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Domingo 09.08.2009, 19:00 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[HOY IMPORTA]

Dulce espera

No es casual que Lula lo hiciera esperar a Mujica un día entero en Brasilia. Los errores de programación no abundan en el protocolo brasileño. Podrán decir que el retraso de 24 horas en recibir a Mujica fue casual, que había otros visitantes extranjeros y que Lula debía resolver no sé cuantos líos, pero lo cierto es que un ratito para conversar y sacarse una foto lo tiene cualquiera, incluso el presidente de Brasil.

Sin embargo, Mujica tuvo que sentarse a esperar y a meditar un día sobre sus propias relaciones exteriores.

En medio de sus cavilaciones quizás haya comprendido que se excedió en gestos de cariño hacia el matrimonio Kirchner, incluida aquella extraña velada en la residencia de Olivos en plena crisis por Botnia.

Y es probable que algunas de sus expresiones del pasado hayan acudido a su mente. Está, por ejemplo: "Le tenemos que dar mucha pelota a Argentina", porque ese país -según dijo- tiene mucha "repercusión cultural" y "en el removido de ideas" en Uruguay.

Claro, eran tiempos de campaña electoral y los Kirchner vaya si repercutieron en beneficio del Frente Amplio en las elecciones del 2004.

Ahora que se puso el traje de candidato, Mujica sintió que debía compensar su inclinación hacia el gobierno argentino con esta visita a Brasilia. Más vale tarde que nunca. "Tengo un amigo ahí en el equipo brasileño", advirtió el año pasado en alusión a Marco Aurelio, un asesor de Lula y también un ex guerrillero convertido en demócrata. En Brasil, al parecer no tenía otros amigos importantes. Al menos no de la talla de otros como su compadre venezolano Hugo Chávez, quien siempre distinguió a Mujica con su amistad y hasta lo llevó una vez en su avión a conocer la franja del Orinoco.

Cualquiera sabe que las cercanías con los Kirchner y los Chávez no son muy del agrado de Itamaraty ni del propio Lula. Sin embargo, entusiastas de la cordialidad como son los brasileños cuando quieren, finalmente Mujica fue recibido y tratado con simpatía por el presidente del país más importante de Sudamérica. Lula quedó satisfecho. Y Mujica también, tanto que se olvidó de la dulce espera que le propinó su anfitrión.

El País Digital

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