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La estrategia contra el terror. EE.UU. intenta frenar en Afganistán los ataques a Occidente La red terrorista va a Yemen, Pakistán, Somalia y Argelia Reestructura cuadros y recluta más comandos
THE ECONOMIST YTHE NEW YORK TIMES
La guerra comenzó hace ocho años, pero Al Qaeda y sus satélites siguen siendo un peligro para Estados Unidos y todo Occidente. El combate está centrado en Afganistán porque la red terrorista se concentra allí, aunque se extiende a otros países.
Mao Tse Tung estableció las reglas de la guerra de guerrillas moderna durante la guerra civil en China. "Cuando el enemigo avanza, hay que retirarse; cuando se frena, hay que asediarlo; cuando se cansa, hay que atacarlo; cuando se retira, hay que perseguirlo", indicó en sus instrucciones. Los insurgentes iraquíes parecen seguir su asesoramiento con absoluta precisión. Durante el incremento de tropas estadounidenses hace dos años, se derritieron y desaparecieron. Después que el número de tropas llegó a su pico, reanudaron los ataques. Apenas un mes después que las fuerzas de Estados Unidos se retiraron de las ciudades de Irak, a fines de junio, y dejaron su lugar a los soldados locales, la sangre corre nuevamente a torrentes por las calles.
Ciento cuarenta civiles resultaron víctimas y varios centenares sufrieron heridas, como consecuencia de dos series de ataques con explosivos, tanto en el norte del país como en la capital, Bagdad. Si bien los golpes quedaron confinados a esas dos zonas, igual demostraron un grado de sofisticación que las autoridades estadounidenses creían que los insurgentes ya no tenían. Los ataques con coches-bomba hicieron recordar a las acciones espectaculares lanzadas durante los tiempos iniciales de la ocupación estadounidense.
No hubo duda de que los autores son grupos como Al Qaeda en Mesopotamia, como se llama el ala iraquí del movimiento jihadista. Si bien estuvieron en retirada desde 2007, cuando creció el número de soldados de Estados Unidos, y varios de sus jefes fueron matados o capturados, así como han perdido apoyo popular, de cualquier manera mostraron que mantienen su sagacidad táctica y capacidad destructora.
Desde que Barack Obama prestó juramento como Presidente, la estrategia de Estados Unidos determinó que sus fuerzas se retiraran a fines de junio de las ciudades iraquíes como primer gran paso hacia el repliegue final que llevará varios meses, mientras el territorio de Afganistán se convirtió en el centro de las operaciones militares estadounidenses, con refuerzo de tropas incluido.
Pese a los años transcurridos, la red terrorista y sus grupos de apoyo, siguen operando, aunque no pudieron lanzar nuevos ataques contra territorio de Estados Unidos. Sí lo han hecho en Europa y en zonas de Asia.
Los servicios de inteligencia de Estados Unidos detectaron a partir de 2004 un proceso de reestructura y de reorganización de la red de Al Qaeda, con el ascenso de algunos militantes de niveles más bajos para llenar el vacío creado en el nivel superior de la estructura de la organización por la muerte o detención de algunos de sus jefes, así como el grupo siguió nutriéndose con la incorporación de nuevos cuadros para revitalizar sus células operativas.
A lo largo de los años, fuerzas de Estados Unidos y de los aliados de la OTAN, con bases de operaciones en Afganistán, lanzaron ataques con misiles contra insurgentes de Al Qaeda y del Talibán, que huyeron de sus bases afganas para reagruparse en Pakistán con renovada fuerza.
Desde hace unos meses, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) envía aviones teledirigidos sin tripulantes sobre las montañas del noroeste de Pakistán, con los que lanzan intensos ataques contra jefes de Al Qaeda y del Talibán. Las autoridades estadounidenses han señalado que vieron las primeras pruebas de que decenas de combatientes de Al Qaeda, y un puñado de líderes del grupo terrorista, se trasladaron a Somalia y Yemen desde su principal santuario en las zonas tribales de Pakistán. Comunicaciones interceptadas y analizadas cuidadosamente por el Pentágono y la Casa Blanca y la CIA, revelan que los grupos terroristas en los tres países tienen contactos más frecuentes e intentan coordinar acciones. Asesores del presidente Obama atribuyen los movimientos a la intensificación de los ataques con los aviones teledirigidos contra comandos de Al Qaeda en Pakistán, después de años de infructuosos esfuerzos destinados a desalojarlos de sus santuarios.
Pero, también hay otras posibles explicaciones, entre las cuales, la principal es que el crecimiento de las campañas de guerra santa tanto en Somalia como en Yemen, puede obdecer a que esos países tienen ahora el mismo atractivo para los militantes que tuvo Irak después de la invasión por fuerzas estadounidenses, en 2003.
Somalia es un Estado fracasado que tiene alguna similitud con Afganistán antes de los ataques del 11-S, mientras el débil gobierno de Yemen intenta, sin resultados, combatir a los militantes, indicaron autoridades estadounidenses.
