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REBAR
Recién había cumplido 19 años, cuando la estudiante de arquitectura Carla Bruni colgó los libros y se probó los lujosos zapatos de taco alto que debía estrenar en el debut de su nueva vocación: sería modelo. A fines de los `80 empezó a vestirse con maestros de la línea italiana, y a desvestirse con árbitros del desnudo artístico como Mick Jagger, con quien aprendió a amar dándole y dándole a la guitarra roquera. Al parecer, Mick supo ganarse el derecho de carátula, en un voluminoso álbum de fotos masculinas autografiadas por figuras cambiantes en cada página, en una de las cuales -que ella misma tituló "Un intruso en mi vida"- aparecía el rostro desconcertado de un tal Raphaél Enthoven, quien nunca pudo explicarse a santo de qué se había casado con Carlita, siendo que a ese tablado se trepaba cualquier máscara suelta sin mucho prólogo.
La Bruni desfilaba, cantaba y hasta componía: en la apertura del Siglo XXI advirtió que grabaría su repertorio; y en 2002 concretó la amenaza, en momentos en que exponía su personalísima tesis acerca del amor y otras menudencias: "El amor puede persistir durante un tiempo relativamente prolongado, pero el deseo ardiente sólo dura dos o tres semanas".
Se ignora si Nicolas Sarkozy se enteró de esa doble definición antes de casarse con el bombón turinés: el caso es que -flamante presidente de Francia y más reciente divorciado de su segunda mujer- el 2 de febrero de 2008 convirtió a Carla en primera dama, lista ella para entrar en la cuarentena.
Superadas con creces las dos o tres semanas que, según la desposada, dura el incendio pasional, el hombre desafía hoy a los 54 años, enfrentándolos con sacrificio, footing y sudor.
Aunque en la noche de la víspera la pareja haya protagonizado una verdadera parodia de karate, al amanecer se repite diariamente la misma escena que se inicia con la voz, entre dulzona y mandona, de Carla:
-Vamos, "Nico"... que "le soleil est arrivé". Tenemos que salir a correr.
Nos estará esperando Julie... (Julie Imperiale es el "coach" personal de Carla, que preparó para el "presi" un cruel régimen dietético y feroces sesiones matutinas de gimnasia).
Días pasados, mientras -excepcionalmente- Sarkozy corría en solitario por el Parque de Versalles, sufrío una lipotimia que obligó a internarlo en un hospital para someterlo a un chequeo a fondo. Toda Francia se inquietó por el hecho, y abundaron los comentarios en torno al notorio adelgazamiento del personaje. Dialogaban dos jubilados parisinos:
-Sarkozy está muy flacuchón. Dicen que llegó a perder 7 kilos en 150 días. Para mí, lo está matando el poder.
-Lo peor es que también fueron 150 noches. Me parece que lo está matando el no poder.
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