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Rodolfo Sienra Roosen
Lacalle dijo querer juego limpio, mientras un deslenguado de la otra punta contestó que "ni un minuto de tregua". Para Mujica, no hay gobierno que pueda controlar todo lo que sucede alrededor suyo. En éste ha pasado y pasa de todo. El cronometrista es amigo personal del Sr. Bengoa, hombre de su más estrecha confianza, procesado como eje de una gama de irregularidades en los Casinos Municipales inexplicablemente deficitarios, mientras el proceso para comprobar eventuales responsabilidades adicionales que en la Intendencia de la época pudieron comprometer a jerarcas de alto nivel, se eterniza.
Leonardo Nicolini también salió del riñón de Astori. Desde allí falsificó pruebas para acusar a algunos nacionalistas de maniobras con Focoex, y cuando lo echaron, ahora desde el Espacio 609, gestionó un carné de pobre para asistirse en un hospital del Estado, gastos que después de un escándalo, tuvo que pagar.
La Justicia no encontró tipificación delictiva pero dejó a salvo juicios adversos de comportamiento en otros órdenes de conducta. En el caso del Maciel, todos los que hablan lo hacen en jeringonza y nadie entiende otra cosa diferente que con fondos públicos se pagaron sobrefacturaciones -es la palabra adecuada- de trabajos a una empresa en la que algo tenía que ver la señora de un Senador.
Al comienzo de la gestión de gobierno cesaron a una eminencia académica en oncología para poner en su lugar a una persona vinculada a una empresa con gente vinculada al Presidente. Muchos vínculos. El vicepresidente a su vez se equivocó al declarar una participación en una sociedad en lugar de un campo en su patrimonio.
En este gobierno de mayorías absolutas que no tiene contralores, en el que se paga por y para no trabajar, en donde nada es claro, todo es turbio, todo es sorprendente -como el negocio de Pluna que todavía seguimos sin entender- mucho de lo trascendido no se explica. Y todavía un señor que va chupando rueda de un candidato con un prontuario que ni te cuento, se da el lujo de decir que a gente honesta "no le da tregua". No es Lacalle el que tiene que salir a romper tobillos, pero si nos callamos, la gente, azorada, acusa a la oposición de liviana.
César di Candia, en su reciente libro "Resbalones y Caídas" transcribe una carta pública del Dr. Daniel Scheck cuando los tupamaros le invadieron la casa, en la que decía agradecer "a la organización sediciosa más antigua del país por aquella visita". "Mi esposa e hijos fueron víctimas de todo el sucio y cobarde repertorio de intimidaciones de que son capaces". Agradece haberle ahorrado una lección de padre sobre lo que ellos representan. A los varones, "que han visto el rostro de la violencia tan cerca que ya no necesitaré de palabras para que crezcan en el regazo de un profundo sentimiento democrático". A las niñas, les transmite el reconocimiento de su señora "por habernos traído a nuestro domicilio a uno de estos ejemplares de marimacho con metralleta que es hoy día el desagradable prototipo femenino que nos quiere legar parte de esta generación de iluminados en quienes el deseo de cambio es tan radical que parece alcanzarles hasta el sexo".
Cualquier parecido de aquellos con los de hoy, es mera coincidencia. No les entran ni la balas… Y niegan treguas.
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