|
||||||||
MIGUEL CARBAJAL
Qué habrá hecho la diplomacia brasileña en los tiempos que le estafaron las elecciones a Wilson? Según dicen algunos implicados algo raro sucedió. Los rumores vienen hasta de USA. La vida real en primer lugar, y el cine en segundo, han señalado las múltiples tareas que atosigan a un mundo diplomático que la gente común sólo viabiliza a través de sus aspectos más mundanos.
Pero no sólo se reúnen para disfrutar de un champagne o un plato de canapés de caviar. También realizan otros menesteres. Si no pregúntenles a los herederos de Millington Drake -que llegó a ser un pilar cultural del país- lo abultada y difícil que resultaba su agenda política oriental. Pero eso es sólo un aspecto parcial de una actividad compleja y nada inocente.
Si se trabaja bien. Y eso se puede hacer desde diferentes áreas. La cultural es una de ellas. Entre los agregados culturales de otros países que han operado en el Uruguay, se encuentran nombres de prestigio. El brasileño Vinicius de Moraes, una de las cumbres de la bossa nova y un poeta de fino registro fue, todo el mundo lo sabe, un habitué nocturno de Punta del Este, y durante mucho tiempo uno de los adalides de su farándula.
Lo que de pronto la gente pasó por alto es que ese mismo señor supo trabajar en la Embajada brasileña en Montevideo, y hospedado en los pisos superiores del Palacio Brasil -sede actual del Club Brasileño y el Instituto Brasileño de Cultura que comanda Severino Farías- plasmar piezas inolvidables.
Desde esas alturas y ese hermosísimo edificio que Vinicius debe haber encontrado algo solitario, él, el paradigma de lo gregario, elaboró productos tan maravillosos como el de Garota de Ipanema. Confesión suya.
Hubo otro personaje casi a su altura. La agregada cultural de Chile en determinado momento fue la escritora Marta Brunet, un exponente literario valioso y una mujer con vocación cultural. En los inicios de los Sesenta, Brunet dedicaba sus pocos tiempos de ocio, sus vinculaciones, y su poder adquisitivo en reunir una valiosa colección de ediciones despreciadas por muchos, ignoradas por todos y fuera del alcance de cualquiera.
Con el apoyo de las librerías de viejos, y amigos de la Generación del 45 que supieron convivir con ella y apreciar su actitud visionaria, conquistó tesoros. Encima de una mesa de roble cargada de primeras ediciones, ejemplares firmados por sus autores y algunos que le fueron dedicados expresamente, se encontraban los textos inencontrables ya en el país de Felisberto Hernández.
Si hubiera existido entonces Indiana Jones se hubiera podido decir que él había sido el encargado de conseguirlos.
Recién acababa de salir El cocodrilo, por ediciones El Puerto, Punta del Este, 1961. Aún era posible encontrar los últimos títulos y una librería de Uruguay y Curiales ofrecía desde su vidriera la existencia de varios ejemplares de Nadie encendía las lámparas, a precios de incunable. Brunet tenía todos los títulos, hasta el arqueológico Libro sin tapas, publicado por una imprenta de Rocha en el lejano 1929. Era una auténtica rareza, no para ella. Cuando terminó su función diplomática regresó a Chile con su cargamento a cuestas. Algún coleccionista de Santiago los debe estar disfrutando ahora.
| « volver |
Detrás de cada idea lanzada en la campaña, hay trabajo técnico desarrollado muchas veces desde el anonimato. El País consultó a ...
Stefanía Fernández, representante de Venezuela, de 18 años, ganó, a última hora de ayer, el concurso de Miss Universo 2009. Es la ...
"Nacieron de vuelta", indicó a El País Diego Méndez Casariego, director de arte de la película Las Cortinas Rojas, al narrar cómo ...
Este próximo sábado cerca del mediodía el hermoso y turístico escenario marítimo montevideano nos sorprenderá desde la Rambla con ...
El candidato presidencial del Frente Amplio José Mujica afirmó que hay que saber la verdad sobre las violaciones a los derechos ...