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JORGE ABBONDANZA
En Corrientes (Argentina) detuvieron a un anciano de 74 años, acusado de violar a tres de sus hijas durante 17 años, aunque pudo probarse que también violaba a varios de los hijos (¿o nietos?) que había tenido con ellas a lo largo del tiempo. El tremebundo cuadro, ubicado en el medio rural, pudo conocerse gracias a la denuncia efectuada por una de las hijas, actualmente de 29 años, que durante el período en que cohabitó con su padre tuvo de él siete hijos, la mayor de 15 años y el menor de un mes. El libro Guinness debería ensanchar sus páginas para dar cabida a estos episodios.
Pero el caso de Corrientes no fue un hecho aislado, como lo sabe la gente que quiere estar bien informada. Un poco antes se detectó una historia similar en la provincia de Mendoza, pero mayor difusión internacional tuvo en agosto de 2006 el secuestro de Natascha Kampusch, que tuvo lugar en Austria. La muchacha había permanecido encerrada en un sótano durante ocho años, hasta que escapó provocando no sólo una monumental cobertura de prensa sino también el suicidio de su captor. Dos años después, siempre en Austria (la católica y civilizada Austria) la joven Elisabeth Fritzl, de 35 años, pudo denunciar que su padre biológico la había mantenido prisionera en un sótano durante 24 años, etapa a través de la cual concibió con él siete hijos, uno de los cuales murió.
Es curioso que quienes se alarman públicamente ante los riesgos que supone para un niño la adopción por cuenta de parejas de un mismo sexo (los denunciantes están preocupados por el cambio de los "roles") no se pronuncien con similar severidad cuando saltan a la opinión pública estos casos de violación sistemática, donde no sólo aparecen implicados padres e hijos sino también madres, que comparten ese espacio doméstico, conocen seguramente la situación y sin embargo se callan la boca. Si los debates se producen en torno al necesario "rol" que deben desempeñar un padre o una madre a la cabeza de una familia tradicional, sería bueno que quienes opinan sobre el asunto lo hicieran igualmente sobre la extravagancia de tales hogares, donde un buen día el niño descubre que su padre es también su abuelo y que su madre es hija de su padre, con lo cual él es al mismo tiempo hijo y nieto de sus progenitores. Buen desafío para los observadores, ya sean prelados o seglares.
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