|
||||||||
En el hogar, los niños absorben conductas a imitar. La influencia de lo aprendido es mayor que lo heredado.
Ana Maria Abel
Cuentan de Sócrates que un día en el Ágora, el pueblo ateniense, despotricaba indignado contra los jóvenes. El maestro con voz firme les hizo callar y preguntó: "Atenienses, ¿de dónde vienen los gobernantes corruptos, los médicos comerciantes, los maestros mediocres, los ladrones, los violadores y los mentirosos? Salen de los hogares y de las aulas; así que mejor pregúntense: ¿Qué hemos sembrado en nuestros niños y jóvenes, para que estos den los frutos que están dando?". Dicho esto se retiró.
El próximo día del niño y su prolongación publicitaria a lo largo de agosto, es buen momento para reflexionar en estas frases del filósofo: mantienen plena actualidad. La infancia es época de siembra: los frutos despuntan más tarde de acuerdo, entre otros factores, a la calidad de lo sembrado.
A veces mostramos extrañeza por ciertas actitudes de nuestros niños. Por ejemplo, cuando no les importa perder las zapatillas de deporte -casi lo prefieren porque entonces, a lo mejor, les comprarán otras- o cuando dejan todo tirado al llegar a casa, porque saben que su madre lo recogerá; o si llegan a clase y faltándoles un cuaderno o el compás, dicen: "mi madre no me lo puso en la mochila". ¿Por qué asombrarnos? Quizá hemos olvidado que nuestros hijos nacen con un agudo instinto de imitación, un instinto guía necesario para el aprendizaje que se desarrolla en la primera infancia: al principio de manera mecánica y poco a poco, se convierte en hábito. Esa capacidad de imitar, va acompañada de un período sensitivo que se manifiesta en el impulso de repetir la acción observada. ¿Tenemos esto en cuenta cuando aparenta no captar nada a su alrededor?
Sobre la herencia genética, al estar determinada desde el momento de la concepción, nada podemos hacer para mejorarla naturalmente, sin manipulaciones. Dónde podemos influir, padres y educadores, es en presentar a los niños modelos dignos de imitación. No desesperemos. Siempre puede llevarse a cabo un aprendizaje afuera de su período sensitivo, aunque costará más trabajo que en la infancia. Porque la persona humana es el único ser capaz de negarse a hacer lo que sus instintos le piden, ya que es inteligente y es libre de hacer lo que se propone cuando se trata de un bien atractivo.
Es en la estrecha convivencia del hogar, mientras pensamos que los niños están en su mundo, cuando absorben actitudes, gestos y palabras que luego imitan.
Si los padres nos dirigimos a la cajera del supermercado con cortesía, si pedimos a la empleada del hogar algo "por favor", o yendo en auto damos paso en la esquina a un peatón, no nos será preciso explicar nada. Lo que ven, lo imitan.
Es un consuelo saber que en la educación, la influencia del aprendizaje es tres veces superior a la herencia genética.
flia@iuf.edu.uy
Los hombres y las mujeres tenemos la capacidad para ser fieles a nuestros compromisos. No se puede afirmar sin más: "el amor ha muerto". Habría que analizar si no es más correcto decir: "no hemos sabido cuidarlo, lo hemos matado".
Muchas veces los abuelos caen en la tentación de consentir a los nietos porque piensan "para eso están los abuelos!". Cuando los nietos piden que les compren algo, conviene preguntarles "¿tus padres están de acuerdo?" Puede haber cariños mal entendidos.
| « volver |
El fallecimiento ocurrió esta mañana. La famosa actriz padecía cáncer desde hacía tiempo, según dijeron fuentes del Sindicatos de ...
"Al que haga un movimiento raro lo limpio", dijo uno de los asaltantes mientras apuntaba a cajeras y a unos 20 usuarios del ...
Fueron enviadas 12 personas a prisión, otras cuatro quedan aún requeridas. La desarticulada fue la mayor banda delictiva en los ...
En la página del Palacio del Eliseo, la residencia oficial del presidente francés Nicolás Sarkozy y su mujer, Carla Bruni, se ...
El diputado blanco dijo esta tarde en la interpelación a la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, que denunciará ...