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Si el paciente sufre de dolor prolongado, empeora La experiencia dolorosa tiene un componente subjetivo
Eduardo Casanova
Desde que en 1989 Wilson y Pendleton describiesen la "oligoanalgesia" se revisaron las dosis de analgesia usadas, encontrando que es habitual su ineficacia debido a dosis bajas e insuficientes. Describieron tres causas:
a) que el médico procura no "enmascarar" el dolor como síntoma orientador para el diagnóstico, que retrase el tratamiento etiológico. Un caso típico es el de la apendicitis aguda en el que el pronóstico está marcado por el tratamiento quirúrgico temprano. En este caso, quitar el dolor puede postergar el diagnóstico y la cirugía.
b) que ciertos fármacos analgésicos con frecuencia causan síntomas colaterales, como náuseas, vómitos, caída de la presión arterial y depresión de conciencia.
c) que en situaciones agudas y críticas los equipos de asistencia tienden a priorizar los procedimientos de reanimación y estabilización, dejando en segundo plano el confort del paciente.
De estas tres causas sólo la primera podría ser atendible para una oligoanalgesia. Los efectos secundarios pueden obviarse seleccionando los analgésicos mejor tolerados por el paciente, o bien ajustando las dosis, que pueden potenciarse asociando otros fármacos. La tercera causa tampoco es admisible: tratar el dolor es también prioritario, pues se demostró que su persistencia contribuye al empeoramiento del paciente.
El dolor prolongado desencadena fenómenos hormonales a partir de la activación de estructuras nerviosas-hormonales de hipotálamo-hipófisis. Ello contribuye a modificar el metabolismo y la fisiología de todos los sistemas. Se traduce por ejemplo en una falta de motilidad intestinal, retención urinaria, aumento de agregabilidad de las plaquetas con aumento de la coagulabilidad sanguínea, disminución de la inmunidad y alteraciones psicológicas con angustia- ansiedad.
Parte de la experiencia dolorosa tiene un componente subjetivo que puede ser más importante en unos pacientes que en otros. Se vincula a experiencias previas, a factores cognitivos, conductuales, emocionales, culturales, psicosociales, etc. Pero más allá de eso, siempre existe cierto grado de angustia-ansiedad que es necesario tratar.
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José Mazzini 2957
La morfina tiene efecto tranquilizante asociado al analgésico. En dosis altas puede producir efectos indeseables; el mismo dolor actúa como antídoto: si el dolor es más intenso pueden alcanzarse dosis altas sin efectos colaterales. En ciertos casos son eficaces los bloqueos nerviosos.
No recomendar sedantes.
Un concepto básico es que no debe tratase con tranquilizantes a un paciente con dolor, si no ha sido previamente analgesiado. De lo contrario el efecto de los sedantes será contraproducente porque le causarán excitación y confusión sin calmar la angustia-ansiedad.
Las dosis analgésicas.
Deben de ir aumentando rápidamente hasta conseguir el efecto deseado. Se comienza con analgésicos comunes. Si el dolor es intenso puede usarse la vía intravenosa que es más rápida. En caso necesario se asocian opiáceos como la morfina o derivados sintéticos.
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