Ha existido traslado de combatientes, pero no surgieron pruebas de que sus principales líderes -Osama bin Laden y Ayman Al Zawahiri, que por ahora se presume están vivos- estén considerando mudarse de su refugio en las zonas tribales paquistaníes, según coinciden en señalar jerarcas del gobierno, de las Fuerzas Armadas y del contraterrorismo de Estados Unidos.
El director de la CIA, Leon Panetta, dijo en junio, que Estados Unidos debe impedir que Al Qaeda cree un nuevo refugio en Yemen o Somalia. Si continuara la corriente de combatientes desde Pakistán, la caótica situación de Somalia empeoraría, ya que un grupo militante islamista, denominado Shalab, atrajo a cientos de jihadistas extranjeros en su acción para derrocar al moderado gobierno islamista, que tiene debilidad. Asimismo, puede aumentar las filas de una creciente amenaza para Yemen, donde los militantes ya controlan grandes zonas del país, fuera de la capital.
El movimiento crea riesgos y también oportunidades a Estados Unidos. Debido a que Obama enfoca la lucha contra el Talibán y Al Qaeda en Afganistán y Pakistán, un desplazamiento de combatientes y de algunos líderes hacia nuevos lugares, podría complicar el esfuerzo de asestar un golpe duradero a esas organizaciones.
La estrategia trazada por Obama en Afganistán y Pakistán sitúa la derrota de Al Qaeda como el objetivo número uno, en gran medida para asegurar que el grupo no planee nuevos ataques contra Estados Unidos.
Otro ejemplo de la peligrosa extensión del terrorismo fomentado por Al Qaeda surgió en Argelia. Los insurgentes que peleaban contra los militares argelinos estaban casi terminados. Pero, a mediados de 2004, el líder del grupo insurgente, Abdelmalek Droukdal, un egresado de la universidad con título de matemático, envió un mensaje secreto a Irak, alrededor de septiembre de 2004. El receptor fue Abu Musab Al Zarqawi, el líder de Al Qaeda en Mesopotamia. A partir de ese contacto, el grupo que opera en Argelia asumió el nuevo nombre de Al Qaeda en el Maghreb Islamista y se convirtió hasta el presente en uno de los afiliados más potentes a la red de Osama bin Laden, con nuevo vigor por la incorporación de cuadros frescos y el fanatismo de golpear objetivos en Occidente.
Sin duda, la transformación del grupo de una insurgencia nacionalista a una fuerza en la guerra terrorista global, es un ejemplo surgido del manual de Bin Laden: ampliar los alcances de su red, fomentando a militantes de distintos países bajo el sello de Al Qaeda.
DESAFÍO. Las muertes ocurridas desde comienzos de julio por los ataques en el norte de Irak y en Bagdad, parecen una respuesta de los comandos terroristas a la decisión de Obama de retirar las tropas de las ciudades, como primera etapa de la salida de Irak. El plan y su cronograma aprobados por el Presidente señalan que el 31 de agosto de 2010, todas las tropas de combate deben haberse retirado del territorio iraquí, en tanto a mediados de 2011, debe abandonar el país el resto de los efectivos.
Los ciudadanos estadounidenses sienten alivio por la retirada de los soldados de Irak. Sin embargo, al hacerse unas elecciones con profundas fallas en Afganistán, hay ecos, en la misión de Estados Unidos y sus aliados, de los días más lóbregos de la campaña en Irak: objetivos confusos, crecientes bajas y el lacerante temor de una derrota estratégica.
La guerra en Afganistán va mal. Gran parte del Sur del país está fuera del control del gobierno. Una insurgencia diseminada y dispar, ha logrado fortalecerse y amenaza con convertirse en una amplia insurrección contra las fuerzas de Occidente y el gobierno electo que estas respaldan. En Gran Bretaña, un público escéptico se pregunta para qué mueren sus soldados. Mientras los costos y las bajas siguen creciendo, los estadounidenses comienzan a hacer la misma pregunta en voz cada vez más alta.
Los gobiernos de Occidente afirman que el propósito es negar a los terroristas una base y santuario en Afganistán provistos por Al Qaeda. Los otros motivos que dan para mantener los soldados en Afganistán son más difíciles de "vender": primero, una partida precipitada podría dañar el poder global de Occidente y segundo, para impedir que el país se convierta en un teatro de guerra que podría desestabilizar a Pakistán y traer en escena a otras potencias, como India, China y Rusia.
Hay indicios preocupantes de que la insurgencia de los talibanes afecta ahora al 40% de los distritos del país.
