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Juan Oribe Stemmer
Los uruguayos aspiramos a construir un país con mejores niveles de vida y mayor justicia social. Deseamos servicios de salud adecuados, mayor igualdad de oportunidades en el acceso a una enseñanza de buena calidad, y sistemas de seguridad social más justos y comprensivos.
Todos esos progresos cuestan dinero. Para una economía pequeña como la nuestra la única forma de generar la riqueza necesaria para construir ese ambicionado "Estado de bienestar" es vendiendo bienes y servicios a todo el mundo. Cuanto más contrapartes comerciales mejor.
El comercio internacional es la base del progreso económico y del desarrollo humano de los países. No hay otro camino.
Basta mencionar el ejemplo de tres países con una población comparable a la nuestra, pero mucho mejor ubicados que nosotros en la Tabla de Desarrollo Humano elaborada por el PNUD. Primero, Irlanda. Tiene una población de 4,3 millones de habitantes y un producto bruto interno (PBI) por habitante de 48.823 dólares. Segundo, Dinamarca. Éste país tiene una población de 5,4 millones de habitantes y un PBI por habitante de 35.125 dólares. Tercero, Nueva Zelanda. Tiene una población de 4,2 millones y un PBI por habitante que alcanza los 25.260 dólares.
En contraste, nuestro país con su 3,3 millones de población tiene un PBI por habitante de 10.203 dólares.
Una de las diferencias fundamentales entre aquellos países y el nuestro es la importancia del comercio exterior. Esa importancia es indicada por el valor del comercio internacional de bienes y servicios de cada país dividido por su cantidad de habitantes. En el caso de Irlanda esa relación es de 78.923 dólares por habitante, en el caso de Dinamarca es de 50.891 dólares y en el de Nueva Zelanda de 15.981 dólares. En el Uruguay la relación comercio exterior por habitante del Uruguay es de 3.507 dólares. El comercio exterior uruguayo por habitante es menos de una cuarta parte del comercio de Nueva Zelanda y una fracción aún menor del comercio de los países que ocupan los primeros lugares en el ranking del desarrollo humano.
Para impulsar el comercio exterior no alcanza con que las empresas uruguayas sean eficientes y competitivas, también es necesario eliminar las fuentes de fricción que dificultan su integración en los mercados globales (muchas de ellas originadas en el Estado). Incluyendo los costos de las comunicaciones y el transporte marítimo, y los trámites y gabelas burocráticas que pululan.
Uruguay ha hecho mucho en ese sentido (aunque, los datos indican con claridad que todavía falta mucho por hacer). Una de las principales medidas para mejorar el desarrollo humano de nuestro país fue la reforma portuaria del año 1992. La Ley de Puertos -sumada a la legislación sobre zonas francas y el apoyo a la logística- forma un núcleo dinámico para la integración en la región y el mundo.
La Ley de Puertos impulsó el auge del movimiento de contenedores por Montevideo. Éste pasó de 98.382 unidades TEU en el año 1993 (de los cuales 19.086 correspondieron a los tráficos de tránsito o transbordo), a 675.273 en el 2008. De este total, 350.855 TEU fueron en los tráficos de tránsito o transbordo.
La mitad de los contenedores que pasan por el Puerto de Montevideo pertenecen a los tráficos de tránsito o transbordo. Nuestro país tiene un claro y prioritario interés en no perjudicar esa importante exportación de servicios portuarios y logísticos.
El desarrollo económico y social del país depende de su capacidad de vender bienes y servicios, incluyendo servicios portuarios y logísticos.
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