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Domingo 09.08.2009, 18:57 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

El empujón que Ted Kennedy dio a Barack Obama hacia la presidencia

EE.UU. Libros e investigaciones dan detalles de la carrera a la Casa Blanca

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

El carisma y la brillantez de su palabra impulsaron a Obama a la presidencia, pero calificados trabajos de investigadores y la publicación de libros revelaron detalles, hasta ahora desconocidos, sobre las campañas de demócratas y republicanos.

El clan Kennedy , con el liderazgo del senador Edward "Ted" Kennedy y Caroline Kennedy, hija del asesinado presidente John F. Kennedy, dio el impulso final para la victoria presidencial de Barack Obama sobre Hillary Clinton en los Estados Unidos.

A su vez, en filas republicanas, el dato firme que llegaba a las cúpulas partidarias refería a la amplia ventaja que estaba obteniendo Obama en la carrera presidencial, gracias a un aplastante apoyo de las mujeres. La noticia llevó al candidato presidencial John McCain, a buscar, casi con desesperación, el nombre de una dama para acompañarlo en la fórmula. Y se seleccionó a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, una mujer joven, ex reina de belleza, prácticamente desconocida para la generalidad de los ciudadanos estadounidenses.

Los dos caminos, el apoyo de los Kennedy y la designación de Palin tuvieron sus grandes dificultades. Surgió desconfianza sobre las verdaderas posibilidades de los nombres en juego, se investigó la trayectoria de cada uno hasta los mínimos detalles, hubo algunos altercados muy duros en el medio y hasta el final flotaba la duda en el ambiente de ambas tiendas partidarias.

En octubre de 2006, Ted Kennedy decidió encontrar el candidato que permitiera "inspirar al país" para lograr el triunfo en las primarias demócratas y en los comicios presidenciales. Estaba seguro que aparecería una figura que abriría el camino para que retornara un presidente demócrata a la Casa Blanca. La popularidad del entonces presidente republicano, George W. Bush, caía en picada y los problemas se sumaban, ahora no sólo por la conflictiva situación en el exterior, también en lo interno aparecían en el horizonte los primeros síntomas de lo que sería la grave crisis económica.

Según los relatos, Kennedy quedó impresionado cuando Obama llegó al Senado por Illinois. Mantuvo largas charlas con el flamante congresista sobre los temas de salud, educación, trabajo, pensiones y en especial inmigración. Fue esa una de las razones por las cuales cuando Obama habló con él, en privado, sobre sus planes de lanzar su nombre a la presidencia, Kennedy se mostró alentador.

En esos tiempos, hasta los días que corren, los medios de difusión siguen llamando a los Kennedy y los Clinton, las dos familias de la realeza americana.

Ted a esta altura no tenía apuros en formular un pronunciamiento. Decidió esperar que se desarrollara la lucha de las primarias para observar la reacción de la gente ante los candidatos. En un comienzo eran diez los postulantes, entre ellos dos amigos de Ted de toda la vida: el actual vicepresidente, entonces senador Joe Biden, y Chris Dodd, también senador. Pero sin duda Hillary Clinton, la senadora por Nueva York, era la que lucía con mayor chance de representar al partido. Y en el fondo comenzaba a surgir un joven, relativamente a prueba, Barack Obama.

La relación en esa época de los Kennedy y los Clinton lucía muy sólida.

Fue entonces que en el verano del 2007 la familia Kennedy, Ted y Caroline con sus jóvenes hijos, salieron a navegar por las costas de Massachusetts. Los hijos y también Caroline, pero sin definirse todavía, mostraron un enorme entusiasmo por Barack Obama. Ted Kennedy comentó después que desde "hacía más de una generación que no veía a una juventud con tanto calor e interés en la política como ellos cuando se referían a Obama".

Fueron pasando las primarias, al comienzo muy favorables al senador por Illinois, luego más equilibradas ante la victoria de Hillary en grandes estados. También hubo una llamada de John Edwards, el tercero en discordia, que sinceramente le demandó su apoyo.

Ted Kennedy siguió sin comprometerse. Y recuerda cuando le tomó el juramento como senador a Obama y mencionó su nombre como "Osama Bin Laden". Hubo una inmediata rectificación y una posterior llamada telefónica reiterando disculpas, aunque al iniciar la conversación Kennedy volvió a llamarlo "Osama…". Hoy, al hablar del episodio, lo toma en broma y sonríe, pero no en aquellos momentos.

A partir de entonces, los contactos de Obama, en menor grado, de Bill y Hillary Clinton con Kennedy recrudecieron. Todos coincidían en demandar un pronunciamiento público a su favor. Ted se mantenía con respuestas elusivas, pero los discursos de Obama ganaban terreno en su voluntad.