Parece de sabiduría asumir que Afganistán se encuentra en un punto crítico. Las noticias no son todas malas. La ciudad de Kabul, reforzada con 4.000 policías que salieron del entrenamiento, da la sensación de tener más seguridad. Unos 21.000 soldados estadounidenses adicionales, incluyendo 17.000 que ya fueron enviados a la provincia de Helmand y a otras zonas, podrían comenzar a mostrar resultados similares. El gabinete del presidente Hamid Karzai también ha mejorado con media docena de tecnócratas para los ministerios del área económica. Sin embargo, parece claro que fracasa el esfuerzo internacional por dar estabilidad a Afganistán y asegurar que se afiance un Estado liberal y democrático. El fracaso total -retirada de OTAN y el resurgimiento de la guerra civil- parece inimaginable. Pero, un fracaso menor de algún tipo, que todavía está indefinido, parece cada vez más inevitable.
57% de los ciudadanos estima que a EE.UU. le va mal en Afganistán, según la encuesta de julio de The New York Times y CBS News.
El grupo Talibán, que es islamista sunita, demostró ser más resistente de lo que se pensó, ya que ocho años después que fueron expulsados del poder por los bombardeos de la aviación de Estados Unidos, siguen operando con nuevas ramificaciones con el terrorismo.
Desde 2004, el movimiento que ahora tiene predominio pashtún, resurgió y montó una eficaz insurgencia contra las fuerzas de OTAN y el gobierno afgano. Mantiene sus conexiones con Al Qaeda. Su influencia se ha extendido a los territorios sin ley del noroeste de Pakistán al extremo que comenzó a suplantar al poder del gobierno en las ciudades y zonas rurales. En el corriente año, unidades del Talibán comenzaron a unirse con militantes locales para penetrar en Punjab, la provincia donde vive la mitad de la población de Pakistán y está la capital. En mayo, las Fuerzas Armadas de Pakistán lanzaron una campaña contra ese movimiento, que es vista como prueba de la decisión de enfrentar a la insurgencia.
A partir del dinero que obtienen del tráfico de opio, los talibanes pudieron continuar sus acciones y ampliaron sus cuadros mediante la incorporación de jóvenes extranjeros procedentes de Pakistán, Uzbekistán, Chechenia, varios países árabes y quizás Turquía.
El Molá Omar, el líder talibán que desapareció junto con Osama bin Laden tras el desembarco estadounidense en Afganistán, en octubre de 2001, formó un consejo, en febrero de este año, que habría logrado superar las disputas internas con las tribus de las zonas fronterizas con Pakistán e hizo una proclama para centrar su acción en combatir a las fuerzas extranjeras lideradas por EE.UU. THE NEW YORK TIMES
El Gral. Stanley McChrystal, comandante de las fuerzas de Estados Unidos en Afganistán, muestra optimismo. Al preguntarle si consideraba que su misión era posible, respondió: "Afganistán es una sociedad tremendamente compleja y totalmente devastada, al estilo Mad Max, que debe ser reparada. No sé si podremos hacerlo. Pero, no podemos ignorar la realidad. Creo que hay ciertas fuerzas, quizás solo la voluntad de la gente, la fatiga de la guerra, y un tremendo deseo que pueden solucionar las cosas".
McChrystal hace una nueva revisión estratégica que pondrá énfasis en el objetivo de proteger a los afganos sin ponerlos en riesgo. El poder de los bombardeos aéreos será aplicado sólo cuando no exista peligro significativos de provocar muertes de civiles. Los allanamientos deben hacerse con más cortesía y los lugares de detención deben ser más humanos. THE ECONOMIST
"Esta no es una guerra por elección, sino una guerra por necesidad. Quienes atacaron a Estados Unidos el 11-S están complotados para hacerlo nuevamente", advirtió hace 10 días el presidente Barack Obama, al definir la lucha en Afganistán. "Si se la deja sin controlar, la insurgencia talibán creará un santuario mucho mayor, desde el cual Al Qaeda puede planear el asesinato de más estadounidenses".
El tráfico de drogas se ha convertido en una importante fuente de financiamiento para el movimiento Talibán. En la Provincia de Helmand, en el Sur de Afganistán, el negocio ilegal de opio, con un valor estimado por Naciones Unidas en US$ 3.400 millones anuales o 33% del PIB del país, se ha convertido en foco de conflicto. Las tropas de Gran Bretaña en el fértil valle del Río Helmand, donde se produce más resina de opio que en cualquier otra parte del mundo, han quedado, sin quererlo, en el medio de guerras por la droga que involucran a los talibanes, las tribus locales y autoridades de gobierno. Se calcula que los talibanes logran US$ 300 millones anuales a través de la extorsión y la aplicación de "impuestos" al tráfico de opio, lo que representa la tercera parte de sus ingresos. El gobierno de Estados Unidos señala que ese monto es suficiente para sostener todas las operaciones militares de los talibanes en el Sur del país durante un año.
Fracasó un esfuerzo financiado por Estados Unidos para eliminar cultivos de amapola, la cosecha que da más ingresos en el Sur.
Las fuerzas de OTAN no pueden atacar objetivos o personas relacionadas sólo con la producción de narcóticos. Pero, pueden atacar a traficantes o instalaciones que dan asistencia al grupo. En varios complejos de los talibanes, descubrieron explosivos y armas junto con la producción de opio.
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| Foto: AFP. |
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