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Sábado 29.08.2009, 20:04 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


Arte uruguayo

Galeristas y rematadores en discordia

CARLOS REYES

Unos dicen que el arte uruguayo va subiendo de precio y otros que viene bajando. Y todos quizá tengan razón, dependiendo de qué firmas estén en juego. Por eso El País salió a ver qué pasa con las cotizaciones de las artes plásticas orientales.

"El mercado de arte, desde hace tres o cuatro años, viene viviendo un bajón importante, sobre todo en la cotización de los artistas vivos. Porque mientras los artistas muertos están cada vez más cotizados, los que hoy están creando han descendido mucho, tanto las ventas como los precios". Así opina el galerista Pablo Marks, quien desde hace medio siglo toma el pulso al mercado local desde un punto privilegiado de la Ciudad Vieja, la calle Sarandí.

Y pasando a los ejemplos, cita algunos casos. Un Vicente Martín, que podía valer hace cinco años tres mil dólares, hoy vale mil, siendo que es un artista que murió hace como 10 años, dejando una escuela. Lo mismo sucede con un García Reino: "es una falta de respeto lo que están pagando en un remate por su obra. A uno le da vergüenza ajena". Y sigue con otros artistas, como Glauco Capozzoli, que de valer dos o tres mil dólares, hoy lo compran por 500. "Es algo que causa sorpresa y tristeza", dice.

Según este especialista en arte uruguayo, en estos momentos no hay picos elevados de artistas, como en otro momento fueron Iturria o Solari. "Hoy no hay artistas que vendan más que otros, porque la venta es pareja hacia abajo. Entonces, si el artista vende lo suficiente para ir administrándose y pagar sus gastos, ya es haber alcanzado el éxito, lamentablemente".

CLIENTES. Entre los compradores que llegan hasta Galería Latina, donde Marks los atiende y asesora, muchos son profesionales de clase media "que les gusta tener su casa arregladita". También está el turista, "porque los precios les resultan ridículos: lo que vale un cuadro de un pintor vivo en Uruguay es lo que vale un marco en Europa o Estados Unidos".

En cuanto al artista muerto, Marks sostiene que no es el que más se vende ni el que lo compra quien quiere embellecer su casa. "Lo compra el inversionista, que no compra en la galería".

El galerista sostiene que este estado de las cosas tiene múltiples causas. Entre ellas menciona el crecimiento de los remates, físicamente y como empresas que venden obras de arte, y compiten de una manera diferente con la galería. "El remate simplemente expone y vende, y el precio no le importa. Eso ha hecho que por un lado suban los precios de los artistas muertos, que los compra el inversionista, que muchas veces viene del exterior. Pero las obras de artistas uruguayos vivos se han desinflado en los precios, que no tienen nada que ver con la realidad. Hay cantidad de remates, que ya son semanales, y no hay un mercado que pueda absorber tal cantidad de obras".

En la misma dirección opina el galerista Enrique Gómez, quien sostiene que las ventas están bastante bajas porque la mayor parte de la venta se hace en subastas, "y por desgracia se venden más baratos algunos cuadros, mientras otros se pagan bien". Dice que la gran mayoría ponen precios muy bajos, y que eso ha distorsionado el mercado, porque da inseguridad. También agrega que los precios de los remates varían mucho: de pronto un cuadro se vende en 1000 dólares y en el remate siguiente sale el triple, o se va a la mitad. "Eso perjudica porque no hay una estabilidad del precio, salvo algunos casos, como el de los artistas más establecidos, los ya mayores o los que ya muertos".

RÉPLICA. Al cruce de esas opiniones sale el rematador Horacio Castells, quien califica de gravísimo error decir que el remate desestabiliza los precios. Para él ocurre lo contrario, cree que el remate estabiliza los precios y es un complemento muy firme para las galerías. Es más, comenta, muchas veces el remate reafirma un precio y otras veces tras un remate los galeristas venden muy bien, o remarcan los precios. Por eso reafirma que el remate lo que hace es estabilizar los precios.

El rematador también comenta que un pintor suele tener obras de diversa calidad y que eso se refleja en los diferentes valores. Y vuelve a subrayar que la obra de un mismo artista no es toda igual.

"El otro día tuve una queja de un pintor que decía que se había vendido un cuadro de él a un precio muy por debajo de lo que vale en las galerías. Lo que pasa es que de pronto ese cuadro era muy flojo dentro del total de su obra. Por ejemplo: un pequeño paisaje de Torres García lo hemos vendido en 18 mil dólares, y un constructivo vale un millón, y eso ocurre con todos los pintores", observa Castells.

El rematador sostiene que a veces son los propios artistas que mandan sus cuadros a remate, y eso significa poner toda la carne en el asador: "El remate es un desafío, porque es muy lindo decir que mis cuadros valen mucho, y que soy un fenómeno, pero si no los compra nadie, a la pucha! Cuando voy a un remate me estoy jugando a un desafío. Es muy lindo decir que el mercado está difícil, que no se vende nada en las galerías, y que hay que bajar los precios. Y otra cosa es el remate, que es un desafío difícil, pero el que sortea ese desafío es el que se afirma en el mundo".