Pero los Clinton, como los Kennedy, son una familia de innegable peso. Primero, Hillary insistió en que le diera apoyo. Un día después fue Bill Clinton, quien ante la falta de respuesta a favor, puso sobre la mesa la asistencia que había dado a los Kennedy cuando era presidente. Había nombrado a su hermana, Jean Kennedy Smith, como embajadora en Irlanda, con la presión contraria del partido, dio la dirección de los juegos Olímpicos de Invierno a la organización de la hermana, Eunice Kennedy Schriver. Y en la conversación Bill trajo también a colación cuando Ted enfrentaba una dura campaña contra la reelección de Mitt Romney y le dio una "gran mano" que le permitió una victoria. Y también se habló del accidente en el que murieron John John, su esposa y su cuñada, que por orden directa suya, desde la Casa Blanca, mantuvo fuera de los plazos máximos la búsqueda de los restos.

El diálogo fue tenso y Bill Clinton insistió en que él y Hillary valoraban mucho el apoyo de Kennedy. La respuesta nuevamente fue evasiva y prometiendo mantenerse en contacto.

Hubo nuevas charlas del matrimonio Clinton con Ted, unas insistiendo en el respaldo, otras por iniciativa de éste último pidiendo se "flexibilizaran los ataques de la campaña primaria y no se aludiera al tema racial". "Si no se logra esto se puede perder la carrera presidencial y dividir a los demócratas", insistió Kennedy.

A esa altura, con el calor de las llamadas, Ted, prácticamente había decidido mantenerse neutral. Pero dos días después, un domingo, Caroline Kennedy, firmaba un editorial en "The Washington Post" dando todo su apoyo a Barack Obama, precipitando o más bien obligando a su tío a seguir esa ruta. Ted llamó a toda la familia y anunció la decisión, no sin convocar a todos antes a un foro de Obama en la Universidad de Washington. Allí se encontraron el senador de Illinois y Ted, se dieron un fuerte abrazo público y bloquearon las posibilidades de Hillary Clinton. Obama en su discurso, emocionado, dijo que era "el mejor día de su vida".

Pero las heridas se curan. El día de juramento de Hillary Clinton como Secretaria de Estado ante el Senado se dieron un efusivo saludo con Ted. En cambio, hasta ahora, nada se sabe si han vuelto a dialogar él y Bill Clinton.

republicanos. En filas de los republicanos el camino hacia la fórmula se tramitó en forma bien diferente. Un libro de reciente aparición da detalles de esas 48 horas que volcaron la balanza por la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, que hacía sólo 20 meses que había sido electa para el cargo. John McCain recibió de las empresas contratadas por los republicanos el pronóstico de que sólo un "fenómeno muy especial podía dar vuelta el resultado que parecía decidido a favor de Barack Obama, acentuado por el vuelco radical de las mujeres estadounidenses".

Se hizo una lista con más de 15 candidatos, en ella todavía no aparecía Palin. Finalmente, la balanza se inclinó por la gobernadora, aun con la frase que el sector contrario publicitaba para ridiculizarla, ¿Sarah quién?, ¿Sarah quién?, se decidió ir a buscarla en un avión especial. El trayecto para encontrarse en Arizona con McCain era de largas horas. Esperaban allí darle todas las instrucciones y entregarle las bases del programa de gobierno y los discursos del candidato presidencial, para que los aprendiera de memoria.

Se le indagó sobre la intervención que había tenido con motivo del divorcio de su hermana, se la acusaba de haber enviado a la cárcel al ex cuñado y perseguirlo con inspectores de impuestos. Todo quedó en nada. Se le preguntó durante el vuelo si alguna vez se había declarado en quiebra, si había dejado de pagar impuestos, si había sido tratada por abuso de drogas o alcohol, si había descargado pornografía por Internet, si alguna vez había pagado por tener sexo y si había sido infiel.

Las respuestas fueron todas negativas. Estaba entonces Sarah Palin en condiciones de sentarse con John McCain; era una etapa contra reloj.

Sólo 12 horas después subía a una tribuna, aclamada, por cierto, más de lo que se esperaba. Pero era una fórmula perdida antes de empezar. Iniciar esa carrera con el "lastre" de los dos gobiernos de Bush, un candidato querido, pero sin imagen como McCain y enfrentar a un carismático Barack Obama, era un imposible. Hoy, Sarah Palin renunció a la gobernación por Alaska, unos dicen que para dedicarse a la familia, otros para aspirar esta vez a la candidatura presidencial republicana.

El País Digital

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