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Guerra y elección: Afganos votan mañana en medio de la amenaza de extremistas. Atentado contra OTAN dejó 8 muertos ayer. Karzai es el favorito, pero temen fraude y poca participación.
KABUL | EL PAÍS DE MADRID
La larga campaña electoral en afganistán ha terminado, pero la de los talibanes, no. pese a las grandes medidas de seguridad, un conductor suicida logró estrellar un vehículo cargado de explosivos contra un convoy militar de la Otan.
Ocho personas perdieron la vida y otras 59 resultaron heridas. Entre los muertos se encuentran dos funcionarios locales de Naciones Unidas y un soldado de la misión de la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF) de la OTAN, Se trata del segundo atentado en la capital en una semana y un recordatorio de que la amenaza talibán contra las urnas es seria. Para reforzar el mensaje, a las siete de la mañana cayeron dos proyectiles, uno de ellos en el jardín del palacio presidencial. No hubo heridos.
En zonas de fuerte presencia insurgente, como la sureña provincia de Kandahar, se han distribuido miles de pasquines en los que se recuerda a la población que los colegios electorales son un objetivo y que deben quedarse en casa. En algunas de las provincias del Este, limítrofes con Pakistán, la recomendación es menos sutil: amenazan con cortar el dedo de los que voten. A falta de mejor tecnología, en este país se tinta el índice para evitar la doble votación.
En las entradas de Kabul se redoblaron los controles militares. En alguno de ellos, los registros parecieron más intensos y profesionales que de costumbre. Incluso emplearon un perro para detectar explosivos. La capital es un hervidero de rumores y de miedos. La cadena de televisión Aljazeera en su versión en inglés informó que el Gobierno teme que los talibanes hayan infiltrado a varios terroristas suicidas en Kabul.
La participación es uno de los caballos de batalla de las elecciones de mañana porque de ella dependerá gran parte de la legitimidad de los resultados. El enviado especial de ONU, Kai Eide, dijo ayer que "las elecciones serán un éxito pese a las dificultades y las irregularidades". Es el mensaje optimista. "No creo que haya segunda vuelta", afirma un diplomático extranjero. "Hace semanas pensaba que se produciría un gran fraude para evitar algo que no interesa a nadie porque sería prolongar durante un mes y medio esta tensión e inseguridad. Ahora creo que Karzai logró suficientes apoyos como ganar por más del 50%".
Alguno de estos apoyos -como el del señor de la guerra uzbeco Abdul Rashid Dostum, a quien muchos consideran un criminal de guerra- ha provocado la protesta discreta del enviado especial de EE.UU., Richard Holbrooke. Todas las encuestas publicadas apuntan a que Karzai ganará las elecciones con más de 20 puntos de ventaja sobre su ex ministro de Exteriores, Abdulá Abdulá, convertido en la gran estrella de la última fase de una campaña.
"Las encuestas puede que sean el modo más efectivo de empezar a presentar unos resultados que se van a parecer mucho a los oficiales", dice un occidental. Nueve candidatos se retiraron en las últimas horas. Ocho han pedido a sus seguidores que voten por el presidente Karzai y uno por Abdulá.
En tanto el gobierno emitió una orden que prohíbe informar sobre atentados y actos de violencia durante la jornada electoral para evitar que se propague el miedo y afecte a la abstención, lo que demuestra poca confianza en las fuerzas de seguridad afganas y en los 101.000 soldados extranjeros dedicados a asegurar la celebración de las segundas elecciones democráticas en la historia de Afganistán.
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
A horas de las elecciones presidenciales y provinciales en Afganistán, en medio de terribles ataques de talibanes contra la población civil, la noticia no ocupa la gran primera plana de los medios de prensa ni la atención especial del público estadounidense.
En casi todo EE.UU., en las calles, oficinas o en los "starbucks café", donde se concentra por más tiempo el americano medio con su "laptop" sobre la mesa, tampoco abundan las conversaciones sobre los sucesos en Kabul o los atentados que provocaron en las dos últimas semanas más de 100 muertes, entre ellos soldados estadounidenses, funcionarios de OTAN y de ONU.
