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Ruben Loza Aguerrebere
La recomendación me la hizo Mario Vargas Llosa en Valencia. Se trata de uno de los tantos libros que aquí nunca llegan. Me refiero a "El pasado de una ilusión", de Francois Furet, el ilustre historiador francés, que fuera profesor de la Universidad de Chicago. A esta obra Jorge Semprún la considera "descendiente de los magníficos trabajos de Hannah Arent y de Raymond Aron".
Se trata, en esencia, del extraordinario contraste que existió entre una historia objetiva y su visión idealizada: de qué manera esta última fue sobreponiéndose a la primera, llegando incluso a sustituirla. Es decir, se refiere a la historia de la idea comunista en el siglo veinte.
Sostiene Francois Furet que el fin sin gloria del régimen soviético contrasta en forma sorprendente con el esplendor de su curso. Ni siquiera los más duros enemigos del socialismo imaginaban que el régimen soviético fuera a desaparecer, y que la Revolución de Octubre fuera literalmente borrada. "Y sin embargo -afirma Furet-, el universo comunista se des-hizo por sí solo".
¿Qué ha quedado de todo aquello que llenó de ruido y furia al siglo que termina? Quedan los hombres, que se han ido reciclando en otras maneras de pensar, más modernas, y que son partidarios del mercado y de las elecciones libres. Pero allá, de la experiencia anterior, no sobrevive nada. Escribe Furet: "Las lucha de clases, la dictadura del proletariado y el marxismo-leninismo han desaparecido en nombre de lo que supuestamente habían reemplazado: la propiedad burguesa, el Estado democrático liberal, los derechos del hombre, la libertad de empresa".
Furet sostiene que la Revolución de Octubre cerró su trayectoria liquidando todo aquello que había hecho en su nombre. Fue, por así decirlo, una especie de revolución reversible. ¿Por qué terminó todo así? La formulación de la pregunta nace de inmediato. Francois Furet señala este hecho: "En el momento en que se disgrega, el Imperio Soviético ofrece la característica excepcional de haber sido una superpotencia sin haber encarnado una civilización".
Procurando abrirse camino, poner luz en la historia y buscando llegar al corazón del libro, el ensayista francés escribe: "De este modo el comunismo termina en una especie de nada. No allana el camino, como tantos espíritus lo desearon y previeron desde Jruschov, a un comunismo mejor, que borrara los vicios del antiguo conservando sus virtudes". No es lo que pudo haber encarnado Dubcek, no es lo que ya no podría haber encarnado desde el otoño de 1989 Havel, ni tampoco lo que por cierto disiparon definitivamente Gorbachov y Yeltsin.
Y es aquí donde Furet encuentra lo esencial: "La experiencia soviética revela así uno de sus rasgos distintivos: haber sido inseparable de una ilusión". El libro, denso y revelador, busca denunciar "el escándalo de una ilusión cancelada". Se integra, cómodamente, dada la jerarquía intelectual del ensayista francés, en esa cofradía de la historia que fundaron Michelet y Tocqueville.
NOVEDADES EDITORIALES. Se ha publicado "Dalí y yo" (Ediciones B), de Stan Lauryssens, marchante belga, quien vendió a artistas contemporáneos diversos, pero, esencialmente a Dalí. Terminó como vecino suyo. Estas son sus memorias, sorprendentes y divertidas, sobre ese mundo insospechado.
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