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Domingo 16.08.2009, 11:34 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

Militares se adentran en la selva tras "Mono Jojoy"

Colombia. Desde marzo buscan cercar a frente 27 de FARC

Selvas Del Meta El Tiempo/GDA

"Me salvé porque no me tocaba... Estaba en el cambuche pero alcancé a oír el zumbido de la bomba y de una me tiré a la zanja. Luego salí corriendo, pero estaba descalzo, sin arma y en medio de la selva. Por eso decidí entregarme".

"Jairo", el veterano guerrillero por el que se sabe que sus compañeros muertos pueden ser más de cien, intentó salirse del cerco que el Ejército le tendió en medio de la zona campamentaria del frente 27 de las FARC el pasado 2 de agosto. Sin embargo, sus pies heridos y el temor a otro bombazo lo hicieron desistir de la huida, pero alcanzó a vagar tres días por entre la manigua.

El equipo periodístico de El Tiempo lo vio llegar al puesto de mando adelantado que tiene la Fuerza Omega en un punto de las selvas del Meta. Estaba exhausto y con un dolor intenso en las extremidades. Dos soldados, los mismos que le gritaron que se rindiera, lo llevaban cargado.

"El domingo todo había estado tranquilo. Hicimos las labores diarias como de costumbre. Algunos lavaron los uniformes a la hora del baño. Me acosté como a las 8:00 porque tenía la guardia a las 2:00 de la madrugada. Pero pasada la medianoche todo fue una pesadilla. En la zona había seis campamentos y éramos como 110 compañeros. Si lograron salir 30, fue mucho", agrega con la voz entrecortada.

Allá, en Caño Correntoso, una tupida y endémica selva que une a los municipios de Vista Hermosa y Puerto Rico (Meta) estaba parte de la logística de Jorge Briceño Suárez, el "Mono Jojoy", jefe militar de las FARC. El frente 27, al que pertenecían los campamentos bombardeados por los Supertucanos de la Fuerza Aérea, estaba a cargo de las provisiones y el armamento del grupo. Eso está a la vista: son kilos y kilos de cereales esparcidos por el lugar.

La escena parece sacada de una película sobre la guerra de Vietnam. Hay desolación. Hasta las ollas, inmensas pailas de aluminio que estaban en la cocina de los guerrilleros quedaron comprimidas por el impacto. Y en medio de los escombros aparecen los rostros cansados de los soldados. Ellos son los protagonistas de la otra parte de la historia: desde la primera semana de marzo iniciaron una penetración en el área que les ha costado más de 900 bajas por leishmaniasis y en la última semana 12 amputados por minas, sin contar 3 perros antiexplosivos muertos.

Es la guerra en toda su dimensión, la que no se siente ni se ve en las ciudades pero se respira todos los días en las entrañas de la selva. Esta ofensiva hace parte de la campaña militar que el Comando General de las Fuerzas Militares lanzó contra el bloque Oriental y su máximo jefe, el "Mono Jojoy".

Desde el 11 de junio se han hecho cinco operaciones, con igual número de ataques aéreos, contra los campamentos de los frentes 27, 43 y 53 de las FARC, que ahora tienen como misión cuidar a "Jojoy" y sacarlo del área, lo que no han logrado, según "Jairo". "El camarada sigue en la zona, pero la cosa está muy berraca. Nunca pensamos que nos llegaran a ese campamento", dice. Y tal vez tiene razón, porque los únicos espacios que se divisan desde el helicóptero del Ejército son pequeños lunares cafés, en medio del tapete verde: son los impactos que dejaron las bombas.

En el campamento quedó la compañera de "Jairo". Ella tenía el turno de guardia a esa hora, las 12:05 de la madrugada del lunes. Por lo que quedó enredado en la maleza se deduce que en el lugar había un número considerable de mujeres: toallas higiénicas, hebillas, colitas de colores para sujetar el cabello, ropa interior.

en la selva. "Llegar aquí no ha sido fácil por el clima y la geografía -relata el soldado Arbeláez. Llevamos casi cinco meses internados en la selva, sin hablar con nuestras familias y antes que cuidarnos de la guerrilla lo hacemos del pito (el insecto que transmite la leishmaniasis)".

Y este pequeño bicho no es el único hostil. El borde de las botas y las correas que sujetan el chaleco antibalas de Arbeláez están deshilachadas. En una noche las hormigas se dieron un banquete con ellas. Él y los otros soldados les han hecho el quite untándolas de veneno, pero parece a que estos insectos, que alcanzan los dos centímetros de longitud, también les gusta. Y en las noches han tenido que ingeniárselas para resguardar los equipos. La mañana en que llegaron al campamento para revisarlo, luego del bombardeo, en cuestión de minutos hordas de comejenes los cubrieron.

En otro extremo, "Karen", la perra antiexplosivos que se convirtió en el ángel guardián de este grupo de militares sigue olfateando entre los escombros. Ella encontró cerca de 80 minas que los guerrilleros tenían en este campamento, listas para instalar.

Como los soldados, tiene su equipo de campaña: el concentrado para 10 días, el champú antipulgas, una ración de agua lluvia que su guía ha recogido en hojas de heliconias y la taza de la comida. Su menaje pesa 8 kilos; el de su amo, sin el fusil y el chaleco, 40.

Arbeláez y otros soldados han acompañado las pocas horas de descanso, de estos 159 días, con pequeños radios MP3 a los que les hicieron un injerto de cables para ponerlos a sonar con pilas doble A. Ya se saben de memoria las 500 canciones que tienen grabadas, pero se turnan para escucharlas y no ser sorprendidos por el enemigo.

Esta ofensiva no tiene tiempo límite. A pesar de los golpes de los últimos 20 días, aún hay estructuras de las FARC que están enteras, según los propios comandantes militares que guían la operación. "`Jojoy` está asfixiado, pero no se le ha acabado el aire", sentencia uno de ellos. No se sabe por cuántos meses más seguirá la persecución.

El País Digital

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