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RODOLFO SIENRA ROOSEN
El fin de semana pasado, el escenario político se conmovió con dos leñazos bien asestados por el Partido Nacional al Frente Amplio. El primero lo dio el diputado Gandini en la interpelación a la ministra de la Salud Pública. Como era de esperar, las manos de yeso de la mayoría regimentada del Frente Amplio se levantaron como un resorte para apoyar la moción tradicional de "se declaran satisfactorias las explicaciones de la Sra. ministra". Es natural porque esta gente vota todo lo que sirva de tapujo a la Administración que se va.
Hay quienes creen que las interpelaciones no sirven, porque se sabe de antemano cuál va a ser el resultado político de las mismas. No es tan así, porque hay errores que no se pueden soslayar, y esto fue un papelón.
Se recomienda conseguir el ejemplar de "El País" del 14 de agosto, y mirar con atención, además de la como siempre brillante caricatura de Arotxa que trasciende el arte del dibujo para ingresar decididamente en el del mensaje, en la que la Secretaria de Estado aparece payando.
Y también vale la pena observar las dos fotos juntas de la primera página, la de Gandini mirando de reojo y con aire de incredulidad a la ministra mientras ésta hacía uso de la palabra, y la desfachatez con que la interpelada, parecía hacerle propaganda a una pasta de dientes, exhibiendo una sonrisa tan forzada por un lado como sobradora por el otro, para intentar sacarle su humanidad a la jeringa, reírse de la contundencia de los cargos que se le formulaban, y salir con un exabrupto acusador a Lacalle de haber instigado a interpelar con fines políticos como si la finalidad de las interpelaciones fueran catequistas.
Esta interpelación tuvo impacto político, porque a pesar de la votación apañada, lo que Gandini denunció quedó probado, y la ministra quedó sin respuesta ante la evidencia que el Maciel contrató una empresa que subfacturó horas no laboradas y que no pudiendo devolver el dinero mal habido, estaba pagando en especie con horas de más. Un escándalo, que admitieron y condenaron tupamaros de pro, como Marenales, que dejó mal parado a Fernández Huidobro cuya señora algo tenía que ver con la empresa que se llevó el dinero de más, y a Chirola, el diputado tupamaro así llamado por el diputado Cardozo, cuando cansado de sandeces pidió oír las explicaciones de Chasmann "Muñoz".
Pero aquí no importa nada, para el adherente del Frente, que tan presto para criticar a otros, es un autista político y todo lo que hace su gobierno está bien.
El segundo leñazo se lo dio Jorge Larrañaga al presidenciable Mujica, cuando le observó que vive prometiendo cosas que o no va a poder cumplir porque no será gobierno, o tendrá sus dificultades, porque tendrá que pactarlas, y no se explica porqué no las hace ahora, que se las votaría sin problemas la mayoría parlamentaria escayolada.
Y le agregó además, que ya es hora de dejar de decir "tá? tá?" como un sello de lacre a sus palabras, y de remitirse a lo que "se le antoje o a lo que le convenga". Muy buena coordinación. Que Lacalle no pierda estilo, como le sucede a su contrincante, a quien el que lo va a traer a tierra siempre, es Larrañaga, con autoridad, capacidad y energía.
A Mujica para un debate mano a mano no le da el cuero. Ni con apuntador.
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