|
||||||||
La política uruguaya está pervertida por las caricaturas. Una serie de conceptos que se dan por sagrados, en base a los que se organiza el debate de ideas. Pero como esos conceptos muchas veces parten de una base errada, terminan necesariamente por llevar a conclusiones equivocadas.
En esta campaña se habla mucho del enfrentamiento de dos "modelos". Estos serían, por un lado, el impulsado por el ex presidente Lacalle, que procuraría un sistema que apueste más al impulso individual, al esfuerzo personal, y a la pujanza del sector empresarial privado, para lograr un mayor desarrollo económico. Del otro lado, el senador Mujica buscaría apoyarse en forma prevalente en el poder del Estado, en las formas asociativas de la sociedad, para lograr un desarrollo económico cuyos progresos se distribuyan más equitativamente. Mirado así, fríamente, se trata de un debate no sólo válido en el mundo de hoy, sino hasta sano para una sociedad que sigue buscando el camino que la devuelva a un sitio de privilegio que supo ocupar hace ya demasiado tiempo.
El problema son los eslóganes. Esas nociones que mencionábamos al principio, que deforman la realidad para convertir a ideas y personalidades complejas en productos unidimensionales para fácil consumo popular. Por ejemplo, la que ubica a Lacalle como un neoliberal sangriento que lo único que le importa es que haya riqueza para unos pocos y que se quiere quedar con toda la torta, y a Mujica como el verdadero representante de los pobres y los desposeídos, una especie de superman de cantegril que viene a enfrentar con su visión solidaria al cuco de la motosierra.
Una imagen que el propio Mujica se encarga de fomentar como hace poco, cuando dijo descaradamente que no podía ser que hubiera pobres que no lo votaran a él. Sin embargo, una encuesta de Equipos Mori dio por tierra con muchos de esos eslóganes. Allí se mostró que los estratos donde el Frente Amplio concentra más adhesión, viven lejos de los cantegriles. Son los sectores medios y medios altos los que tienen mayor preferencia por Mujica. A la inversa, los estratos más pobres (y también los más ricos) son quienes ven con mayor desconfianza esas ideas socializantes, y se inclinan por el candidato más "liberal".
O sea que, y a menos que partamos de la base de que la gente es estúpida y no sabe lo que le conviene (algo que en el fondo más de uno cree que es así), resulta que los más pobres no piensan que la propuesta de Mujica sea la que más los beneficie.
Para entender los motivos de este panorama tan distinto al que se suele pintar, es útil una referencia que hizo el pasado domingo en su habitual columna Juan Martín Posadas. Allí citaba un trabajo de Filgueiras que dividía al Uruguay en tres categorías; un país moderno, un país corporativo, y un país marginalizado. Si damos esa división por válida, quien pretenda ganar las elecciones debería lograr representar las expectativas de al menos dos de ellos. De los tres grupos hay uno que tiene posición ideológica firme y tomada en favor de Mujica. Y, según reveló el estudio de Equipos, no son los marginales y desposeídos, como al candidato frentista y sus laderos les gusta señalar. El fuerte del apoyo a Mujica se encuentra en ese Uruguay corporativo, de los sindicatos, de los empleados públicos, que se aferran con uñas y dientes a los viejos privilegios y prebendas que históricamente el Frente Amplio ha defendido e impedido reformar.
El tema es qué pasa en los otros dos sectores del país. Qué los beneficia más, ¿una política que apueste a la modernidad global, al dinamismo económico y al crecimiento individual?, ¿o un sistema que mantenga la hegemonía del Estado y la burocracia, cubierto por políticas prebendarias disfrazadas de justicia social?
Lo que complica la ecuación es que por años, los defensores de ese Uruguay corporativo han convencido a buena parte de la sociedad de que defender su posición es defender los intereses de los más humildes. Planteado así, quien no comparte su visión ideológica, no es un simple rival que tiene preferencia por otro camino dentro del sistema democrático para lograr el mismo fin, o sea una sociedad más justa y rica. Se transforma en una persona despreciable y egoísta, que no tiene consideración por los pobres. Ese es el tipo de debate estéril en el que muchos representantes del partido de gobierno están hundiendo la campaña. Un debate que, como muestran los estudios, está basado sólo en mitos y mentiras.
| « volver |
Un ex policía, que se hizo pasar por el prosecretario de Presidencia, Jorge Vázquez para obtener un cargo, trabajó en la empresa ...
Desde ayer, 62 hoteles de Punta del Este suspendieron el cobro de sus servicios mediante las tarjetas de crédito Mastercard y ...
La producción de Almorzando con Mirtha Legrand, de canal 2 América de Buenos Aires, invitó a los candidatos José Mujica y Luis ...
Moody´s Economy.com prevé políticas "más populistas", mayor intervención del Estado al estilo de los Kirchner en Argentina y ...
La principal obra vial del gobierno paró ayer. El consorcio CVC-Colier, que construía un tramo del Anillo Perimetral, detuvo sus ...