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Pasada ya la folletinesca discusión acerca del traje de José Mujica y todo lo que ello aparejó, es bueno dedicarle una reflexión a los paralelismos y diferencias que existen entre el candidato del Frente Amplio a la Presidencia y quien ha sido señalado por éste como su modelo a seguir, Lula da Silva.
Desde el entorno del líder frenteamplista se ha hablado hasta el cansancio acerca de la similitud que existe entre ambos políticos. Ahora ¿es esto tan así?
El actual mandatario brasileño sí puede jactarse de haber hecho un camino largo hacia la cima. Nacido en un pueblo pobre del nordeste, hizo el trillo de muchos de sus compatriotas más humildes, llegando a San Pablo para trabajar como lustrabotas, mecánico, auxiliar de oficina y dirigente sindical, tarea peligrosa en un Brasil que buscaba superar una férrea dictadura militar. Sin embargo, y pese a vivir en un país con pobreza y desigualdades casi pornográficas, Lula no apeló a atajos violentos, sino que perseveró en el camino democrático y, tras varias frustraciones, cumplió su objetivo; llegar a Presidente para hacer una diferencia.
El camino de Mujica no parece tener muchos puntos de contacto ni con el de Lula, ni con el del uruguayo humilde promedio. Se sabe que nació en Montevideo, que se vinculó en sus orígenes al partido socialista (un club bastante selecto por entonces), e hizo de la política su vida desde sus comienzos. No se le conoce un oficio laboral definido, pese a sus salidas camperas, nunca se vio una imagen de él a caballo, y el tema de los trabajos agrícolas parece ser un hobby desarrollado en la madurez. A joven edad, y pese a vivir en el país más igualitario del continente, decidió tomar las armas para impulsar un régimen a la cubana.
Pero las diferencias no son sólo en el recorrido, sino también en estilo. Lula aprendió de sus fracasos, y en su camino a la presidencia hizo ajustes mucho más profundos que su forma de vestir. Aceptó, por ejemplo, que su país tenía una forma especial de hacer las cosas, donde el poder de un presidente está muy limitado por entidades como el ejército, la federación de industriales de San Pablo (sus viejos rivales de la FIESP) y la cancillería de Itamaraty. Lejos de chocar con esos centros de poder, buscó aprovechar su influencia y conocimiento para lograr sus objetivos. Así Brasil en su presidencia marcha como una locomotora hacia la selecta lista de potencias globales.
Mujica se ha peleado con todos. Con los escribanos, con los universitarios, con los militares, con la oposición. Sus "compañeros" a cargo del Ministerio de Trabajo han protagonizado enfrentamientos radicales con todas las cámaras empresariales del país, mientras su amigo y ex correligionario socialista Reinaldo Gargano destruyó la política exterior uruguaya. De su relación con el ejército mejor ni hablar.
Lula dejó en claro desde el comienzo de su gobierno que había hecho un proceso de actualización ideológica importante, el cual se marcó en dos actos claves. El primero fue cuando nombró en el Banco Central a Henrique Meirelles, un egresado de Harvard que era nada menos que el presidente del BankBoston, todo un mensaje para el mundo. El segundo, cuando a poco de asumir enfrentó la revuelta del sector más "izquierdista" del PT, que no se adaptaba a su política y, sin demasiados titubeos, hizo que el partido los expulsara de sus filas.
En contraste, Mujica provocó una crisis en su propio gobierno cuando se opuso a que Umberto Della Mea, reconocido economista propuesto por gente del sector astorista, asumiera en el Banco Central, por considerarlo un tecnócrata demasiado "neoliberal".
Además, lejos de mostrar un ajuste ideológico propio de los tiempos que corren, llegó a la candidatura gracias a un opaco acuerdo con los sectores más retrógrados y duros del Partido Comunista, los mismos que casi han echado a la ministra Marina Arismendi por verla demasiado cerca de los "moderados". Si en este gobierno Tabaré Vázquez debió darle a ese partido un ministerio y nada menos que la ejecución del Plan de Emergencia (pese a sus escasos votos), vaya uno a saber a qué se ha comprometido Mujica.
Este breve repaso a las vidas y carreras de Lula da Silva y José Mujica revela que, pese al esfuerzo de publicistas y asesores de marketing, entre ambos dirigentes hay diferencias muy importantes. De estilo, de visión política, de preparación. Diferencias que, lamentablemente, no se solucionan con algo tan intrascendente como ponerse un traje gris.
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