No es desinterés, hay otras prioridades, pero también cierto hartazgo. Domina la atención la crisis económica que, con síntomas de haber detenido la caída, sigue afectando seriamente a todos. Pocos son los que no tienen un desocupado en su familia o no han sufrido una disminución en sus ingresos. Y además el gran contingente de soldados estadounidenses todavía permanece en Irak, allí hay 130 mil efectivos que alternativamente irán retirándose hasta fines del 2011. En Afganistán son actualmente 62 mil más 6 mil que se incorporarán antes de terminar el 2009.
La gran mayoría pensaba, tras el inicio de la retirada en Irak, que Afganistán sería una "guerra corta" y ven que no es así y el "fantasma de Vietnam está ganando al ciudadano".
Hoy al encender el televisor y leer el diario los primeros temas que acaparan la atención son la reforma de la salud, el canje por autos utilitarios y los 4.500 dólares que entrega el gobierno por cada vehículo que se canjea a cambio para "chatarra", las deudas bancarias, el atraso en las tarjetas de crédito y la vivienda con la amenaza de remate.
Luego siguen las noticias de los atentados en Irak y el avance talibán en Afganistán. Las familias están abrumadas por un alud de problemas y no hay indiferencia hacia los conflictos, donde mueren estadounidenses, pero otras urgencias golpean sus puertas y obligan casi a cerrar los ojos ante lo que ocurre en la lejanía, hasta con agotamiento de malas nuevas.
Los sondeos demuestran el estado anímico del ciudadano. En reciente encuesta de la CNN el apoyo sobre el manejo de Barack Obama de la situación exterior ha caído al 41%, cuando superaba largamente el 50%.
El presidente tiene plena conciencia de este sentimiento que ha ganado a la gente. Y por primera vez después de largo tiempo, dejó ayer de lado sus referencias a la salud, la economía o la educación en sus discursos y apuntó directamente a la situación en Afganistán. Salió al cruce de las críticas que hablan de un segundo Vietnam: "no he tenido otra opción, sino la de perseguir y aniquilar a los terroristas de Al Qaeda allá donde se encuentren para evitar los atentados contra los intereses de EE.UU. No podemos olvidar que esta no es una guerra optativa, es una guerra por necesidad, no será rápida, ni tampoco fácil. No los podremos derrotar de un día para otro", afirmó con énfasis el inquilino de la Casa Blanca.
Afganistán, que celebra las segundas elecciones de su historia mañana en un clima de violencia sin precedentes desde 2001, tras una campaña que se llevó a cabo bajo los atentados talibanes y que estuvo marcada por los duros cuestionamientos al mandatario saliente y candidato a la reelección Hamid Karzai, es un Estado islámico situado en la estratégica encrucijada entre Oriente Medio y Asia central y del sur, con una geografía montañosa y rural y una de las economías más pobres del mundo.
Unos 17 millones de afganos podrán ejercer su derecho de voto, en unos comicios en los que también elegirán a los 420 representantes de los concejos de las 34 provincias. Un total de 300.000 hombres -entre afganos e internacionales- estarán movilizados en la jornada electoral, que se desarrollará bajo alta tensión tras la amenaza talibán de atacar las oficinas de voto.
Los islamistas consideran los comicios como "una patraña orquestada por los estadounidenses", que lideran la coalición internacional que los expulsó del poder a finales de 2001. AFP
Durante una visita oficial a Kabul, el senador y ex candidato presidencial John McCain pidió ayer que se doble el número de marines destacados en la provincia de Helmand, al sur de Afganistán. "El nivel de tropas necesita ser incrementado de forma significativa", dijo.
Desde su llegada al Gobierno estadounidense, el presidente Barack Obama decidió enfrentarse a los Talibán y Al Qaeda en Afganistán con una nueva estrategia y ordenó un refuerzo de 21.000 tropas. Ahora hay 62.000 soldados. Frente al fácil refugio de radicales y terroristas en las montañas que lindan con Pakistán y los atentados suicidas en ambas partes de la frontera, el Pentágono se encuentra sumido en una guerra no tradicional.
Pero no es el único frente de Obama, que tiene 132.000 soldados en Irak. Por suerte el mandatario recibió ayer una buena noticia y se mostró satisfecho ante la perspectiva de que prospere su gestión entre Israel y los palestinos y agradeció la mediación de Hosni Mubarak.
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