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Ruben Loza Aguerrebere
Los libros que conducen a un diálogo secreto sirven para realizar descubrimientos iluminadores. Estas páginas tienen esa cualidad. Los contemporáneos de Albert Camus, incluso quienes más admiraron su obra, nunca hubieran imaginado que la posteridad iba a serle tan favorable. Ni siquiera la consagración que supuso el Premio Nobel de literatura permitió augurar el rango que hoy ostenta y sitúa al lado de los más grandes. A este Camus, precisamente, ha dedicado su más reciente libro, Jean Daniel, director de "Le Nouvel Observateur", ensayista y escritor, y uno de los intelectuales franceses que mayor influencia ha ejercido en los debates del siglo XX. En esta columna hemos comentado sus libros, en especial sus "Diarios", los que el propio autor nos ha hecho llegar con generosa amistad.
Y bien, a su caudalosa obra, sumamos hoy este ensayo que no es "sobre" Camus sino "con" Camus, a quien Jean Daniel tuvo el privilegio de conocer estrechamente. Ambos de origen argelino, una multitud de vivencias personales los unió, así como la misma devoción por el periodismo. Este libro espléndido se titula "Camus. A contracorriente" (Galaxia Gutenberg). Sus páginas entrelazan las principales ideas del autor de "El extranjero", con un planteamiento ético sobre el periodismo de nuestro tiempo.
En 1953 nació la amistad entre Jean Daniel y Camus, ya celebrado escritor. Y, al decir del autor de este libro, "dio comienzo a una auténtica fiesta de amistad, que duró algo menos de diez años". Fue interrumpida por el dramático desacuerdo entre uno y otro acerca de Argelia.
Siguiendo los pasos de este hombre excepcional, Jean Daniel recuerda que Camus pasó al periodismo en 1938. Camus sabía desde la adolescencia que "era un hombre de la expresión". Quien luego sería emblemático director de "Combat", defendía su profesión con idealismo, dice Jean Daniel, como cuando enumeraba las desviaciones que condenan al periodismo. En tal sentido, esas desviaciones, dice Camus, son las siguientes: "el sometimiento al poder del dinero, la obsesión por agradar a cualquier precio, la mutilación de la verdad con un pretexto comercial o ideológico, el halago a los peores instintos, el "gancho" sensacionalista, la vulgaridad tipográfica; en una palabra, el desprecio a los interlocutores".
Camus fue siempre un espíritu libre; lo aprendió con su maestro, Jean Granier. Por ello, como conocía bien la impostura estaliniana, eludió la seducción marxista experimentada por Sartre. Afirma Jean Daniel que Camus no tenía complejo alguno con respecto al proletariado, puesto que procedía de él. Camus defendió el periodismo como parte de la literatura y el pensamiento. Su permanente lucha contra la impostura, lo emparenta, así, con André Malraux, quien escribió esa frase que a todos nos ha impresionado siempre, y sigue impresionando: "Ser hombre es reducir al máximo la parte de comedia de uno mismo". Como la conocía bien, estaba en estado de alerta contra la mentira de quienes deforman la realidad a la sociedad. Y lo hacía defendiendo al periodismo. Por ello, definía así a un periodista: "Un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad".
Esa vertical personalidad del novelista, dramaturgo y periodista, lo ha situado en un lugar de privilegio.
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