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¿Cómo entender y aceptar con serenidad la vida? La esperanza da ánimo en los momentos difíciles.
Ana Maria Abel
Julián Marías definió el matrimonio como "cincuenta años de conversación iniciada en el noviazgo". Porcentualmente no son mayoría quienes llegan a festejar felizmente las bodas de oro. Cuanto más se acerca la fecha, más se pone el acento en llegar, que en el cómo.
En muchos matrimonios que juntos se aproximan a esa efeméride, el descenso vital es notorio y sus limitaciones mentales; sin embargo irradian una amable tranquilidad. En otros, el sello de congojas no superadas, les hace percibir sólo las derrotas y algunos de ellos deciden autoeliminarse juntos.
Tanto los primeros como los segundos han capeado temporales, no siempre la fortuna les ha sonreído, no les es fácil depender ahora de terceros para trasladarse ni aceptar la cercanía del fin. Lo que más suele inquietarles es irse el primero: desean ahorrar a la otra parte, la soledad y el vacío que se siente al cabo de una vida juntos. Prefieren, porque se aman, vivir esa desazón en carne propia.
¿Cuál es la causa de la amable tranquilidad con que algunos aguardan el gran paso sin provocarlo? Tiene nombre de mujer: se llama Esperanza. Al mirar a dos viejitos que sonríen al poco futuro que les resta, acuden al recuerdo los versos de Diego Torres: "saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera".
No cabe duda que la presencia de los hijos es factor de peso en la esperanza. Los padres partirán sin partir: se perpetuarán en otras generaciones. ¿Y cuando no hay hijos? ¿Y cuándo el hijo único les ha sido arrebatado trágicamente? ¿Es posible aún entonces, tener esperanza, mirar el cercano fin sin confusión ni rencores? ¿Cómo entender y aceptar con serenidad la vida con todas sus luces y sombras?
Sólo el color esperanza da ánimo y orienta en los momentos malos. Muchos sobrevivientes de campos de concentración relatan cómo, únicamente dando un sentido al dolor, lograron esperar contra toda esperanza. Incluso cuando el horizonte presentaba solamente un color: el negro más obstinado. Supieron que se puede, pero también quisieron y se esforzaron en poder perdonar: sacaron así afuera el rencor y con él, los miedos.
El dolor es la otra cara del amor. El dolor por la pérdida de un hijo únicamente puede asumirse, cualquiera sean las circunstancias de su desaparición, tiñendo su recuerdo de color esperanza.
flia@iuf.edu.uy
Es muy común que desde el amor y la contención se empuje a superar, e incluso a vencer, muchas dificultades por complicadas que sean. Así lo refleja un conocido refrán que dice: "Se sube antes a una montaña cuando hay un amigo arriba".
"El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo". Esta frase que fue escrita por Harold Kushner, el rabino norteamericano, bien puede consolar a ciertos padres que estén pasando por momentos difíciles.
Francois Mauriac, premio Nobel de Literatura que perdió muchos familiares en la guerra, escribió: "La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda e inmortaliza en el recuerdo. La vida, esa sí que nos los roba muchas veces y además, definitivamente".
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