciones públicas en las que no acusó nadie. Pero el parentesco de un ex director de la sociedad "exportadora" con la senadora Topolansky lo hizo saltar como un resorte y perder la calma una vez más.
La decisión de Chávez fue tomada con alivio en el seno del Frente. A nivel de gobierno, la actitud tomada por Uruguay en Unasur, se correspondió esta vez, con las tradiciones del país.
El Presidente y la Cancillería manifestaron no estar de acuerdo con la presencia de potencias extranjeras en el territorio continental, pero reconociéndole a Colombia su derecho a tomar las decisiones que involucran a su soberanía.
Era lo correcto. Y Chávez pierde cuando atropella contra el buen sentido.
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