"Y no tenga ninguna duda, cualquiera de los artistas, que el gran respaldo se lo va a dar el remate. Un artista podrá valer mucho, pero el día que en el remate se afirme el valor, tiene la tranquilidad de tener asentado su valor en el mundo. Y eso para los pintores tiene que ser muy importante. Yo he visto alguna queja y algún miedo de los pintores con respecto al remate, es real: a todos nos pone nerviosos. Pero yo crío caballos, y creo que mis caballos son buenísimos, pero cuando hago un remate, si no me los pagan, es que no son tan buenos. No nos podemos hacer trampas al solitario, y decimos `mis cuadros son buenísimos, pero el remate es malo, no me los pagan`", sentencia Castells.

Los nostálgicos de las marinas de balneario

Pablo Marks, que desde Galería Latina promueve a 185 artistas locales, describe al uruguayo promedio que consume arte nacional como bastante conservador. "Generalmente empieza por una tendencia figurativa, buscando una pintura que transmita con más facilidad los momentos vividos por el artista. Son los cuadros que tienen más fácil aceptación".

En su visión recuerda que quien va a comprar una obra de arte recibió cierta educación, pero que no somos un país que sobresalga porque a los niños se los eduque en las artes plásticas. Para él eso se refleja cuando llegan a comprar una obra para su casa: lo más probable es que compre algo que le sea familiar.

"Al no haber sido educado en lo que significan los valores de una pintura no figurativa, es difícil que elijas algo de eso para tu casa. Pero si yo veo una playa, y me recuerda a la playa que voy en verano, voy a comprar el cuadro por recuerdos que están ya enriquecidos en mi memoria, porque yo vi el lugar y eso me lo hace recordar", comenta desde su larguísima experiencia.

"A veces nos pasa acá en la galería con el tema del paisaje y la playa: el uruguayo que viene del exterior prefiere los cuadros de nuestras playas, porque le recuerdan la niñez, la adolescencia, a los momentos de libertad bajo el sol", afirma, reclamando la necesidad de una mayor educación en arte desde la niñez.

Consejos para un inversor de arte que tenga buen gusto

Muchos entendidos en arte uruguayo reconocen que más allá de Torres García y su escuela, que son un mundo aparte, se están afirmando las cotizaciones de muchos pintores de los años 60, muchos de los cuales estaban emparentados al arte no figurativo. Costigliolo, Ventayol, María Freire están entre las firmas más requeridas por los inversores extranjeros.

Pero obviamente no todo es pintura en el mercado del arte criollo. La escultura también viene subiendo su cotización, siempre que se trate de piezas de interés. Sobre ese asunto, Horacio Castells afirma que "hoy vemos que hay algo más de receptividad en escultura moderna, especialmente con respecto a la clásica. Una escultura de Belloni sigue manteniéndose por debajo de los valores que uno pensaría que debería tener, igual que Zorrilla. Sin embargo, la escultura moderna tiene un crecimiento de valor importante, muchísimo más que la tradicional".

Luego está el siempre postergado dibujo, que en el mercado local se paga muy mal. "Está primero el óleo, luego la acuarela y después el dibujo", observa Castells, indicando que este último "es una expresión de valor menor en todo el mundo".

Sobre eso, Pablo Marks da un ejemplo: "Un dibujo de Arzadun vale 700 dólares y un cuadro siete mil. Y esa relación de un 10% se mantiene en las obras de otros artistas". En principio las fuentes consultadas sostienen que tener buen ojo es un requisito fundamental, y que eso no se consigue de la noche a la mañana. Al respecto, Castells cita una frase de Torres: "Aceptar o rechazar el arte abstracto moderno depende del grado de evolución artística que tenga cada uno".

Apostar hacia afuera

En Primera juegan los grandes y eso no es novedad. Y por eso Horacio Castells señala que Uruguay es el único país en el mundo en el que el valor del arte nacional no puede ser absorbido por los uruguayos. Da el ejemplo de lo que ocurre con la obra de Torres García: cuadros de un millón de dólares hay muchos pero ¿cuántos uruguayos pueden comprarlos? Como en todas sus cosas, también en el arte el Uruguay tiene que crecer hacia afuera.

"Señores muy distinguidos que están en sus apartamentos"

"Siento que sobra buena voluntad, pero lamentablemente cuando se saca una ley se saca parejo para todos, como si todos hiciéramos el mismo trabajo, sin tener en cuenta que una galería edita libros, da cursos, conciertos y organiza exposiciones en el exterior, mientras que otras personas lo único que hacen es bajar el martillo", dice Pablo Marks, quien sostiene que las galerías, al ser la cara visible del mercado de arte, muchas veces es la que carga con mayor peso normativo. "Hay señores muy distinguidos que están en sus apartamentos vendiendo cuadros, y nosotros, como estamos con la puerta abierta, cuando hay inspecciones siempre es a nosotros, igual que cuando hay un impuesto. Nos perjudican a nosotros: en cambio las otras personas no tienen ese problema".

El País Digital

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